Puertas de Chefchauen

Chefchauen, el tesoro azul del Rif

Quinientos años no son nada. Al menos para el Tisouka y el Megou, los dos picos con forma de cuerno que contemplan impasibles este fértil valle del norte de Marruecos sobre el que se asentó Chefchauen, lugar de paso de los bereberes del Rif. «Mira los cuernos» dicen que significa en su lengua nómada. A la sombra de sus astas creció con la venida de exiliados del otro lado del mar: musulmanes y sefardíes que recrearon la tierra perdida de al-Andalus en un entramado de callejuelas irregulares en cuesta, adaptadas a la falda del monte, con casas encaladas de parras e higueras asomando tras los muros.

«Amigo, yo soy aquel huésped que se ha convertido en anfitrión, aquel visitante que se ha vuelto residente, aquel extraño que ya es un familiar más». Naŷīb Abū Mulham.

Chefchauen

Chefchauen, fuente: Shuttertock

El origen de Chefchauen: la nostalgia de Al-Andalus. 

Una leyenda de tintes más románticos relata que  Chefchauen fue fundado por el emir Alí ben Rachid para mitigar la nostalgia de su amada Zahra, triste porque echaba de menos su blanco pueblo andalusí: Vejer de la Frontera. Si la joven halló consuelo en este frondoso paisaje de cedros y pinsapos mirando a ese Mediterráneo al que nunca podría volver no lo sabemos…

Calles de Chefchauen

Calles de Chefchauen

Si bien es cierto que pasear por las angostas travesías de Chauen es trasladarse a Andalucía, siendo localidad hoy hermanada con Vejer. Reminiscencias que se intuyen aunque desde hace unos años sus habitantes la pinten de añil, dándole ese tono característico y convirtiéndola en foco de atención turística como la ciudad azul del Rif.

Pintado de azul Chefchaouen

Pintado de azul Chefchaouen

Estampas del Rif: de Tánger a Chefchauen.

La mañana se levanta fresca y ventosa en el corazón de la Medina de Tánger. Las nubes impiden ver la silueta de Tarifa cerrando el Estrecho. Ha tocado madrugar para alejarnos del mar y adentrarnos por las montañas camino de Chefchauen, a poco más de dos horas en coche de la ciudad más cosmopolita de Marruecos. Apenas dejamos atrás los edificios, tras la ventanilla desfila un paisaje verde y caprichoso, de árboles, montes, incluso un restaurante – mirador a una presa, en el que parar a tomar un té a la menta apreciando el panorama.

Paisajes del norte de Marruecos

Paisajes del norte de Marruecos

Resulta difícil asociar a África, el norte de Marruecos, con este paisaje agreste. Las postales más vendidas siguen siendo las kasbah de adobe y las doradas dunas del desierto de Merzouga, aunque queden a varios miles de kilómetros al sur. ¿Qué árboles son esos? Bosques de pinsapos, una especie de abeto mediterráneo de gran valor ecológico por su rareza.

Desfiladeros del Rif, Marruecos

Desfiladeros del Rif, Marruecos

Los lavaderos de Chefchauen.

Chefchauen se divisa a lo lejos, sentado en la ladera de la montaña. Me remuevo en el asiento: tengo muchas ganas de conocerlo ya que me quedé con las ganas en mi primer viaje al norte de Marruecos. El autobús se detiene junto a los lavaderos, donde decenas de oriundos y turistas descansan junto a las aguas frescas y claras de los manantiales de Ras al-Ma.

Lavaderos de Chefchauen

Lavaderos de Chefchauen

Un zumo de naranja recién exprimido es una inyección de pura vitamina para adentrarse por la Medina de este pueblo andalusí, después «Ciudad Santa» para el islam.

Puestos de naranjas, Chefchauen

Puestos de naranjas, Chefchauen

La Medina de Chefchauen.

