Hoy viajamos a uno de los lugares más misteriosos y antiguos del Pirineo. A la misma «Boca de un mundo de peñascos espirituales revestidos de un bosque de leyenda» en palabras de Miguel de Unamundo, «Donde los monjes benedictinos, medio ermitaños, medio guerreros, verían pasar el invierno». Llegamos rayando el atardecer al pliegue umbrío de la montaña donde se esconde el viejo monasterio de San Juan de la Peña. Los tiempos oscuros de la Alta Edad Media parecen apoderarse de sus muros con las últimas luces del día, como si los siglos no hubieran transcurrido. La visita casi en penumbra de la cripta, el claustro o el panteón donde duermen reyes y nobleza resulta espectral y solitaria. Silenciosa, casi mística. Refugio de eremitas, enclave legendario cuna del reino de Aragón y donde mismo se ocultó el Santo Grial durante la invasión musulmana… Aquí leyenda e historia se dan la mano hasta el punto de confundirse.
Voy a ser sincera: San Juan de la Peña era de los sitios que tenía entre ceja y ceja desde hace tiempo, y lo metí con «calzador» quitando horas de sueño y descanso en mi última Ruta por Aragón en 3 días. El itinerario era ya muy apretado, pero pasando por el norte de la provincia de Huesca esta vez no había excusa. Cierto que la carretera no es la mejor -estrecha y sinuosa-. Que está aislado y queda a desmano de todo: el núcleo de población más cercano es la ciudad de Jaca, a 23 kilómetros del monasterio. ¡Pero merece tanto la pena!

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San Juan de la Peña, un monasterio medieval en el Alto Aragón
Comarca de la Jacetania, Huesca. En pleno Camino Aragonés a Santiago de Compostela encontramos un cenobio con más de mil años de Historia entre sus muros. Usado como panteón real para algunos de los reyes de Aragón y Navarra, fue el monasterio más importante del reino de Aragón durante el medievo. Hoy este cenobio perdido en la montaña sigue siendo uno de los lugares más bellos y a la vez misteriosos que ver en Aragón. ¡Imprescindible!
Su origen se pierde en la bruma de la fabulación: cuentan que un joven noble llamado Voto estaba cazando en el monte Pano cuando avistó un ciervo. Comenzó a perseguirlo en una veloz carrera y se cayó por el precipio. Pero milagrosamente, su caballo se posó en el fondo del barranco sin ocasionarle daño. Allí, oculta entre la maleza, descubrió una cueva en cuyo interior había una ermita dedicada a San Juan Bautista. Dentro encontró también el cuerpo sin vida de un eremita conocido como Juan de Atarés, beato del siglo VII. Impresionado, consideró este episodio como una señal divina y, tras vender todos sus bienes, se retiró a este lugar a meditar junto con su hermano Félix. Este fue el comienzo de la comunidad de monjes ermitaños, allá por el S.VIII.

El origen del reino de Aragón.
Aún con los hermanos Félix y Voto en vida, como monjes supremos del primitivo cenobio de San Juan de la Peña, cuentan las crónicas medievales que en este remoto lugar se reunió un grupo de caballeros cristianos para hacer frente a los invasores musulmanes, en el S.VIII. Quizá fue entonces cuando hicieron entrega del objeto más preciado de la Cristiandad: el Santo Cáliz o Santo Grial, poniéndolo a salvo. Este grupo de valientes designaron por voto popular nombrar a Garcì Ximénez como líder, para recuperar las tierras conquistadas de Jaca y la villa de Aínsa. Así, tras lograr la victoria, éste se convirtió en el primer rey del Sobrarbe, que con el paso de los años se convertiría en el condado de Aragón; más tarde uno de los reinos más ricos y extensos de la península ibérica.

Pero volviendo al monasterio, su verdadera importancia como centro espiritual del reino comienza en el S.XI. Es en el 1026 cuando el rey Sancho Garcés III de Pamplona le otorga fondos a los monjes para que reformen y amplíen el recinto. A finales de siglo pasará a la orden benedictina de Cluny, quien se hace cargo de esta comunidad, conociendo su mayor esplendor. El monasterio rupestre conservará, no obstante, la parte más antigua: la cripta con la llamada capilla de Voto y Félix, cuyos restos de pintura mural son testigo de ese pasado ancestral y milenario de San Juan de la Peña, lugar de retiro de ermitaños al abrigo de la montaña. Aún hoy mantiene ese aura de lugar sagrado, envuelto en enigmas.

