Pura vida en Costa Rica

¡Pura vida hermano! Al otro lado del Atlático encontré el paraíso. La Suiza centroamericana la llaman. Costa Rica es para aventureros, amantes de los animales y la naturaleza en estado virgen. Allí el ser humano aprende a vivir respetando el entorno, mimetizándose con él. Tres recuerdos inolvidables: el color VERDE oscuro que domina todo, perdiéndose hasta el infinito, el sentarse en un jardín donde revolotean los colibrís a saborear un refresco de guanábana y los carteles de «tu basura no forma parte de este lugar«. Un dato a tener en cuenta: es el primer país del continente americano que ha prohibido la caza comercial y deportiva. Ante todo, respeto y cuidado del medio ambiente. 

Costa Rica

Costa Rica es pura vida

Sólo distan 200 kilómetros del cálido e irresistible Caribe con sus playas de ensueño franqueadas por palmeras, al océano Pacífico. Un pequeño país tropical en el que se aglutina casi el 7% de la biodiversidad del mundo: en sus selvas húmedas conviven especies en libertad como los monos aulladores, araña, titís y capuchinos, jaguares, pumas, caimanes, tucanes, papagayos, las simpáticas guatusas, mariposas gigantes de todos los colores o serpientes mortíferas.

Este es el relato de tres semanas explorando el paraíso. Un viaje del que no querrás volver jamás… ¡Costa Rica es PURA VIDA!

Baño en la Fortuna

Baño en la cascada de la Fortuna

 

Introducción: seguridad en Costa Rica. Vacunas necesarias para viajar a Costa Rica.

Costa Rica es un país muy tranquilo, seguro y pacífico (ni siquiera tienen ejército). Se puede viajar perfectamente «a tu aire», tomando obviamente unas mínimas precauciones y haciendo uso del sentido común.

Vacunas: no son necesarias. Sin embargo, a título particular, como a cualquier occidental que visita un país tropical, es recomendable vacunarse de la hepatitis A y la fiebre tifoidea.

Coste del viaje: Costa Rica no es barata. El coste de la vida es poco inferior al de España. La moneda local es el Colón, pero en todos los sitios aceptan dólares. Para comer lo más autóctono son las llamadas sodas, en los pueblos y caminos, en los que se puede degustar el típico casado (plato tico) y una cerveza imperial por unos 5 dólares, mientras se charla con los agradables locales.

Clima: al ser un país tropical no hay invierno ni verano, si no estación seca y húmeda. Nosotros fuimos durante el mes de agosto, plena época de lluvias. Tengo que decir que el que de vez en cuando cayera un chaparrón no nos impidió el ir a la playa o hacer cualquier excursión. Además la ventaja es que nuestro verano allí es temporada baja y los alojamientos están medio vacíos y a precio más económico, por lo que no tuvimos problemas en pernoctar. Por lo visto en diciembre-enero la invasión de turistas norteamericanos es una locura.

Ropa adecuada: pantalones y camisetas de verano, frescos y cortos. Chubasquero. zapatillas de deporte. Un pantalón largo y chaqueta fina. Botas de montaña y calcetín largo si queremos adentrarnos en la selva.

IMPRESCINDIBLE en la mochila: Relec extrafuerte (un bote por semana, los mosquitos devoran sin piedad y allí no hay buenos repelentes, creedme). Y crema de sol de 50, no sólo para ir a la playa; el sol es abrasador. Por último, guía Lonely Planet en el bolsillo, la biblia del viajero.

Imprescindible también contratar un seguro de viaje. Yo recomiendo Intermundial. Si lo compras a través de mi web tienes un 20% de descuento usando el código LACOSMOPOLILLA10. Lo puedes conseguir pinchando aquí:


Ruta de 20 días por Costa Rica.

Mapa de Costa Rica
Mapa de Costa Rica

Mapa de Costa Rica

Día 1: Madrid – San José. Llegada a Costa Rica.

Día 2: San José – Tortuguero (Mar Caribe).

Día 3: Tortuguero – Puerto Viejo.

Días 4 y 5: Puerto Viejo, Parque Nacional Cahuita, Reserva natural Punta Manzanillo.

Día 6: Puerto Viejo – Dominical (Del Caribe al Pacífico).

Día 7: Dominical – Puerto Jiménez (península de Osa).

Días 8 y 9: Parque Nacional de Corcovado.

Día 9: Puerto Jiménez – Manuel Antonio.

Días 10 y 11: Manuel Antonio.

Día 12: Manuel Antonio – La Fortuna: Volcán Arenal.

Día 13: La Fortuna y volcán Arenal.

Día 14: La Fortuna – Río Celeste.

Día 15: Río Celeste – Playa el Coco.

