Cascada de Gullfoss congelada, Islandia en invierno

Fundido a blanco en Islandia

Abro los ojos y sólo veo BLANCO, un blanco absoluto que me ciega la retina. Parpadeo y no estoy soñando: el manto de nieve que se confunde con el cielo del mismo tono se prolonga hasta el infinito. Son las once de la mañana y apenas está amaneciendo. Lenta y tímidamente se va asomando el sol ártico en el horizonte de este cuadro de Islandia en invierno. Sí, hace frío pero no importa, la belleza desoladora del desierto albo lo compensa.

Viajar a Islandia en invierno

Viajar a Islandia en invierno

Cuando dije a mis amigos que iba viajar a Islandia invierno lo tildaron de locura. La verdad, para mí ha sido una experiencia mágica e inolvidable, que repetiría sin dudarlo. Todos los viajes dejan siempre una huella imborrable: éste es de los que te cambian por dentro y cuando vuelves ya no te sientes la misma.

Aventurera o loca, esta es mi experiencia de un viaje a Islandia en invierno, el país del hielo.
Cascada de Gullfoss, Islandia en invierno

Cascada de Gullfoss, Islandia en invierno

VIAJAR A ISLANDIA EN INVIERNO. LA INSPIRACIÓN…

Aurora Boreal en Islandia

Aurora Boreal en Islandia, fuente: Shutterstock

Las luces del norte o la Aurora Boreal: emprendí este viaje con la ilusión de capturar en mi retina ese velo de colores azules, verdes o rojos que cubren caprichosamente los cielos de las noches polares en invierno…

DATOS PRÁCTICOS SOBRE EL VIAJE:

EL VUELO.

Volar directamente desde España suele ser caro. Yo lo hice vía Londres, comprando con bastante antelación un billete Londres-Rekjavik con Icelandair. No me costó más de 90 euros ida y vuelta. La otra compañía que ofrece vuelos es Iceland Express. En lugar de ir del tirón, aprovechamos la escala para pasar un día en la cosmopolita Londres y hacer unas compritas navideñas en el pintoresco Candem Town y el siempre animado Covent Garden.

VIAJE A ISLANDIA EN INVIERNO: LLEGADA AL PAÍS DE HIELO.

Aproximando el avión el color de la isla no es otro que BLANCO. Mar azul grisáceo rodeado de blanco… Las 3 de la tarde y ya estaba atardeciendo. El sol Ártico brilla en invierno tan sólo 4 horas, quedándose estático en el horizonte y sin apenas ascender. Una de las principales magias de esta tierra es la LUZ, casi eterna en verano y tan escasa en invierno. Para movernos por el país cogimos un coche de alquiler. A pesar de estar todo nevado, no es necesario un todo terreno, un coche normalito con neumáticos gruesos vale, las carreteras están en muy buen estado.

Conducir por Islandia en invierno

Conducir por Islandia en invierno

LA ESTANCIA: ALOJAMIENTO EN ISLANDIA.

El alojamiento escogido, uno de los más baratos que ofrecían en Internet: el Hotel Cabin, a las afueras de Reykjavik. Alojamiento más desayuno (habitación doble) 48 euros la noche. Normalito y básico, habitación pequeña pero limpia: relación calidad-precio buena.

 Cuaderno de viaje

 

Día 1 – REYKJAVIK

Al llegar por la tarde sólo nos dio tiempo a situarnos y dar un breve paseo por la capital, cubierta de nieve. Reykjavik, con sus 120 mil habitantes, es pequeña, silenciosa y encantadora. Cenamos en un sitio maravilloso que nos recomendaron: el Seabaron. Con aspecto de “pequeño cobertizo”, junto al puerto, parece una antigua tienda inglesa. En una estantería – nevera tienen brochetas de pescado. Eliges y te la hacen al momento: creerme, el mejor bacalao y salmón que he probado en mi vida. También tienen brochetas de ballena. La sopa de langosta es realmente deliciosa. Un tazón (1.000 coronas) reconforta casi más que una cerveza Viking.

