El castillo de Soraya

Castillo de Soraya, Mondújar

Niña, ¿ves aquella cruz sobre el cerro rocoso? Bajo ella se encuentran los restos del castillo de una reina, no una cualquiera si no la más bonita de la Alhambra. Dicen que por ella Muley Hacén perdió su corona, el Reino nazarí de Granada. Y entre esas piedras murió ciego y viejo, traicionado por su hijo Boabdil.

El castillo de Soraya en Mondújar, Granada

El castillo de Soraya en Mondújar, Granada

Parece que aún escucho las palabras de mi abuelo a lomos de la mula camino del secano, por los campos de olivos y naranjos de Mondújar. Atrás queda el barranco de las Ánimas, un lugar maldito que los lugareños evitan. Ahora sé que la leyenda tenía su por qué: hace años las obras de la autovía de Granada a la costa descubrieron una necrópolis de la época nazarí.

Barranco de las Ánimas, Mondújar

Barranco de las Ánimas, Mondújar

El castillo de Soraya en Mondújar.

Hoy retorno a Mondújar, el pueblo de mis ancestros, a los senderos de la infancia. Es sorprendente que el paisaje se mantenga intacto, como un cuadro congelado en mi memoria. Las casas blancas. La encina centenaria. El agua de la alberca quieta, reflejando el cielo. La vereda sale del Cerrillo en dirección al castillejo. En la intersección destaca un cartel rojo explicativo, aunque no indica muy bien la ruta a seguir. Hay que torcer a la derecha y continuar todo recto.

El cerrillo, Mondújar, valle de Lecrín

El cerrillo, Mondújar, valle de Lecrín

La senda irregular se va estrechando y por tramos se desvanece. La verdad, creo que para quien no lo conozca puede ser un tanto difícil. Pero por suerte yo he crecido entre estas huertas. El campo de Mondújar huele a membrillo en otoño, a azahar en primavera. A finales de invierno se viste de blanco con la flor de los almendros. Dejo a un lado las cuevas que usaban los nazaríes de caballerizas y aquí el sendero se complica, atestado de aulagas puntiagudas que arañan piel y ropa sin piedad, defendiéndose de los intrusos.

Cuevas de los nazaríes, Mondújar

Cuevas de los nazaríes, Mondújar

Por fin llego a la cumbre de la atalaya: el castillo de Soraya. A casi 900 metros de altitud tengo el valle a mis pies. La primera impresión no es otra que desolación absoluta. La maleza y el viento frío de Sierra Nevada son los dueños ahora de estas salas de planta trapezoidal y paredes de aire, abandonadas a la soledad y la ruina. Apenas se conserva el acceso al castillo y un par de muros de mampostería. La base de una torre derrumbada. El paso del tiempo ha sido feroz e implacable.

Castillo de Mondújar, Granada

Castillo de Mondújar, Granada

Entrada al castillo de Soraya, Mondújar

Entrada al castillo de Soraya, Mondújar

En el exterior se dibuja el hueco de un gran aljibe en el que desemboca una acequia, destinado a proveer de agua a sus moradores. De los huertos y jardines que el historiador Don Francisco Córdoba y Peralta hablaba en sus crónicas apenas queda rastro, tan sólo unas líneas difusas. Parece que este recinto corrió con la misma maldición que su artífice, Muley Hacén, condenado al destierro.

Aljibe, castillo de Soraya, Mondújar

Aljibe, castillo de Soraya, Mondújar

Castillo de Soraya, Mondújar

Castillo de Soraya, Mondújar

Isabel de Solís, la cautiva de la Alhambra.

Viajemos atrás en el tiempo, imaginando que por un conjuro estas piedras recobran la lozanía y el castillo se reconstruye. ¿Quién era Soraya, la que paseaba hace quinientos años por este fortín? Una joven doncella cristiana hija del comendador de Martos, llamada Isabel de Solís. Apresada por los musulmanes, fue confinada en la Ciudad Roja, en la Torre de la Cautiva. Dicen que el rey Muley Hacén quedó prendado de su belleza y la hizo su favorita, desatando la ira de la sultana Aixa, su primera esposa y madre del heredero al trono Boabdil.