Día 16: Playa el Coco.

Día 17: Playa el Coco – Tamarindo.

Días 18 y 19: Playa Tamarindo.

Día 20: Tamarindo – San José – Madrid.

DÍA 1 – LLEGADA A SAN JOSÉ

La capital es la puerta del país, por la que todos pasamos para entrar o salir. Pero poco puedo contar de una cuidad a la que llegué reventada por el jet-lag tras 11 horas de vuelo en las que no pude dormir de la emoción de mi primer trasoceánico. Cenar y dormir en el único hotel que habíamos reservado en todo el viaje, cerca del aeropuerto. Al día siguiente a las 4 de la mañana ya estábamos despiertos, gracias al cambio horario. Recogimos el coche de alquiler y pusimos rumbo a Tortuguero, por lo que mi paso por San José pasó sin pena ni gloria.

El alquilar un coche es una buena idea. Nosotros éramos 4 y un todoterreno por 20 días nos costó 1.000 dólares, 200 euros por cabeza y la libertad de poder moverte a tu aire. Para no jugárnosla, lo cogimos con Avis y seguro a todo riesgo (una muy buena decisión… Ya os contaré por qué a su debido tiempo). A tener en cuenta: las distancias son cortas en kilómetros pero las carreteras, a las que en mi pueblo llamarían «caminos de cabras», son una auténtica tortura y puedes tardar en hacer 200 km 8 horas. Así que paciencia y ¡disfruta del trayecto!

Los «atascos» de Costa Rica.

Atascos en Costa Rica

Atascos en Costa Rica

 

DÍA 2 – TORTUGUERO. EL DESOVE DE LAS TORTUGAS VERDES.

La primera toma de contacto con la comida tica fue en una soda en medio del camino en la que paramos a desayunar: un plato de gallo pinto (frijoles, arroz, tomate y huevo) y un tazón de aguamiel. Delicioso y contundente, cogimos fuerzas a enfrentarnos a 3 – 4 horas de viaje rumbo al Caribe.

Por el camino vimos numerosos puestos de frutas tropicales con una pinta increíble, algunas totalmente desconocidas para nosotros. Compramos deliciosos lichis, rangutanes y una pipa para beber la rica agua del coco…

Mercado de frutas en la carretera

Mercado de frutas en la carretera, Costa Rica

Agua de pipa

Agua de pipa, Costa Rica

Sobre Tortuguero: NO se puede acceder en coche ni bus. Es un pueblito totalmente asilado, a 3 horas en barco del pueblo más cercano. Rodeado de canales, allí los medios de transporte son la bicicleta sobre tierra y la barca sobre el agua. Hay varias opciones para llegar. Nosotros optamos por ir desde Moín, un pequeño puerto a orillas del Caribe. Allí comimos en un chiringuito rodeado de palmeras nuestro primer ceviche y degustamos nuestra primera cerveza imperial… ¡Deliciosa! Llamamos al teléfono que indicaba en la Lonely Planet: Viajes Bananero. Un señor muy simpático, el capitán Zapatones, quedó en recogernos a las 14.00 horas en el embarcadero de Moín: 35 dólares por persona, 4 horas de viaje en barca. Ya os dije que Costa Rica no es barata.

Barco a Tortuguero

Barco a Tortuguero, Costa Rica

El camino a Tortuguero es largo y fascinante, la frondosidad que rodea los laberínticos caminos de agua hasta nuestro destino hipnotiza, con garzas y caimanes guardando sus orillas. Allí fue donde por vez primera oímos a los monos aulladores, agitándose entre los árboles, enfadados por el ruido del motorcito de la lancha invadiendo su tranquilidad. Son primates grandes y negros, y más que aullar, rugen: mi ignorancia me llevó a preguntarle al capitán asustada si se trataba de jaguares… Ese aullido se convertiría en nuestro despertador particular muchas de las noches que pasamos en Costa Rica.

Tortuguero me encantó: un pueblecito pequeño, con estrechas callejuelas de barro y sin farolas. Llegamos ya de noche y fuimos al alojamiento que habíamos reservado por teléfono también durante el trayecto: las Cabinas Miss Miriam. Situado al final del pueblo, junto al campo de fútbol y una playa donde rugía salvaje el mar (en Tortuguero está prohibido bañarse, por las fuertes corrientes). Un albergue de mochileros asequible (unos 15 dólares la noche) con ventilador y baño dentro de la habitación, porche de madera con hamacas y cocina. Relación calidad-precio aceptable.