El panteón de los Reyes.
De la parte de piedra desnuda y austera en el interior del monasterio, donde se localizan algunos sepulcros de gentes nobles, la elegancia y opulencia neoclásica contrasta en el Panteón de los Reyes. Lo cierto es que incluso parece fuera de lugar… La explicación es sencilla: Carlos III mandó reformarlo en 1770, colocando láminas de bronce, mármoles y estuco, además de medallones que relataran las batallas de estos monarcas antiguos. Pero la colocación de las tumbas este rey, quizá un tanto supersticioso, no las tocó: permanecen en el mismo lugar.
San Juan de la Peña fue durante cinco siglos usado como panteón real por los reyes de Navarra y Aragón. Aquí reposan, entre otros, los primeros condes aragoneses. Ramiro I, hijo de Sancho Garcés III de Pamplona, está considerado como el primer rey de Aragón.

Claustro románico, la joya medieval.
Bajo la misma roca se alza el esqueleto del que fue -y es- el tesoro de San Juan de la Peña: el claustro románico. Animales fantásticos, motivos vegetales y escenas bíblicas fueron esculpidas en los capiteles de este claustro del S.XI. La Expulsión del paraíso, la Adoración de los reyes, la Anunciación, la Natividad, la Última Cena o la resurección de Lázaro son algunos de los pasajes elegidos con una delicadeza y precisión única, teatralizada al máximo como si de un libro en piedra se tratase.

Del autor con semejante destreza se desconoce su identidad; se le llama popularmente como Maestro de San Juan de la Peña. Sólo se sabe que vivió durante el reinado de Alfonso II de Aragón y tuvo un taller activo en la comarca de las Cinco Villas. A su cincel se le atribuyen el clausto de San Pedro el Viejo en Huesca, la portada de la iglesia de Santa María la Real en Sangüesa, y otros trabajos por las parroquias de las Cinco Villas (Agüero, Luna, Ejea de los Caballeros o Uncastillo, por citar algunas).

La leyenda del Santo Grial.
Se conoce al Santo Grial como el cáliz o copa de dónde bebió Jesucristo en la última cena. Custodiado por san Pedro, éste lo llevaría a Roma donde lo usaría en sus primeras misas realizadas en la clandestinidad. Fue un par de siglos después, el Papa Sixto II, quien asustado por la persecución de los romanos decidió ponerlo a buen recaudo y entregó tan preciado tesoro a un joven diácono llamado Lorenzo, nativo de Huesca, para que lo llevara a Hispania. Se habla de que en tierras aragonesas pasó por diferentes enclaves como San Adrián de Sásabe o la catedral de Jaca, pero con la invasión musulmana se optó por esconderlo en el lugar más recóndito, oculto entre las montañas: San Juan de la Peña.
En San Juan de la Peña el Santo Grial permaneció durante varios siglos, hasta que la corona de Aragón, propietaria oficial de la reliquia, decidió trasladarlo a la ciudad de Valencia. Era el año 1424 y fue el mismo rey Alfonso V de Aragón quien lo depositó en la capilla del palacio de la ciudad, aunque poco después se llevó hasta la seo valenciana, donde permanece en la actualidad. La copa que hoy se puede contemplar tras la vitrina en el monasterio, es una réplica exacta del cáliz.

Cómo llegar a San Juan de la Peña.
El monasterio Viejo de San Juan de la Peña se localiza a 83 kilómetros de Huesca -una hora y media en coche según el tráfico-. Desde Zaragoza ciudad son algo más de 150km, unas dos horas y cuarto de viaje. La forma más rápida de llegar es en coche.
Horario de visita al monasterio y precio.
- De lunes a viernes y domingos: de 10 a 14 h.
- Sabádo: de 10 a 17 horas.
- El precio general de la entrada a San Juan de la Peña es de 12€. Se puede comprar en la taquilla o previamente en la web oficial (recomendado para no quedarse sin ella en días festivos o puentes, donde suele haber mayor afluencia).
- La entrada da derecho a visitar el monasterio Viejo de San Juan de la Peña, el monasterio Nuevo -a 1,5 km, tiene un Centro de interpretación- y a la iglesia románica de Santa Cruz de la Serós, el pueblo más cercano al cenobio.

Alojamiento cerca de San Juan de la Peña.
En mi ruta por Aragón me alojé en el Hotel Estación de Canfranc, en pleno Pirineo ¡espectacular! Mucho más cerca, en Santa Cruz de la Serós, se encuentra un encantador alojamiento rural a pocos minutos en coche del monasterio: el Hotel Rural el Mirador de los Pirineos. Ideal para visitar San Juan de la Peña a primera hora de la mañana, nada más abrir, o a última de la tarde, cuando ya se han marchado el grueso de los turistas. ¡La experiencia será así mucho más especial!

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