Sopa de langosta

Para salir a tomar una cerveza hay varios pubs abiertos con música en directo por la calle central. Agradables y concurridos, son una buena idea para probar la cerveza local (Gull o Viking) y mezclarse con los oriundos, realmente extrovertidos y amables (y admiradores de España). Cheers!

Una cerveza viking

Día 2 – VIAJE AL INTERIOR: EL TRIÁNGULO DORADO.

El segundo día empieza la verdadera aventura islandesa: coger el coche y adentrarse en el interior, viendo como el termómetro va descendiendo desde los apacibles -1º en la capital, hasta los -20º tan sólo media hora más tarde, a orillas del Lago Pingevill.

Lago Pingevill, Islandia

Lago Pingevill

Desconcertante e increíblemente hermoso para una sureña como yo, el ver como amanece pasadas las 11.00 de la mañana, pausadamente, tiñendo la nieve de color rosa pálido.

Amanecer en Islandia

Amanecer, Islandia en invierno

La visita a los sitios típicos (cercanos a Reykjavik) lleva todo un día: el llamado “Círculo Dorado“: El antiguo parlamento vikingo, Thingvellir, junto al lago Pingevill, el más antiguo del mundo, en una construcción circular de piedra volcánica y negra.  En este paisaje nevado y desolador es fácil cerrar los ojos e imaginarse cómo diez siglos atrás se reunían aquí la élite de este pueblo desterrado, envueltos en sus pieles de animal entre el frío glaciar, añorando por siempre esos bellos fiordos noruegos a los que nunca más regresarían… En este lugar también se puede observar perfectamente la falla que separa la placa americana de la europea.

Thingevill, Islandia

Thingevill

Parque Geotérmico de Geysir: increíble ver como explota el agua hirviendo entre el hielo. En ese momento entendí el sobrenombre de “la isla del hielo y el fuego“.

Cada 8 – 10 minutos, ¡explosión entre el hielo!

explosion-de-un-geyser-islandia-en-invierno

Explosión de un geyser

Y, como colofón final, la impresionante cascada dorada, Gullfos, en esta época del año parcialmente helada con preciosos carámbanos colgando como cristal.

Cascada de Gullfoss congelada, Islandia en invierno

Cascada de Gullfoss congelada, Islandia en invierno

Por el camino se pueden ver los hermosos caballos islandeses, pequeños, peludos y robustos, excavando con sus pezuñas en la nieve en busca de ¿raíces? para comer.

Islandia en invierno

Caballos islandeses

Importante llevarse comida: en toda la ruta sólo habita la nieve y la nada, un par de gasolineras con chocolatinas y patatas, y un restaurante en Geysir con precios astronómicos. Si no, os pasará como a nosotros: hambrientos, paramos en un único pueblo de 7 casas a un par de horas de Reykjavik y tocamos la puerta en un restaurante con aspecto de más que cerrado. Cuando ya nos íbamos nos abrió el dueño -amabilísimo – y en perfect english nos explicó que sólo abría en verano. En invierno sólo vivían allí 2 personas… Entonces te dabas cuenta del recóndito lugar del mundo en el que te encontrabas. Ni que decir tiene que no comimos hasta volver a nuestro lugar preferido, el Seabaron, a calentarnos con la exquisita sopa de langosta por 1.000 coronas.

¿Una cervecita en la terraza?

Restaurante Seabaron, Islandia en invierno

EL FRACASO DE EXCURSIÓN PARA VER LA AURORA BOREAL…

Esa noche nos habíamos apuntado a una excursión para turistas en la que te vendían con un folleto muy bonito Looking for the Northern Lights. A la hora indicada, nos recogió un autobús atestado de guiris y nos llevaron a las afueras de la ciudad. Había ventisca de nieve. Nos dijeron que íbamos al sur, donde el cielo estaba despejado… Nos soltaron en medio de la nada junto a un faro. Nevaba aún más… Islandia en invierno en pleno esplendor. De vuelta al hotel todos cabreados y frustrados nos ofrecieron repetir gratis al día siguiente a ver si había más suerte… Total, tiempo y dinero perdidos.  Conclusión: si la aurora quiere hacer acto de aparición, aparte de estar despejado y darse las condiciones metereológicas propicias, con irse a un lugar un poco apartado de las luces de la ciudad es suficiente. No merece la pena contratar una excursión.