Cabinas de Tortuguero

Cabinas de Tortuguero

 

El desove de las tortugas verdes:

La propia Myriam nos reservó la excursión que teníamos planeada para esa misma noche y objetivo de nuestro viaje a Tortuguero: ir a ver el desove de las tortugas verdes, cuya época es de julio a octubre. Tortuguero es un Parque Nacional y está absolutamente prohibido ir por tu cuenta. Es obligatorio acceder con un guía autorizado, que te explicará unas normas estrictas, como no poder usar linterna en la playa ni por supuesto echar fotos. Es muy importante no molestar a las tortugas, para que no se asusten y se marchen sin haber acabado la tarea.

El desove de las tortugas en Costa Rica

El desove de las tortugas en Costa Rica, Fuente: Shutterstock

Tengo que decir que esta experiencia ha sido una de las más increíbles de mi vida: de 10 a 12 de la noche nos adentramos desde la selva por caminos imposibles hasta la playa. Nuestro guía, un biólogo muy simpático, nos contó todo sobre las tortugas verdes: cómo han estado en peligro de extinción porque antes los habitantes del pueblo se las comían, y ahora son su medio de vida gracias al ecoturismo. Una vez en la playa avistamos tres tortugas: una saliendo del mar, arrastrando su enorme cuerpo (miden alrededor de un metro o metro y medio de diámetro) hasta la arena para hacer el agujero y depositar a sus futuros descendientes. A otra la sorprendimos en plena tarea, momento en el que la tortuga está en éxtasis y puedes alumbrarla e incluso tocarla mientras deposita en un gran agujero cientos de «pelotitas de pin-pong». Seguidamente, localizamos a otra enterrándolos y volviendo al mar… Impresionante. Coste de la excursión: 10 dólares, los cuales se destinan al parque para seguir protegiendo a las tortugas.

Aquí os dejo un enlace con más información sobre las fechas y zonas de desove de las tortugas, uno de los mejores espectáculos del mundo: observación de tortugas en Costa Rica.

Mapa del desove

Mapa del desove

 

DÍA 3: TORTUGUERO – PUERTO VIEJO.

Por la mañana abandonamos Tortuguero por la misma y única vía posible: el barco. Llegamos a media mañana al embarcadero del puerto de Moín y con alivio comprobamos que nuestro coche (y las maletas que allí habíamos dejado) estaban intactos. Pusimos dirección a Puerto Viejo, al sur de Costa Rica, bordeando la Costa Caribeña.

Por el camino paramos a comer en una soda de carretera. Una simpática señora nos preparó el típico casado con carne asada mientras su marido nos enseñó cómo cortaba los cocos de las palmeras y su plantación de cacao. El casado es el plato es la principal comida de los ticos, siendo los frijoles y el arroz la base, y al que se le añaden todo tipo de variantes que tuvimos el gusto de probar en los siguientes días: pescado o carne, yuca cocida, ensalada, verduras…

Casado

Casado, comida típica en Costa Rica

Por la tarde llegamos a Puerto Viejo, paso fronterizo muy cercano a Panamá, llamado «lugar sin ley». Los hippies y amantes de Bob Marley se balancean en sus hamacas mientras todo el pueblo desprende un agradable olor a marihuana y despreocupación a ritmo de reagge. Varios bares y restaurantes, un par de chiringuitos con cócteles deliciosos y sobre todo una playa preciosa hacen un lugar donde apetece quedarse más de una jornada a relajarse en el Caribe puro.

Manzanillo

Manzanillo, Costa Rica

Nos alojamos en las Cabinas Casa Verde, muy recomendables: son bungalows limpios y espaciosos, con baño y porche, a los que se accede por un hermoso jardín lleno de plantas tropicales con ranitas rojas escondidas entre sus hojas, cangrejos azules y preciosos colibríes chupando con sus puntiagudos picos el néctar de las flores. Por 35 dólares la noche el bungalow doble, también tiene piscina y habitaciones más económicas con baño compartido.

Ranita roja

Ranita roja de Costa Rica

 

DÍAS 4 Y 5 – PUERTO VIEJO, CAHUITA Y MANZANILLO.

Tomando Puerto Viejo como base hay muchos lugares cercanos a los que se puede ir, aunque quedarse relajadamente en la playa con un buen libro es otra opción más que apetecible… En los propios alojamientos ofrecen excursiones para todos los bolsillos: actividades en el mar como kayak, submarinismo, snorkel en los arrecifes de coral, incluso ida y vuelta en un día a las maravillosas playas de Bocas del Toro cruzando la frontera de la vecina Panamá.

Nosotros optamos por ir a la localidad afrocaribeña de Cahuita, mucho más auténtica que Puerto Viejo, a hacer senderismo por el Parque Nacional, cuya entrada se encuentra justo al lado del pueblo. Por un sendero de arena al borde de la playa te adentras entre el frondoso bosque.

