Kuna Yala, San Blas

Viviendo con los Kuna en San Blas

Un fogonazo de luz en el cielo ilumina la cabaña. A los tres segundos, un trueno rompe la calma absoluta. Comienza a tintinear la lluvia en las hojas de las palmeras. Permanezco tumbada en la hamaca, que se balancea suavemente, observando el espectáculo. ¿Me mojaré? Tengo los pies descalzos salpicados de granos de arena, ya que el suelo de mi habitáculo no es otro que la propia playa. Llevo tres días en la isla de Nalunega con los Kuna, en San Blas, sin agua corriente ni luz eléctrica, duchándome a cubazos. Viviendo una de las mejores experiencias de mi vida. Soy feliz.

San Blas, viviendo con los Kuna

San Blas, viviendo con los Kuna

Kuna Yala, la tierra de los «Hombres de Oro».

Sangre amerindia y guerrera fluye bajo la piel dorada de los Kuna o Guna, indígenas asentados a orillas del Caribe con su propia lengua, cultura y tradiciones. Pueblo que fue dividido por razones territoriales sin contar con ellos entre Colombia y Panamá, tras la independencia de esta última en 1903. Los abusos de las autoridades panameñas con esta comunidad provocó la revolución Guna en 1925, dirigida por Nele Kantule. El conflicto armado se saldó con varios muertos, decenas de prisioneros y finalmente un Tratado de Paz, donde se estableció que el gobierno de Panamá respetaría y protegería las costumbres de los Kunas. Se delimitó su territorio y se estableció su autonomía, convirtiéndose en el primer pueblo indígena que adquiría derechos sobre sus tierras.

Niños kuna en Nalunega

Niños Kuna en Nalunega

«Nuadi» significa «gracias» en Dulegaya, la lengua de los Kunas, una de las pocas palabras que aprendí en mi estancia. Las mujeres visten con ropas bordadas y coloridas, decorando brazos y piernas con pulseras de chaquira. Sus cantos y danzas están íntimamente ligados a la naturaleza, quien les ha dado todas las riquezas que poseen: el mar cristalino que les surte de peces, el trino de los pájaros, el agua de los ríos y el viento entre los árboles. Se llaman así mismos «Olo Tulé»: los «hombres del oro» y veneran a las fuerzas espirituales y terrenales desde que un gran pulpo creó el mundo.

San Blas, viviendo con los Kuna

San Blas, viviendo con los Kuna

Por su idiosincrasia, su apasionante historia, no puede faltar en mi ruta por Panamá conocer la comarca Kuna Yala. En concreto el archipiélago de San Blas: 365 islas en el Caribe de las cuales 80 están habitadas por este pueblo dueño del paraíso: playas de arena blanca y palmeras, arrecifes de coral y aguas turquesas, donde pescan manjares como pulpo o langosta y, desde hace algunos años, acogen a turistas en sus humildes chozas de palma a cambio de un puñado de dólares.

Pescadores de langosta, San Blas

Pescadores de langosta, San Blas

De Portobelo a San Blas en velero, una travesía tempestuosa.

¿Y cómo llegar hasta Kuna Yala? La gran pregunta que nos venía asaltando todo el viaje. Porque no hay transporte público desde ciudad de Panamá. Las islas de San Blas permanecen aisladas, desconectadas de la gran urbe. Varias agencias en la capital ofrecen tour privados en los que incluyen el traslado en todoterreno hasta Puerto Cartí, ya que no hay carreteras; apenas un camino que se desvía de la Panamericana hacia la costa entre montañas y selva. Una vez en el puerto, en barca hasta una determinada isla: Perro Chico, Iguana, isla Robinson… Para pasar 2 ó 3 días a razón de 60$ por noche.

San Blas, Panamá

San Blas, Panamá. Fuente: Google maps

Como un paquete cerrado no nos convencía intentamos una ruta alternativa. Había leído que era posible encontrar un bote desde la provincia de Colón hasta El Porvenir, la capital de San Blas. Así, nos presentamos en el antiguo baluarte español codiciado por piratas, Portobelo. Parece que la suerte sonríe a los aventureros: conocemos al capitán Alejandro quién en un par de días pondría rumbo a Colombia con su velero y nos podía dejar en San Blas. Marcos, el gerente del hostel Capitan Jack´s, nos pone en contacto con Néstor de la Nulega: «quédense en su casa, estarán en familia. Las otras islas solo quieren sacar dinero al guiri y aquí les cobrarán un tercio por comer y dormir».

Néstor y su familia, Nalunega

Néstor y su familia, Nalunega

Se despide el sol en la bahía de Portobelo y brindamos con una cerveza. Zarpamos al atardecer acompañados de Sebastián, un joven argentino que se suma a la aventura, aunque él continuará hasta Cartagena de Indias. Al velero no le falta detalle: tres camarotes, un salón, dos baños… Una auténtica casa flotante que se desliza sobre las aguas tranquilas del Caribe. Por desgracia, esta no fue la mejor travesía de mi vida: a medianoche nos alcanzó una tormenta y el bravo balanceo me produjo un mareo continuo. No pasé miedo, pero sí toda la noche de la cama al baño, descompuesta.

Bahía de Portobelo, Panamá

Bahía de Portobelo, Panamá

Al alba, por fin, la tormenta amaina. El sol irrumpe en un cielo recién lavado, azulísimo, y ya se divisa San Blas: diminutas islas donde solo habitan los pelícanos rompen la simetría de la línea del horizonte. ¡Estoy impaciente por desembarcar!

