Lecrín, el valle de la Alegría está en Granada

Ruta por el valle de Lecrín Granada

"Sur, espejismo, reflejo.
Da lo mismo decir estrella que naranja, cauce que cielo.
El sur es eso: una flecha de oro, sin blanco, sobre el cielo".
Federico García Lorca

Un pueblo cualquiera de Andalucía. Blanco, pequeñito, con verjas negras y geranios. Escondido entre las montañas. El revoloteo de las golondrinas es la fiesta de la tarde en torno a su iglesia de ladrillo. Volvieron con la primavera, tras pasar el invierno en África. Entonces el azahar impregnaba el aire, ahora recalentado por el sol del estío que seca la hierba y los campos cuajados de amapolas como una pintura de Monet. Pronto amarillearán los membrillos. Pero cuando llegue el otoño ellas, las turistas voladoras, ya habrán vuelto a cruzar el mar rumbo al sur y abandonado sus nidos en Nigüelas, Mondújar, Dúrcal o El Padul. Escogieron un tranquilo rincón para pasar el verano, a medio camino entre Granada y el Mediterráneo. Un vergel de agua y naturaleza al amparo de las cumbres de Sulayr, al que los árabes llamaron valle de Lecrín. Su significado: “valle de la alegría”.

Iglesia de Mondújar, valle de Lecrín

Iglesia de Mondújar, valle de Lecrín

Ruta por los pueblos del valle de Lecrín.

Naranjos y limoneros. Cerezos, granados y olivos centenarios. Según la leyenda, los plantaron los árabes antes de marcharse para siempre. Pueblos dormidos de callejuelas gatunas. La vida rural y tranquila se representa cada día en un paisaje de arroyos, bancales y secanos apenas descubierto por los turistas. El valle de Lecrín sigue siendo uno de los secretos mejores guardados de Granada. Permanece inadvertido a aquellos que pasan de largo buscando las aguas azules de las playas de Almuñécar. La golondrina los ve alejarse, cansada. Esquiva las aspas de los modernos molinos que agitan el aire furiosas. Ya mismo llegará a casa. Le queda una última travesía sobre esos rincones perdidos del valle que sólo ella conoce.

Alberca, el Cerrillo

Alberca, el Cerrillo

El cortijo de Pedro Calvo.

El aire susurra historias antiguas entre las agujas de los pinos. La golondrina se detiene a beber agua en la fuente fresca de Pedro Calvo. Por el suelo se esparcen piñas ya agotadas; las ardillas dieron buena cuenta de sus piñones. Las laderas de la cara sur de Sierra Nevada marcan el límite entre Lanjarón, el pueblo del agua y puerta de entrada a la Alpujarra granadina, y el valle de Lecrín. Por la pista forestal de este paisaje de paz y naturaleza caminan hacia las cascadas de Tello un grupo de montañeros.

Pedro Calvo

Pedro Calvo

El pueblo fantasma de Tablate.

La golondrina retoma su senda. Observa con pena las ruinas de ese pueblo solitario sobre el tajo de la ermita de la virgen de las Angustias. La torre de la iglesia languidece en lo que fue una pequeña villa que llegó a albergar dos mil almas, tres molinos de aceite, dos de grano y un mesón. Escenario de la sublevación de los moriscos en los tiempos de Felipe II, su último habitante fue enterrado hace décadas en el cementerio. Hoy Tablate sólo es reino de la desolación, una sombra que se diluye lentamente con el castigo de la lluvia y el tiempo.

Pueblo fantasma de Tablate

Pueblo fantasma de Tablate

El puente de un legado nazarí.

Aún la reja de la ermita luce lirios blancos frescos para la patrona de Granada. La carretera sinuosa que tiempo ha era una tortura, fue sustituida por un trazado mejor. El puente sobre el arroyo Tablate, también. La vista se pierde en el vasto barranco cubierto de maleza, donde el agua que fluye sólo se intuye por su runrún. Sobre el abismo de la discordia, paso al último bastión de los moriscos, hay un puente aún más antiguo, de la época de los nazaríes.

Puente nazarí, barranco de Tablate

Puente nazarí, barranco de Tablate

El pantano de Béznar.

La golondrina sigue su ruta por el valle de Lecrín, asombrada por la cantidad de agua que ahora refleja al cielo. Un embalse artificial cubre lo que antaño fue un pueblo. En sus márgenes reposa tranquilo Béznar. Al otro lado un conjunto de casas blancas bajo una montaña que corona la ermita del Cristo del Zapato. Pinos del Valle es el mejor mirador de este paisaje de montañas azules manchadas de nieve.

Pantano de Béznar

Pantano de Béznar

El refugio de Ian. 

La carretera continúa bordeando el pantano hasta tres pueblos de auténtico sabor andalusí, con callejuelas y patios entre bancales de naranjos y olivos: Melegís, Restábal y Saleres. La parte baja del valle es para explorarla despacito. Asomarse a las huertas. Buscar aquello que enamoró al que fuera uno de sus habitantes ilustres: el dublinés Ian Gibson, historiador de Federico García Lorca.

Calles de El Valle de Lecrín

Calles del Valle de Lecrín

El castillo de Soraya en Mondújar. 