Cahuita

Cahuita

Para nuestra decepción, a pesar de los carteles que advertían sobre  NO alimentar a los monos, ni vimos monos ni jaguares… Tan sólo disfrutamos de un relajado paseo en los que nos saludaron varias mariposas gigantes y una enfadada mapache con su hijito a la que asustamos al sentarnos sobre un tronco para descansar junto a la orilla.

Cahuita

Cahuita

Al sur de Puerto Viejo fuimos a una de las playas más bonitas que he visto en mi vida: Playa Manzanilloreserva natural por su gran biodiversidad, a la que mucha gente va paseando en bicicleta, alquilada en Puerto Viejo. De aguas cristalinas y finísima arena, frente a sus costas se encuentra un arrecife de coral donde se puede bucear o hacer snorkel. Simplemente preciosa.

Playa Manzanillo

Playa Manzanillo, Costa Rica

 

DÍA 6: DE PUERTO VIEJO A DOMICIAL o la gran paliza.

Después de conocer la costa caribeña, nuestro deseo era ir al Parque Nacional de Corcovado , el más importante de Costa Rica, y el más extenso, ocupando casi toda la península de Osa. Corcovado es el lugar con mayor intensidad biológica del mundo, es decir de «bicho por metro cuadrado«, y la última selva virgen centroamericana.

El problema: llegar allí. Apartado y recóndito, al sur de Costa Rica pero en la otra orilla, la del Pacífico. Nuestra intención era atravesar la cordillera de Talamanca, trazando una línea recta de costa a costa. A varios lugareños que preguntamos nos dijeron que en época de lluvias era imposible: los caminos están totalmente anegados e inundados por los ríos. Así que tuvimos que volver casi a San José, pasando por Cartago, un viaje de todo un día en la carretera y en el que nos detuvimos a dormir en Dominical, el primer pueblo que encontramos al pisar la costa del Pacífico ya cayendo la tarde, reventados de coche.

Dominical es un pueblo de 4 casas y 3 hoteles, destinados a intrépidos turistas surferos, ya que las olas dan auténtico miedo. Nos quedamos de los 3 hoteles en el más económico, el Domilocos. La visita de varias «amigas antenudas» (cucarachas de considerable tamaño) que campaban a sus anchas por pasillos y habitaciones hicieron que fuera la noche más desagradable que pasé en Costa Rica. Eso sí, su restaurante italiano es más que aceptable en cuanto a cantidad, calidad y precio de la comida.

DÍA 7: DOMINICAL – PUERTO JIMÉNEZ.

Por la mañana emprendimos de nuevo el camino hacia Puerto Jiménez, adentrándonos en la Península de Osa, una maravillosa región completamente selvática y salvaje. Tras un camino lleno de agujeros en los que no podíamos ir a más de 20 km por hora, llegamos a Puerto Jiménezpequeño y recóndito, puerta de entrada al Parque Nacional de Corcovado.

Charcos en el camino, Costa Rica

Carretera a Puerto Jiménez

En Puerto Jiménez establecimos nuestro campamento base para lo que iba a ser la parte más «heavy» del viaje: adentrarnos en el corazón de la selva de Costa Rica y dormir en «La Sirena«, estación forestal. Después de buscar alojamiento (Cabinas Tropicales) compramos provisiones y preparamos la logística para la verdadera aventura. Por la tarde dimos un paseo por el pueblito: así me imaginaba yo al Macondo de Gabriel García Márquez.

Puerto Jiménez

Puerto Jiménez, Costa Rica

Puerto Jiménez

Puerto Jiménez

Ir a Corcovado no es sencillo y no se puede dejar a la improvisación. Se necesita un permiso para entrar que hay que solicitar al propio Parque Nacional, mínimo 20 días antes. Nosotros lo hicimos desde España y también reservamos para poder dormir en La Sirena. La entrada al parque son 10 dólares por persona y día, y dormir en la Sirena, con desayuno y cena, unos 15 dólares más. Una vez dentro del parque, se recomienda ir con un guía autorizado. Está terminantemente prohibido pasear por la noche, ni por los alrededores de la estación forestal. La advertencia es en serio: no sólo viven en total libertad pumas y jaguares; de día nos cruzamos con varias serpientes, incluyendo la terciopelo azul, una de las más mortíferas del mundo, además de alguna que otra tarántula de color naranja chillón. De noche todos estos agradables animalitos salen a cazar. Además en la estación te dan unas instrucciones sobre qué hacer si te encuentras un gran felino (puma, jaguar u ocelote): mirarle a los ojos, coger un palo, gritar y hacer ruido. Demostrarles que no eres comida. Jamás darles la espalda o echar a correr…

¿Un paseíto por la selva?

