El lago de los Ciclos

Lanzarote, la isla mística

Cada isla canaria es única y especial, todas en su orografía volcánica, combinación de tierra de fuego roja y negra, en contraste con el intenso azul del oleaje atlántico que las rodea y las esculpe, según en qué costa furioso o apacible. Lanzarote es una de mis preferidas…

Muy diferente a sus hermanas Tenerife o La Palma, tan verdes y escarpadas, exuberantes demostraciones de vegetación en sus bosques de tilo o pino canario. En Lanzarote la cercanía con las costas del Sáhara la impregnan de ese aire de misticismo desolado que emana del mar de lava y los conos volcánicos, paisaje lunar y extraño, donde sólo se escucha el aire agitando las solitarias palmeras, invitando al viajero a la meditación y el sosiego.

Lanzarote

Lanzarote

Es todo un placer sucumbir al «ritmo canario» y pasear por el norte de la isla entre acantilados y blancos pueblos de pescadores, bajar al sur a relajarse en sus playas doradas de aguas turquesas, pasando por Famara, animado santuario surfero, o perderse en el misterioso verde del Lago de los Ciclos, todo ello al compás que marcan los artilugios móviles de Manrique, en su hipnótico baile, auténtico tributo al viento.

¿Volamos hasta la «isla mística»?
El lago de los Ciclos

El lago de los Ciclos

Mapa de Lanzarote.

Fuente: www.zonu.com

Fuente: www.zonu.com

Lanzarote, cuyo nombre proviene del marinero genovés Lanceloto Malocelo, que arribó allá por el S.XIV a sus costas, es pequeña y relativamente plana, lo cual es una ventaja con respecto a las islas grandes como Tenerife o Gran Canaria. Con un coche se puede recorrer de punta a punta en un rato. Cinco días o incluso una semana son más que suficientes para conocerla… ¡Sin embargo la estancia querrás que dure siempre!

El trayecto: volar a Lanzarote.

Con tiempo y planificación se puede encontrar un vuelo Madrid – Arrecife de bajo coste. Otra opción es la que escogí yo: volar a Gran Canaria, y de ahí un interislas con Binter Canarias, el autobús con alas donde la primera vez que lo tomé me sorprendió ver a la gente que volvía de hacer las compras de las islas grandes a las pequeñas. Si se viaja sin prisa, es toda una experiencia volar bajito admirando desde la ventanilla como las hélices remueven el agua del océano en la aproximación a la costa.

Alojamiento en Lanzarote y movilidad por la isla.

Arrecife, la capital, no es lugar demasiado turístico. Los viajeros prefieren elegir destinos más sugerentes como Playa del Carmen, el sur o Costa Teguise. Me decanté por este último, aconsejado por varios amigos canarios. Playa del Carmen es «guiriland«. Lo comprobé por mí misma y fue lo que menos me gustó de la isla: un pasadizo de tiendas de ropa y recuerdos, pubs y locales de comida rápida, abarrotados de extranjeros color langosta borrachos y chillones. Cuando vuelva por la preciosa isla, ¡allí no me verán!

En el propio aeropuerto alquilamos un coche en la compañía canaria Cicar, la opción más económica de todas… y, ¡listos para recorrer Lanzarote de costa a costa!

El hotel: un lujazo de 4* a precio muy asequible: El Beatriz Spa Costa Teguise. Reservado desde booking.com con una oferta por 60 euros la noche con desayuno. Bastante aceptable y, lo mejor, su piscina spa, ¡gigantesca! Ideal para relajarse y olvidarse del mundo entre saunas, jacussis y aguas burbujeantes.

Hotel Beatriz

Hotel Beatriz

Qué ver en Lanzarote, la isla mística.

Día 1: llegada, Arrecife – Costa Teguise.

La primera instantánea al bajar del avión quedó impregnada por un ambiente seco y ligeramente nuboso, ya que había un poco de calima o siroco, como lo llaman allí. Ese aire rojo y cálido proveniente del desierto que torna borrosas las líneas del horizonte me ofreció un atardecer de sol poniente naranja y desdibujado, como si en lugar de a una isla atlántica me hubiera transportado al mismo Sáhara.