Torre de la Cautiva

Torre de la Cautiva

Isabel de Solís se convirtió al islam tomando el nombre de Soraya (“lucero del alba”) y desposó con el rey Muley Hacén. Como regalo de boda el monarca le obsequió con un castillo, un baluarte en las estribaciones de Sierra Nevada y vistas a todo el fértil valle de Lecrín, que en árabe significa “valle de la alegría”. Éste sería el último refugio de los amantes, a donde se retiraron tras las intrigas palaciegas que provocaron una cruenta guerra civil y su abdicación.

El valle de Lecrín desde el castillo de Soraya

El valle de Lecrín desde el castillo de Soraya

En este castillo Muley Hacén cerró sus ojos para siempre, en los brazos de su amada, con una última promesa: ser enterrado en el punto más alto, donde la maldad de los hombres no pudiera alcanzarle. Desde aquí partió la comitiva al pico del Mulhacén, la más alta de las montañas de la península y que desde entonces lleva su nombre.

Mulhacén

Mulhacén. Fuente: wikipedia.org

El destino final de Soraya se pierde en la oscuridad de la convulsa Historia que narra la caída de un reino. Diversas fuentes apuntan a que permaneció varios años con sus dos hijos en el castillo de Mondújar, contemplando las escaramuzas entre moros y cristianos. Incluso fue testigo de una gran batalla que se libró en las faldas del cerro, liderada por el Gran Capitán. Al parecer regresó con los suyos y retomó la fe cristiana, siendo acusada por uno y otro bando de renegada y traidora.

El castillo de Soraya en Mondújar, valle de Lecrín, Granada

El castillo de Soraya en Mondújar, valle de Lecrín, Granada

El Tesoro de Mondújar en el Museo Arqueológico de Madrid.

Mi ruta tras las huellas de Soraya me conduce hasta Madrid. Al Museo Arqueológico Nacional, donde en una vitrina se expone el Tesoro de Mondújar. Una muestra de la fina orfebrería nazarí en forma de alhajas: un precioso collar en filigrana de oro, brazaletes de plata y presillas, destinadas a adornar los cabellos. Esto es todo lo hallado en la tierra que hoy cubre el castillo de Mondújar.

El Tesoro de Mondújar, museo arqueológico

El Tesoro de Mondújar, museo arqueológico

La pertenencia exacta se desconoce, ya que fueron encontradas a finales del XIX, vendidas de mano en mano entre particulares hasta que las adquirió el Museo. Pero a mí me parece que tan extraordinarias joyas no podían si no estar destinadas a realzar la belleza de la cristiana y mora, reina y cautiva.

El tesoro de Mondújar, museo Arqueológico de Madrid

El tesoro de Mondújar, museo Arqueológico de Madrid

El tiempo ha borrado almenas y torreones. Pero la leyenda de Soraya perdura, inspirando a literatos e historiadores. El propio Washington Irving en sus “Cuentos de la Alhambra” la retrataba como una “femme fatal”. Yo creo que sólo fue una mujer enamorada, víctima de su tiempo y la difícil época en la que le tocó vivir.

Quizá su espíritu aún siga vagando por los páramos solitarios del altozano de Mondújar, que un día fueron su reino…

Mondújar, valle de Lecrín

Mondújar, valle de Lecrín

“No estoy sola pues desde aquí contemplo un jardín admirable.

No vieron los ojos cosa semejante a él.”

(Poema epigráfico del Mirador de Daraxa, la Alhambra)

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Soraya, valle de Lecrín

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cosmopolillaPintorRincones de Andalucía para visitar en Septiembre - Vivir para ViajarjuanBo Autores recientes
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Pintor
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Pintor

Este castillo lo pinté hace ocho años porque la fotografía que vi me gustó, después indague y fue cuando me enteré que estuvo viviendo la reina Soraya. Si alguna vez paso por Granada lo veré. Tú historia es muy interesante. Gracias.