Serpiente terciopelo azul

Serpiente terciopelo azul, Costa Rica

Para acceder al corazón de Corcovado se puede ir andando o en avioneta. La ruta caminando son 7 horas, atravesando la selva y cruzando varios ríos (que en época de lluvias puede llegar el agua por el pecho). Nosotros fuimos y volvimos en avioneta, decidimos darnos la paliza de andar una vez estuviéramos allí dentro. La avioneta para 4 personas nos costó 500 dólares ida y vuelta, y el trayecto tiene una duración de unos 15 minutos. El piloto, un señor muy agradable, nos buscó a un guía para que nos acompañara en nuestra expedición por la selva, por 100 dólares más. (Alfa Romeo Aero Taxi).

Después de hablar con el de la avioneta, gestionar lo del guía, nos fuimos a dar un paseo por el pueblo y su bahía. Junto a la playa, en unos manglares observamos a varios caimanes durmiendo reposadamente. Nos tomamos una Imperial en una terraza mientras un «zorro» hacía malabarismos en el cable de la luz tendido sobre nuestras cabezas.

DÍA 8: CORCOVADO.

Con gran emoción nos levantamos y a las 8 ya estábamos en el minúsculo aeropuerto subiendo a la avioneta que nos dejaría poco después en Corcovado. Sobrevolar el Parque a donde después nos adentraríamos me dejó impresionada: un mar de árboles apretujados se extendían por la línea de la costa hasta donde la vista podía alcanzar.

Sobrevolando Corcovado

Sobrevolando Corcovado

Poco después aterrizamos en una pista de hierba junto a La Sirena: una estación forestal que me recordó a los campamentos a los que iba de pequeña. Sin luz eléctrica, un baño común para todos, un comedor donde se tocaba la trompeta que indicaba la hora de la comida, y unas habitaciones con colchones y literas de madera. En medio de la selva, a 7 horas caminando del pueblo más cercano.

Con nuestro guía Nato exploramos varios de los senderos de Corcovado, observando como intrusos a las miles de especies que viven desde mucho antes que nosotros allí, en el llamado «bosque primario», árboles tan antiguos casi como la Tierra. Comprendimos por qué se llama «Bosque Tropical Lluvioso», al borde del 99% de humedad, no he sudado nunca tanto como entonces, y a un miembro de la expedición se le estropeó la cámara.

Árbol de higo

Uno piensa (o al menos yo pensaba) que cuando uno va a la selva, nada más entrar lo van a devorar las arañas, los mosquitos o las culebras. Nada más lejos de la realidad. Cuando penetras entre la espesura sólo se percibe vegetación y árboles. Pero, si te quedas en silencio, oirás palpitar la vida. Corcovado es un pulmón verde que rezuma vida por los 4 costados. Pero hay que ir despacio y con cuidado, los animales nos huelen y nos rehuyen. Imprescindible llevar un buen guía con experiencia, que además de no perdernos y llevarnos de vuelta sanos y salvos sepa leer las señales, olfatear a los animalitos y guiarte hasta donde puedas verlos sin molestarles, pasando desapercibido, ya que estás invadiendo su territorio como un invitado non grato.

Guía del parque

Guía del parque

No vimos a los grandes felinos (hay que tener realmente suerte), pero sí monos arañas, que nos recibieron arrojándonos ramas y orinándose sobre nuestra cabeza, preciosos monos ardillas o titís, una vez más aulladores y malhumorados monos capuchinos. Además de simios tuvimos la suerte de cruzarnos con los chanchos (unos jabalíes enormes y malolientes), pecaríes, perezosos, osos hormigueros, caimanes que dormitaban a la orilla del río Sirena, esperando a que suba la marea para ir a devorar tiburones, tucanes, pájaros carpinteros, ardillas plateadas, armadillos, iguanas verdes fosforecentes de considerable tamaño, simpáticas guatusas (una especie de roedor del tamaño de un gato) y hasta una nutria pescando cangrejos en un riachuelo.

Esto es lo que sí vimos en Corcovado…

Monos y más monos…

Mono araña

Mono araña

Guatusas…

Guatusa

Guatusa

Tucanes…

Un tucán

Un tucán

Armadillos…

Armadillo

Armadillo

O chanchos de peculiar  y fuerte olor…

Chancho

Chancho

 

Esto es lo que NO vimos en Corcovado…

Jaguares…

Fuente: www.creatividadinternacional.com

Fuente: www.creatividadinternacional.com

Tapires…

Fuente: www.travelcostarica.nu

Fuente: www.travelcostarica.nu

O el ocelote…

Fuente: www.lince.org.mx

Fuente: www.lince.org.mx

¡Demasiado para sólo una jornada!