La tarde sirvió para conocer el pueblo, una simple localidad costera, con casas blancas y algunos restaurantes medio vacíos alrededor de una playa y paseo marítimo de cemento. Era febrero y hacía 28 grados. ¡Qué delicia sacar el bañador y la manga corta de la maleta mientras la península se pela de frío!

Día 2: Norte de la isla.

Con una mochila donde no falte agua, bañador, toalla y la cámara de fotos, vamos a explorar el norte de la isla, con mucho para ver:

Primera parada: la Cueva de los verdes. Una visita didáctica de la mano de un geólogo entusiasta a las profundidades de las Canarias y su origen volcánico, entre estalactitas y estalagmitas que de forma curiosa moldeó el agua hace miles de años, con una sorpresa final… ¡Llevad chaqueta que dentro hace frío!

Cueva de los Verdes

Cueva de los Verdes

Muy cerquita se encuentran Los Jameos del Agua, continuación exterior de la Cueva de los Verdes y convertido en obra de arte al aire libre de la mano del artista local César Manrique, cuya principal curiosidad son los cangrejos albinos y ciegos, especie autóctona que moran en sus frías aguas.

Jameos del Agua

Jameos del Agua

De vuelta a la superficie merece la pena detenerse y pasear por el Jardín de Cactus,  remanso de paz entre estas plantas hermosas y desérticas: una muestra de más de diez mil especies distintas procedentes de todos los lugares más secos de la Tierra.

Fuente: www.islanzarote.com

Fuente: www.islanzarote.com

Y ya en la punta norte, una visita a los pueblecitos de pescadores como Órzola, encantador y solitario, azotado bajo el viento del norte. Desde allí salen los barcos a la vecina isla de La Graciosa, una excursión de un día bastante recomendable, que nosotros por falta de tiempo no hicimos.

Para comer, cerca de la cueva de los Verdes hay un lugar que nos recomendaron y no me defraudó: el Amanecer, en el pequeño pueblo de Arrieta. Las Canarias son famosas por su pescado fresco y de calidad, como las deliciosas viejas o el marisco. En el Amanecer dimos cuenta de una gran fuente de pescado variado a la plancha, regado con un buen vino blanco de la tierra. La localización, inmejorable: en una terraza sobre las rocas plagadas de gaviotas ávidas de sobras… ¡A esto le llamo yo disfrutar de las vacaciones!

Terraza del restaurante Amanecer

Terraza del restaurante Amanecer

Para rematar la tarde, puesta de sol en el Mirador del Río, con espectaculares vistas a La Graciosa. El bar que hay en la cumbre es un buen lugar para relajarse y degustar del paisaje y de la cerveza local: hora ideal para una rica tropical bien fresquita 🙂

Día 3: Sur de la isla: Parque del Timanfaya y El Golfo.

Al día siguiente ponemos rumbo en dirección contraria. Toca levantarse temprano para acercarse al Parque Nacional del Timanfaya, las montañas de fuego que en 1730 explotaron y sepultaron la cuarta parte de la isla, tragándose un pueblo entero. En la blanca y tranquila localidad de Yaiza, situada en el corazón de la isla, comienza el llamado mar de lava: una extensión negra de roca volcánica que se extiende hasta la base de los volcanes, donde el rojo y el amarillo azufre marcan el colorido de este paraje lunar y bizarro.

Timanfaya

Timanfaya

Después de pasar la mañana entera explorando el parque, nos dirigimos más al sur, al Golfo. Objetivo: el Charco Verde o Lago de los Ciclos, una laguna de color verde intenso junto a la playa, bellísima, digna de un cuadro surrealista y, para mí, uno de los lugares más mágicos de la isla…

Lago de los Ciclos

Lago de los Ciclos

Aunque la principal atracción turística de El Golfo sea la laguna, a mí el pueblito me encantó, blanco y soñoliento al borde del acantilado. En el restaurante de toldos azules, según se baja del mirador, en la terraza comí el mejor arroz con bogavante que he probado en mi vida, a precio irrisorio… ¡Volvería allí sólo para comer otro!