El arco de la puerta da acceso al reino azul. Y sí, es tal y como lo había imaginado: callejuelas y pasadizos, niños correteando a la salida de clase, gatos relajados tomando el sol, comercios de alfombras, telas de mil colores, cueros… Chefchauen es un centro de artesanía cuya tradición manual se traslada de generación en generación. A pesar de los turistas que toman fotos, señalan y regatean, se respira absoluta tranquilidad. Quedarse a solas es fácil, basta con tomar cualquiera de sus callejuelas laterales.

Gato de Chefchauen

Gato de Chefchauen

Paseando por Chefchauen

Paseando por Chefchauen

Puerta, Chefchauen

Puerta, Chefchauen

La plaza Uta el-Hamman.

Por momentos me parece que estoy en mi Alpujarra querida, subiendo y bajando escaleras, pasando bajo tinaos, asomándome con curiosidad tras las puertas entreabiertas… El zoco de Chefchauen resulta un pequeño laberinto por el que disfrutar de perderse, aunque de mucho más reducido en tamaño que el de las grandes urbes como Tánger y Marrakech, hasta el corazón de la ciudad: la plaza Uta el-Hamman. Rodeada por la muralla de la Alcazaba, la explanada palpita de vida. Está repleta de terrazas de restaurantes en las que es difícil decidir dónde sentarse a degustar un delicioso plato de gastronomía marroquí.

Zoco, Chefchauen

Zoco, Chefchauen

Plateros, Chefchauen

Plateros, Chefchauen

Plaza, Chefchauen

Plaza, Chefchauen

Desde la torre octogonal de la Gran Mezquita llaman a la oración. Es hora de dejar Chefchauen, esa ciudad espejo de las del otro lado del Mediterráneo. Camino junto a la Mezquita de los Andaluces, construida por aquellos lejanos compatriotas exiliados. La Cuesta del Granadino lo atestigua.

Cuesta del Granadino

Cuesta del Granadino

Mezquita de los Andaluces

Mezquita de los Andaluces

Excursión a las cascadas de Akchour.

El Rif es mucho más que Chefchauen. Para los amantes del senderismo y la naturaleza sus alrededores guardan secretos como el valle de Talembote, a 30 kilómetros de la ciudad azul.  Allí donde el río Farda se desliza por una garganta con saltos de agua a los que asomarse y bordear andando por un sendero entre el verde oliva de un bosque mediterráneo con pinceladas del níveo de jaras silvestres.

Cascadas de Akchour, Chefchauen

Cascadas de Akchour, Chefchauen

Merenderos, puentes de madera, puestos de zumos para refrescarse… Una caminata de unas dos horas y media hasta llegar a la Gran Cascada conforman una ruta que, por su frondosidad, al imaginario cuesta ubicar en el norte de África.

Cascadas, Akchour, Chefchauen

Cascadas, Akchour, Chefchauen

Datos prácticos: cómo ir a Chefchauen.

  • Chefchauen se puede visitar desde Tánger o Tetuán en coche, taxi compartido o autobús. El trayecto es de poco más de dos horas. Se puede visitar en el día o pernoctar en la ciudad en encantadores hoteles y casas dentro de la Medina.
  • Las cascadas de Akchour quedan a una media hora de Chefchauen. Para desplazarse es necesario coche o taxi (desde Chefchauen suele costar unos 200 DH – 20 euros). Es necesario llevar calzado cómodo y ropa deportiva.

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Gracias a Visit Tanger por la invitación al blogtrip #VisitTanger.

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ofelia fernándezcosmopolillaNetikertyLiliánATLAS DE UNA AMAZONA Autores recientes
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Invitado/a

Ohh el amor es el motor del mundo… la verdad es que no conocía la historia y tampoco el lugar. Marruecos es un gran desconocido para mí pero nunca hubiera imaginado que hubiera allí unas cascadas tan preciosas!! Felicidades por tu forma tan bonita y diferente de redactar. Me encanta

ofelia fernández
Invitado/a
ofelia fernández

Me han gustado los paisajes y comentarios, sobre todo Mondoñedo que hasta el suelo transmite cultura

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