Por la noche, tras cenar y una ducha fría a la luz de la linterna, el porche de La Sirena es punto de reunión de todos los aventureros para relatar las experiencias del día mientras se observan como miles de luciérnagas se apagan y se encienden como diminutas lamparitas de noche en los árboles del rededor.

DÍA 9: PUERTO JIMÉNEZ – MANUEL ANTONIO.

Después de una noche de tormenta, durmiendo en un duro colchón y envuelta en una mosquitera, nos levantamos a las 4 de la mañana para intentar ver a los escurridizos tapires, que al amanecer van al río a bañarse y saciar su sed… Llegamos tarde y unas enormes huellas frescas en la arena nos indicaban que ya habían pasado por allí. Después de desayunar y un último paseo por la selva virgen, la avioneta a las 12.00 nos devolvió a Puerto Jiménez, esta vez por la costa.

Sobrevolando la Sirena

Sobrevolando la Sirena

Retomamos el sinuoso camino rumbo a Manuel Antonio, también en la Costa Pacífica, uno de los lugares más turísticos de Costa Rica.

DÍAS 1O Y 11: MANUEL ANTONIO.

Después de las aventuras de la selva, en este remanso de paz, sol y playa paramos unos días para coger fuerzas, disfrutar del buen tiempo y de paso lavar toda la ropa sucia acumulada. ¡Por 7 dólares tener de nuevo la maleta limpia es todo un gustazo! En cuanto al alojamiento: preguntamos en varios hoteles y resort de aspecto lujoso no aptos para nuestros bolsillos, hasta que encontramos unas cabinas asequibles y limpias, con piscina y delicioso desayuno… ¡Y a darnos un baño en el Pacífico!

Manuel Antonio

Manuel Antonio, Costa Rica

Manuel Antonio está plagado de turistas, pero no por ello deja de tener unas playas preciosas, rodeadas de exhuberante selva, parque natural, donde en sus árboles dormitan los malvados monos capuchinos o cara blanca (el guía de Corcovado nos contó que el resto de monos huyen de ellos ya que se comen a sus bebés…) Parece que los visitantes tampoco son de su agrado: me enseñaron los dientes cuando les eché unas fotos.

Monos cara blanca

Monos cara blanca

Hay mucho sitios para comer en Manuel Antonio, lujosos y baratos. Nosotros encontramos junto a la playa una terraza donde servían abundantes raciones de pescado fresco delicioso, y por supuesto, que no falte la imperial, y el relajarse en la playa… ¡Que son vacaciones!

Manuel Antonio

Manuel Antonio

Playa Manuel Antonio

Playa Manuel Antonio

En Manuel Antonio se me acabó el RELEC, y allí no saben ni qué es. En una farmacia pedí el repelente más fuerte que tuvieran… Y no sirvió de nada. Todo lo que no me había picado en la selva empezó a acribillarme con gusto.

DÍA 12: MANUEL ANTONIO – LA FORTUNA – Un desagradable incidente.

Después de un merecido descanso, pusimos rumbo al norte de Costa Rica: a unos 150 kilómetros de San José se encuentra el volcán Arenal, en el pueblo de La Fortuna, otro lugar mítico para el turismo por su cercanía a la capital.

He de decir que a mí me hubiera gustado haber pasado por Monteverde, bosque nuboso en las montañas interiores, famoso por los circuitos de tirolínea. Pero uno del grupo ya había estado, y argumentó que no quería volver porque el camino era extremadamente malo, por lo que decidimos ir directamente al volcán Arenal.

Parada casi obligatoria en medio del camino es el río Tárcoles: asomarse para ver bajo tus pies a los caimanes más grandes de todo América. Conté unos 7 caimanes sólo a ese lado de la orilla.

¿Nos damos un bañito? Je je je

Río Tárcoles

Río Tárcoles

Poco a poco dejamos atrás la costa del Pacífico para llegar al interior de Costa Rica, zona montañosa, donde la selva se convierte en «bosque nuboso» y hace un clima más fresco.

Después de comer divisamos el volcán Arenal, agrandándose conforme nos íbamos aproximando. Una montaña solitaria y altiva, casi sin vegetación, color ceniza, demuestra que en su interior duermen las entrañas de la tierra dispuestas a salir a la superficie en forma de lava en cualquier momento. Hacía meses que estaba tranquilo, sólo una pequeña columna de humo se elevaba desde su cono. Aún así, resultaba majestuoso alzándose entre la espesura dominando el horizonte.

Volcán Arenal

Volcán Arenal

En la base del Arenal se asienta el turístico pueblo de La Fortuna. Desafiando la ira del volcán, en este pueblo han proliferado hoteles y balnearios de aguas termales. Aprovechando que era temporada baja y estaban todos prácticamente vacíos, nos alojamos en el Volcano Arenal, un 4* a mitad de precio.