Con la tripa más que llena continuamos hasta los Hervideros, para observar el espectáculo del agua del océano precipitándose y saltando entre los agujeros, con la figura rojiza del Timanfaya de fondo.

Los Hervidores

Los Hervidores

Sobra tiempo para relajarse en el spa del hotel el resto de la tarde…

Día 4: Playa Blanca y Papagayo.

Día de playa y relax. De nuevo nos encaminamos al sur de la isla, pero al lado contrario. Dos playas famosas esperan: Playa Blanca, de arena dorada y tranquila, y la famosa playa del Papagayo, en una calita a la que hay que caminar un trecho para llegar. Preciosa esta última, me molestó un poco que para acceder a ella hubiera que coger un camino privado y pagar, pero mereció la pena…

Playa del Papagayo

Playa del Papagayo

El almuerzo este día lo hicimos en otro lugar recomendado: La cofradía de pescadores, en Playa blanca, un restaurante de amplias cristaleras en el puerto, junto a la misma lonja del pescado. Elección acertadísima: ¡de nuevo marisco fresquísimo y barato!

Día 5: Lanzarote oeste.

Es domingo y nos levantamos con la idea de ir al interior de la isla, al pueblo de Teguise, donde nos habían dicho que hacían mercadillo de artesanía: muy ambientado, me gustó, aunque un poco para guiris, así que no compré nada…

La tarde la echamos en la bonita playa de Famara, al oeste de la isla, la preferida por los surferos por sus olas larguísimas. Para protegerse del viento hay pequeños e improvisados montículos de piedra negra. La temperatura del agua me sorprendió, mucho más tibia que en Papagayo o en el norte.

Playa de Famara

Playa de Famara

Día 6: Lanzarote este: Arrecife y Puerto del Carmen.

No nos queríamos ir sin visitar Arrecife, así que la mañana la empleamos en dar una vuelta por la capital de la isla: el paseo marítimo, su pintoresco casco antiguo entre callejuelas de casas blancas y olor a mar, al borde del Charco de San Ginés, en el que las barquitas ahora flotan ahora se quedan varadas según el vaivén de la marea.

Charco de San Ginés

Charco de San Ginés

¿No ves aquella barquilla, en el mar dando vaivenes? Así está mi corazón, cuando te llama y no vienes…

(Copla marinera canaria)

La curiosidad, que no la recomendación, nos llevó a seguir la carretera de la costa en dirección sur y acercarnos a Playa del Carmen: lo más artificial y turístico de la isla y sin duda lo único que no me gustó.

Tarde de playa y sol, que pronto toca volver al frío…

Día 7: Interior de la isla: Fundación César Manrique y la Ruta de los vinos.

El último día de vacaciones lo reservamos para visitar la Fundación César Manrique. Se trata de la casa del escultor, una vivienda convertida en obra de arte cotidiana y habitable, envidia de todos los que van a verla. Para mí lo mejor de Manrique son sus esculturas móviles, distribuidas por toda la isla, danzando al eterno son del viento que siempre sopla en Lanzarote.

Fundación César Manrique

Fundación César Manrique

Uno de los mejores secretos guardados de Lanzarote y que descubrí una vez allí es su vino: cepas de viñas plantadas en la misma lava, de la especie de uva malvasía, que dan como premio un delicioso vino de sabor muy especial, auténtico oro líquido. A mí me encantó el blanco, en concreto el Princesa Yaiza, semidulce y semiseco, y el Stratvs. Hay una ruta de varias bodegas donde se pueden comprar y degustar, en la llamada La Gería, en el centro de la isla. ¡La mejor despedida sin duda para la «Isla Mística»!

Adiós a Lanzarote con muy buen sabor de boca… ¡Repetiré seguro!

Bolso "ET Gafapasta" de chapitas.com

Lanzarote

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Manuel Llaneza
Invitado/a
Manuel Llaneza

A mí es una isla que me fascina. De hecho tengo pensado volver a visitar muchos rincones que me quedaron y que esconden fascinantes paísajes, seguro. Por ejemplo: no visité ni la isla Graciosa ni la Cueva de los verdes. O sea que el regreso está asegurado. En mi blog… Leer más »