Tres cosas me sorprendieron en Honfleur. La primera, su trazado de casitas medievales muy bien conservadas reflejando una postal perfecta en las aguas de su puerto interior. Segunda, una iglesia de madera con campanario separado -la más grande de esta clase en toda Francia- al estilo de las que hay en Escandinavia ¡Sainte – Catherine es el mayor tesoro que ver en Honfleur! Y la tercera, una tormenta súbita con granizo incluido que me caló hasta los huesos volviendo mi paraguas del revés. Algo muy frecuente en un viaje a Normandía: el tiempo atlántico de esta región del noroeste francés es loco y cambiante.

Ubicado en la desembocadura misma del río Sena, este pequeño pueblo es un turístico enclave con unos 6.700 habitantes. Ya a finales del siglo XIX los maestros impresionistas Claude Monet, Gustave Courbet y Johann Jongkind lo pusieron de moda al fundar aquí la École de Honfleur, una de las precursoras de este movimiento artístico que dio inicio a las vanguardias contemporáneas. El pintoresco puerto fue retratado numerosas veces por las pinceladas sueltas de estos pintores, en su eterna obsesión por descomponer la luz. Hoy esta estampa se conserva como antaño gracias a que Honfleur -al contrario que Le Havre, en la orilla norte del Sena- no fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial, salvando su patrimonio. Junto con el encantador Veules-les-Roses, Honfleur es uno de los pueblos más bonitos de Normandía ¡parada obligatoria!
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Cómo llegar a Honfleur.
Honfleur se localiza a 180 kilómetros de París por la A-13. La forma más rápida de llegar es en coche de alquiler, aunque también se puede en transporte público.
Unas 4 horas en tren con cambio en Le Havre, donde hay que tomar un autobús. Si, como yo, te desplazas en coche el mejor lugar donde aparcar en Honfleur es a la entrada, en este parking de pago: Parking Bassin du Centre.

En cuanto al alojamiento en Honfleur, hay bastantes hoteles en el centro histórico. En mi caso no me alojé en este pueblo, hice una parada larga en mi ruta por Normandía pero al caer la tarde (y el chaparrón), continuamos para dormir en la ciudad de Caen. Ya que nuestro objetivo era visitar al día siguiente las playas del Desembarco de Normandía ¡un clásico! Pero si vas con tiempo y te apetece disfrutar de este precioso pueblo normando con tranquilidad, te recomiendo este hotel con mucho encanto: La Petite Folie.

Sitios que ver en Honfleur en un día
Un buen lugar para comenzar a el recorrido de sitios que visitar en Honfleur a pie es la oficina de Turismo, a unos pasos del parking. La rue de la Ville conduce directa, entre tulipanes y otras flores de colores, al puerto Viejo de Honfleur. Una de las postales más coloridas que ver en Francia ¡es precioso este lugar!
La Puerta de Caen.
Desde la Porte de Caen, vestigio de la antigua muralla medieval con una virgen en la hornacina, se puede rodear todo el puerto Viejo. Pegada a esta construcción no hay que pasar por alto la Lieutenance, casa que perteneció al teniente del rey antes de la Revolución Francesa.

El Puerto Viejo de Honfleur.
Las barquitas se mecen con la brisa, las fachadas de las casas de ladrillo y piedra se reflejan en el agua como en los tiempos de Monet. Lo que sí que hay es mucho, mucho más turismo en Honfleur hoy. ¡Las terrazas de los restaurantes están abarratodas! Especialmente en días festivos y de sol… En el lateral se ubica, dentro de una iglesia, el museo Naval de Honfleur. También merece la pena callejear por las travesías aledañas, repletas de rincones auténticos, con las casas de entramado de madera tan típicas de la arquitectura normanda.

Nota: si te gusta el Impresionismo, te puede interesar este artículo sobre la Visita a la casa de Monet en Giverny.
Iglesia de Sainte – Catherine.
La rue du Puits conduce a la joya artística – histórica que ver en Honfleur: la iglesia medieval de Sainte – Catherine. En pleno barrio que antaño era de artesanos y pescadores, hoy las galerías de arte y las tiendas de souvenirs son el mayor reclamo.

La iglesia de Santa Catalina y su campanario exento fue construida en el siglo XV, al finalizar la Guerra de los Cien Años. Dedicada a la mártir cristiana Santa Catalina de Alejandría, su arquitectura sigue la estética gótica del momento. Aunque el pórtico meriodinal es renacentista.

Es el templo en madera más grande de Francia y al meno a mí me recordó a otras iglesias de madera que he visitado en Escandinavia, como la de Kiruna o la maravillosa iglesia de Petäjävesi en Finlandia. Su interior, con la talla de la santa como protagonista, es espléndido. Además, la entrada es gratuita ¡merece mucho la pena!

Aunque esta es la principal, hay otros templos religiosos que ver en Honfleur: la iglesia de San Leonardo, cuya fachada es de estilo gótico flamigero. O la capilla de Gracia, reconstruida sobre una colina tras derrumbarse el acantilado donde se ubicaba la original.
Museos que visitar en Honfleur.
Siguiendo el paseo por el centro histórico de Honfleur hacia la playa, encontramos el museo de Eugène Boudin, dedicado a este paisajista francés que nació en esta villa el 12 de julio de 1824. Famoso por sus paisajes marinos, fue uno de los primeros pintores interesados en retratar la luz y las formas del litoral normando. Le Havre, Deauville, Fècamp y por supuesto, los famosos acantilados de Étretat.

Pero Honfleur no sólo es la cuna de este artista: a unos pasos se encuentra la casa natal de uno de los compositores impresionistas más relevantes de finales del XIX principios del XX: Erik Satie. Amantes de la música clásica -de pequeña pasé muchas horas aprendiendo sus Gymnopédies– esta es una parada indispensable que hacer en Honfleur. En la Maisons Satie hay una exhibición sobre la vida de este excéntrico pianista que se ganaba la vida tocando en los cabarets de París.

Afueras de Honfleur.
Por un arbolado paseo se puede llegar hasta las orillas del Sena, justo antes de fundir sus aguas con las del océano Atlántico. La Digue de Honfleur, junto a los Jardin des Personnalités, son el preludio a las playas de la villa. Otro plan es caminar en dirección contraria, al mirador de Mont Joli, donde se aprecian las vistas del pueblo, el estuario y el gran puente de Normandía que une ambas orillas de este gran río francés. El cierre perfecto para un día conociendo los atractivos de este pueblo que amaron los impresionistas. Y yo, también. ¡No es para menos!

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