Por la tarde, cuando fuimos al supermercado a comprar provisiones, en el parking nos sucedió un desafortunado incidente: al dar marcha atrás golpeamos el coche de un tico que además del susto le hundimos media puerta. Manteniendo la calma, procedió al protocolo habitual en estos casos: casi nadie tiene seguro (momento de alegrarnos por haber contratado un todo riesgo) por lo que se llama a la policía para que haga el atestado. Llegaron tres oficiales en sus motos con sus carpetas y sus cámaras de fotos, a ver qué había pasado. En ese momento creo que estaba todo el supermercado (clientes y empleados) contemplando el espectáculo… Y, nada más bajarse el policía, nos preguntó: «¿lo quieren arreglar por las buenas o por las malas?» A lo que por supuesto contestamos: «por las buenas, por las buenas… Tenemos seguro». Pues no, después nos enteramos que eso era «por las malas». A saber: «las buenas», se da dinero al afectado (lo que se acuerde) y a la policía. Y aquí no ha pasado nada. Como decidimos arreglarlo «por las malas», tuvimos que llamar al seguro y al día siguiente desplazarnos a resolver todo el papeleo a Ciudad Quesada, centro administrativo de la zona, visita a la que para nada contaba entre nuestros planes… Así que nos fuimos a dormir, ¡vaya tardecita!

DÍA 13: LA FORTUNA

Nos levantamos bien temprano para poder bajar a la catarata de La Fortuna antes de ir a arreglar el papeleo del incidente. La cascada es una maravilla natural, con una bajada de 700 escalones: qué bien sienta un refrescante baño en sus agitadas aguas.

La Fortuna

La Fortuna

La visita a la para nada atractiva Ciudad Quesada y la espera en el Centro Nacional de Seguros nos sirvió para conversar con varias personas, que nos recomendaron el mejor restaurante de La Fortuna, al que van los ticos: La Garrapata. Excelente elección, a la entrada del pueblo, junto al supermercado. Comida buenísima y a precio excelente. El dueño, un simpático señor aficionado a los rodeos, nos invitó a un licor elaborado por él mismo que levantaría hasta un muerto. Todo un personaje. Recomendable 100%.

Para terminar un día de muchas emociones, qué mejor manera que relajarse en un spa al aire libre con aguas termales de los múltiples que ofertan en los alrededores del Arenal. Nos decidimos por uno de los más grandes y más típicos: Baldi. Por unos 30 dólares disfruté como una enana de jacussi en jacussi y tomándome un cóctel sin salir de la piscina.

Después nos explicaron que cerca de allí, siguiendo la carretera, se llega al río, donde los ticos van a bañarse gratis a unas pozas naturales con agua caliente del propio volcán… De haberlo sabido, no habríamos hecho «la turistada», je je.

DÍA 14: LA FORTUNA – RÍO CELESTE.

Después de un magnífico desayuno con frutas tropicales como piña y mango y nuestro delicioso zumo de papaya, pusimos rumbo a un lugar mucho menos turístico y más inaccesible: El Río Celeste, junto al volcán Tenorio. Cogimos la ruta del norte, rodeando la laguna del volcán Arenal con vistas espectaculares y un camino infernal lleno de, como dirían en mi pueblo, «cantos rodaos». Ese día me tocó conducir a mí (íbamos haciendo turnos) y acabé con dolor de muñeca y contracturas en la espalda.

La entrada a Río Celeste no está ni mucho menos bien señalizada, nos despistamos al pasar el alegre pueblo de San Rafael de Guatuso y acabamos en Upala, muy al norte y ya al borde de la frontera con Nicaragua. Tocó dar la vuelta y preguntar varias veces… Hasta que al fin dimos con la salida. La carretera era aún peor. A la hora de comer por fin llegamos al volcán Tenorio, parque natural y bosque nuboso. La diferencia con la selva tropical es que el bosque nuboso es de un verde más similar a nuestros bosques atlánticos, con todo tipo de helechos y trepadoras. Antes de buscar alojamiento paramos a comer en la única soda que había en los alrededores. Una simpática familia nos sirvió un casado y un refresco de guanábana, mientras otro señor nos intentaba vender una palmera.

Los sitios para dormir cerca de la entrada al Parque por el que se accede a Río Celeste son más que escasos. No hay pueblo cerca, sólo un eco-alojamiento de cabañas de madera, con la ducha estropeada, (Cabinas), justo en la entrada del parque y un súper resort alucinante, un poco más adelante, que estaba totalmente vacío por ser temporada baja. Nos quedamos en el resort, (Hotel Hidaway) por el «módico» precio de 120 dólares la noche y con el trato de dejarnos las maletas y darnos una ducha a la vuelta de la ruta por el parque al día siguiente. Fue un capricho lujoso pero mereció la pena. La habitación era inmensa, con jardín, porche con tumbonas, y ¡un jacuzzi privado! Una habitación por la que en España no pagarías menos de 300 euros la noche… Así que tarde libre de relax en el jacuzzi.