En velero por San Blas

En velero por San Blas

Navegando por San Blas

Islas de San Blas

El capitán suelta ancla junto a El Porvenir, enfrente de Nalunega. No es un islote hermoso como esos que hemos sorteado, ya que está repleto de casas: allí viven los Kunas…

Cuatro días en San Blas: una isla llamada Nalunega.

Néstor aparece en un cayuco con dos pescadores de langostas. Nos las venden por 10$ la pieza y nuestro anfitrión se ofrece a cocinarlas en su casa. ¡Esto sí que es un buen recibimiento!

Langostas, San Blas, Kuna Yala

Sebastián y dos langostas

Néstor y su mujer viven a pie de playa con sus siete hijos, los abuelos y un perro lanudo, cubierto de arena. Nos instalan en una «habitación» separada con una cortina. La cabaña es una construcción de caña sin más lujos que hamacas, una mesa de madera y varias sillas. ¿Seré capaz de dormir en una hamaca? Sea lo que sea, ya que hemos llegado hasta aquí merece la pena probar la experiencia. Acordamos el precio de 20$ por «pensión completa».

Cabaña, San Blas

Nuestra «habitación» en Nalunega

¿Y el baño? «Sigue las tablas de madera hasta la caseta. Aquí es todo natural, cae al mar y se lo lleva la corriente»…

Baño de Nalunega, San Blas

Baño de Nalunega, San Blas

Y así pasamos cuatro días, tres noches: con risas de niños por las mañanas. Cantos de la abuela al atardecer, mientras teje la chaquita. «Las mujeres se cubren de pulseras cuando cumplen 16 años. Ya nunca se las quitan». A veces desde la choza vecina se cuela otra voz, grave y extraña: «es el chamán», me dice la pequeña Melody. Caroline y Amebé son los más cariñosos. Hablan español porque lo aprenden en la escuela y me traducen simultáneamente las palabras en Dulegaya de su abuela. Tararean canciones Kunas pero también «Oliver y Benji, los magos del balón».

Amebé, niños Kuna, San Blas

Amebé, niños Kuna en San Blas

En la barca de Néstor navegamos a El Porvenir y exploramos esta isla fantasma. Al ser temporada baja, el «invierno» tropical, la encontramos desierta: unas cabañas vacías y una pista de aterrizaje donde no llegamos a escuchar ningún avión. Y es que se dice siempre que «está por venir».

Pista de avión, El Porvenir, San Blas

Pista de aterrizaje, El Porvenir

El Porvenir, San Blas, Kuna Yala

El Porvenir, San Blas

Nos bañamos en las cálidas y transparentes aguas del Caribe. Hacemos snorkel en el coral de Nalugena, un auténtico bosque acuático. Jugamos con los niños. Nos recreamos con «timelapses» del atardecer mientras el sol se va allá, en el continente. Comemos lo que se pesca en el día: pargo rojo con arroz, pulpo con patacones… Auténticas delicias cocinadas por las manos expertas de la abuela. El tiempo se dilata y se diluye. Nunca sé qué hora es, me levanto y acuesto con la luz del sol.

Snorkel entre el coral, Nalunega, San Blas

Snorkel en el coral de Nalunega

Playa El Porvenir, San Blas

Playa El Porvenir, San Blas

Al tercer día le pregunto a Néstor cómo se gana la vida y se encoge de hombros. A pesar de tener siete hijos no parece muy preocupado: «unos días voy a pescar. Otros, a traer troncos del continente.» Conozco a Lucho, su primo, quien ha viajado por medio mundo y está casado con una panameña. Cansados de la ciudad, se han instalado en Nalunega y construyen una casa comunal para que los Kuna exhiban sus artesanías.

Casa para los artistas locales, Nalunega, San Blas

Casa para los artistas locales

«Eso de allá, ciudad de Panamá, eso es todo blanqueo de capital, cristal y mentiras. Esto, Kuna Yala, es de verdad. Aquí estamos la gente que lucha por sus derechos».

Ciudad de Panamá

Ciudad de Panamá

En Nalugena descubro que se puede ser feliz con muy poco, durmiendo en una hamaca, andando descalza o en traje de baño todo el día. No tengo Internet, no uso el móvil. No lo necesito.

Atardecer en Nalunega

Atardecer en Nalunega

«No tenemos plata pero somos inmensamente ricos. Tenemos el sol y el mar, somos libres». No puedo estar más de acuerdo, Lucho. Nuadi por acogerme en Nalunega. Desde entonces me siento un poquito Kuna, y no solo por la pulsera de chaquira que la abuela me anudó en la muñeca.

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Guía para viajar a Panamá, isla Coiba

Panamá, isla Coiba

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cosmopolillaMaria SierraRebecaRocíoCarmen Autores recientes
Rocío
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Rocío

Este post ha sido increíble, me ha encantado. El paisaje es precioso y la historia todavía más. Un abrazo!

Rebeca
Invitado/a
Rebeca

Hola patri! Cuanto te cobraron el translado hasta san blas? Voy a panama en diciembre con mi esposo y soñamos con conocer y pasar tiempo con los kuna! Podrias guiarme para condeguir translado? Todo lo que encontre ronda los 120 dolares por persona solo el translado.

Maria Sierra
Invitado/a
Maria Sierra

Hola Cosmopolilla, Muchas gracias por compartir tu experiencia, voy en un par de semanas a Panamá y seguiré tus pasos. Todo muy bien explicado y con fotos muy chulas! No tenía pensado ir a San Blas, pero después de leerte, no puedo perdermelo! Me gustaría hacer kayaks por las islas,… Leer más »

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