Día 3 – REYKJAVIK Y LA LAGUNA AZUL

El tercer día lo dedicamos a explorar Reykjavik: los típicos lugares como un paseo por la bahía (impresionantes vistas de la ciudad y colinas nevadas, junto al mar), el moderno edificio de la Ópera, el puerto, el Parlamento, la catedral y, como no, el Museo Nacional, muy divulgativo, donde te explica cómo llegaron los primeros vikingos procedentes de Noruega allá por el S.XII. 

Parlamento de Islandia

De paseo por Reykjavik…

Reykjavik

La Catedral vikinga y las espectaculares vistas a la bahía…

La catedral de Reykjavik

La catedral de Reykjavik

Bahía de Reykjavik, Islandia

Bahía de Reykjavik, Islandia en invierno

Después de comer, en un restaurante típico del centro, cuyos precios en la puerta nos parecieron asequibles, nos acercamos a la famosa Laguna Azul. Ya era de noche, por lo que no tomamos fotografías. Al sur de Reykjavik, cerca del aeropuerto y a menos de una hora en coche, está el mayor balneario al aire libre de la isla. Se trata de una gran piscina termal rodeada de nieve, hielo y lava volcánica. Me resultó cara (unos 37 euros la entrada), pero la sensación de estar bañándote plácidamente en humeante agua calentita a -4º temperatura exterior es una experiencia única en la vida. En cuanto se hizo de noche y comprobamos que esta vez el cielo estaba despejado, salimos a buscar de nuevo la escurridiza aurora… Sin éxito. No cumplí mi sueño, por lo que habrá que volver a intentarlo. ¡Nunca hay que rendirse a la primera! Y me llevo el recuerdo de un país maravilloso que merece la pena visitar: sí, ¡hay que ir a Islandia en invierno!

SOBRE EL PAÍS DE HIELO – Consejos. 

Coste de la vida: Islandia es un país del Norte de Europa, y por lo tanto, caro. La moneda es la corona islandesa. El cambio cuando yo fui: 1.000 coronas eran 6 euros. Vamos, diez años después volver a pensar en pesetas 😉 Comer/cenar en un puede costar entre 1.500 – 2.000 coronas. Eso sí, fuera de la capital el precio se incrementa bastante.

El frío y la vestimenta: la situación geográfica es justo debajo del Círculo Polar Ártico, así que sí, hace frío en Islandia en invierno. Imprescindible llevar ropa térmica para poner debajo de la ropa “de calle”. Aunque la temperatura media de Reykjavik en invierno es de entre 0 y -1º, similar a la de Nueva York, la humedad del mar traspasa. Si uno quiere aventurarse al interior de la isla las temperaturas ya descienden a -14º y -20º. Pero no hay que asustarse. Sí vas bien vestido no se pasa frío: se trata de adoptar el atuendo “cebolla” y vestirse por capas: calcetín, guantes, camiseta y pantalón térmicos como “capa base”. De segunda capa: pantalón grueso (chándal, pana, de sky…), jersey de algodón, guantes y calcetines sobre los térmicos. Un forro polar cortavientos y un buen abrigo. Bufanda, gorro, botas de montaña y ¡listo para un agradable paseo por el Polo!

Islandia en invierno

Islandia en invierno

 

#Bloggerpostamigo: “Vuelta a Islandia en Autocaravana con niños”, el Blog de Viajes de Pumuki.

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cosmopolillagabrielEMDPNoe PhototravelLos 10+1 Blogs de Viajes y sus lugares Indispensables en el mundo Autores recientes
gabriel
Invitado/a

Maravillosa Islandia!!!! Que valor tuviste yendo a este hermoso país en el mes de diciembre. Yo estuve el año pasado a finales de agosto y nada más volver me enteré de que los días siguientes a mi vuelta, a primeros de septiembre se pudo ver la aurora boreal…. Casi pillo… Leer más »

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