La golondrina vira, el pantano de Béznar y el pintoresco pueblo de Chite quedan atrás. Saluda a la reina mora y cristiana, por la que Muley Hacén perdió la Alhambra y el favor de su hijo Boabdil. Las ruinas del castillo de Soraya, flamante regalo de bodas, siguen desafiando a la guerra del olvido entre aulagas y almendros. A 900 metros de altura, sólo las nubes rozan la cruz que sentencia que sí, esto hace mucho que ya es tierra cristiana. Abajo, la voz del almuédano también se extinguió en la mezquita, reconvertida en la iglesia de Mondújar. Pero los restos de las sultanas, Aixa y Moraima, según cuenta una leyenda aún siguen allí. Quizá en las noches de niebla vaguen por el barranco de las Ánimas, lamentando el paraíso perdido y la caída del reino nazarí.

El castillo de Mondújar

El castillo de Mondújar

Soraya, Talará, Lecrín

Soraya, Talará, Lecrín

Aires frescos de Nigüelas.

Esta vez el arroyo Torrente porta agua, gracias al deshielo. Ya lo dicen los más sabios: “año de nieves, año de bienes”. La golondrina sabe que el final se acerca, por lo que se recrea admirando Nigüelas, el más alto de los pueblos del valle de Lecrín con su colosal falla. Calles silenciosas contrastan con animados bares de terrazas que dan al abismo. Nigüelas mira a su sierra, la cual se alcanza siguiendo el curso de la acequia, por el sendero de la Pavilla.

El sendero de la Pavilla

El sendero de la Pavilla

Casa Cueva en Nigüelas

Casa Cueva en Nigüelas

Dúrcal y el viejo puente de Lata.

Suenan las campanas de la iglesia de Dúrcal. Por su bella garganta crece un vergel de vida, un bosque de helechos, yedras, musgo y álamos con pequeños saltos de agua por el que perderse en busca de duendes. El sendero se estrecha en dirección a la granja escuela donde los niños se divierten en verano. Hasta que se acaba el bosque y, conforme el camino se aleja del agua, la tierra se torna árida. Un bizarro cañón llamado el Barranco de la Luna se oculta en lo más profundo del valle.

Río Dúrcal

Río Dúrcal

Senderos de Dúrcal

Senderos de Dúrcal

El gran desnivel de Dúrcal lo salva un emblema metálico del paisaje granadino: el llamado Puente de Lata, construido en Bélgica a principios del S.XX por un discípulo de Eiffel. Durante décadas su estructura de hierro soportó el paso del tranvía eléctrico transportando pasajeros con destino Granada. Aunque la vía ferroviaria, como se proyectó en un principio, nunca llegó a ver el mar.

Puente de Lata, Dúrcal

Puente de Lata, Dúrcal

Vistas desde el puente de Lata, Dúrcal

Vistas desde el puente de Lata, Dúrcal

La laguna del Padul.

Fin del camino. El Padul es el límite del valle de Lecrín con su extenso humedal hoy recuperado. Los juncos se entrelazan en los bordes por senderos de álamos y sauces, conocido como la Senda del Mamut. Y es que los restos fósiles de estos animales prehistóricos fueron hallados en su lecho. Hoy, en sus orillas viven cientos de aves y anfibios como grullas, petirrojos, tórtolas, cernícalos, mirlos, abejarucos o abubillas. Sí, la golondrina viajera por fin llego a su hogar… Al menos hasta septiembre. Cuando las cumbres vuelvan a teñirse de nieve y maduren las castañas, entonces la golondrina volverá a emigrar.

Laguna del Padul

Laguna del Padul

Sendero, laguna del Padul

Sendero, laguna del Padul

Ruta por los pueblos del valle de Lecrín. Datos prácticos.

El valle de Lecrín se ubica en torno a la A-44, la autovía de la costa de Granada. Su capital, Dúrcal, está a tan sólo 20 minutos de la ciudad nazarí.

Alojamiento en el valle de Lecrín:
  • El hotel rural Molino de Dúrcal, ubicado junto al río en un edificio rehabilitado del S.XVIII, es una excelente opción para los viajeros con coche que busquen el relax y la conexión con la naturaleza.
  • Junto a la falla de Nigüelas, ideal para explorar los pueblos del valle y hacer rutas de senderismo por las cumbres de Sierra Nevada y sus lagunas glaciares: el Secreto del Olivo.
El Molino de Dúrcal

El Molino de Dúrcal

Sigue viajando por Granada en el blog:
Granadas, valle de Lecrín

Granadas, valle de Lecrín

Código ético: este artículo contiene enlaces de afiliados. Eso significa que si reservas a través de estos enlaces recibo una pequeña comisión sin que por ello se incremente el precio final. Así me ayudas a seguir con el blog. 

6
Deja un comentario

avatar
3 Comentarios
3 Respuestas
0 Seguidores
 
Comentario con más reacciones
Comentario más polémico
4 Autores
cosmopolillaIrene una enamorada del ValleSantiago Muñoz BañosJoaquin Soto Autores recientes
Joaquin Soto
Invitado/a
Joaquin Soto

Bravo Patri..! Casi no lo puedo acabar, la humedad de mis ojos no me dejaban leer..! Un beso.

Santiago Muñoz Baños
Invitado/a

Me ha encantado. Me lo apunto para cuando vaya allí abajo.

Irene una enamorada del Valle
Invitado/a
Irene una enamorada del Valle

Muchas gracias por describir tan bien nuestra tierra. No conocía Tablate ni otros muchos rincones que describes. Quién fuese por algún momento turista voladora para saber todos los secretos y lugares que esconde esta zona tan bonita de Granada. Se nota que te sale este relato del corazón. Por fin… Leer más »