Súper hotel

Súper hotel

Por la noche cenamos en el restaurante del hotel, no había más opción. Éramos los únicos clientes, por lo que el simpático camarero se dedicó a darnos palique: amante de las serpientes venenosas, nos contó todos los tipos que abundaban por allí y cómo distinguir a la coral de la falsa coral, por ejemplo… También nos contó que esa misma semana en el hotel habían capturado 2 ó 3, aunque ahora había muchas menos, desde que usaban un veneno especial de las plantaciones de piña, porque antes podían coger 2 ó 3 por día… Con esos alegres pensamientos me fui a dormir alumbrando el sendero con la linterna. Casi muero del susto  al cruzarse dos preciosas guatusas… A las 4 de la mañana nos despertaron los monos aulladores, con sus cantos de jaguares y su baile entre las ramas.

DÍA 15 – RÍO CELESTE – PLAYAS DEL COCO.

Con el aullido de los monos retunbando en mi cabeza, llegamos a la entrada al parque del volcán Tenorio. Nos constó 10 dólares y nos ofrecieron un guía por 10 dólares más. No aceptamos: a las 13 teníamos que estar de vuelta al hotel para recoger las cosas y darnos una ducha.

En unas 4 horas completamos el paseo, perfectamente señalizado, por el bosque nuboso hasta el Río Celeste. Cuando encontramos el cauce del agua me quedé sin palabras. Fiel a su nombre, su color azul pitufo se lo debe a los silíceos procedentes del volcán Tenorio.

Río Celeste

Río Celeste

Río Celeste

Río Celeste

Ascendimos todo el curso del río y llegamos hasta los teñideros, donde por una corriente submarina el río pasa de color cristalino al azul celeste.

Los Teñidores

Los Teñidores

Por último bajamos hasta la cascada, simplemente preciosa.

Cascada río Celeste

Cascada río Celeste

De vuelta al hotel, recogimos y marchamos en dirección a la Costa del Pacífico Norte. Después de todas nuestras aventuras, los últimos días de vacaciones decidimos gastarlos en descansar en la playa.

DÍA 16 – PLAYAS DEL COCO.

Playas del Coco es un pueblo turístico y sin encanto, y la playa no tiene nada de especial. Lleno de lugares de fast food y escandalosos pubs llenos de guiris borrachos, escapamos a las playas de alrededor, buscando algo más virgen y auténtico.

Península de Nicoya

Península de Nicoya

En Playa del Coco nos alojamos en el hotel Puerta del Sol, alejado de la playa y el bullicio. Limpio y agradable, con habitaciones muy espaciosas con porche. Regentado por una señora argentina simpatiquísima, y su gata blanca con la que en seguida intimé, apodándola «Guatusa». Gracias a la señora descubrimos Playa Hermosa, que hace honor a su nombre, y Playa la Penca, una maravillosa cala escondida en la que estuvimos completamente solos.

Playa la Penca

Playa la Penca

En Playa Hermosa comimos una sabrosa langosta (típica del lugar) en una soda-chiringuito junto a la arena. Allí conocimos a unos cooperantes catalanes que acababan de llegar de Nicaragua. Venían impresionados por la pobreza extrema con la que se habían encontrado. Según ellos, «Costa Rica es el paraíso». Una preciosa iguana verde trepó en ese momento por un árbol, y se quedó quieta mirándonos con sus ojos ambarinos. «Allí ver esto es imposible, me dijo el más mayor, todos los animalitos se los comen…»

DÍAS 17 – 18 Y 19: TAMARINDO.

Vista ya Playas del Coco y alrededores, donde por cierto nos volvieron a despertar los monos aulladores al amanecer, nos deplazamos un poco más al sur, a la típica Tamarindo, lugar mítico para practicar surf. Estos tres últimos días nos alojamos en Villa Macondo, un excelente lugar bastante limpio y asequible, tranquilo y con piscina, y otra simpática gata que, para disgusto del resto, también se hizo mi amiga y por supuesto bauticé como Guatusa II.

Playa Hermosa

Playa Hermosa

Además de descansar en la playa, tomar cervecitas y tapas de ceviche en las terrazas, y pasar toda una mañana cogiendo olas (el surf es divertidísimo, cogimos un monitor de los muchos que hay por la playa, 2 horas: 25 dólares por persona), fuimos a Reserva Conchal, una playa preciosa rodeada de selva y a Playa Grande, al Parque Nacional Marino, con la esperanza de ver desovar a las tortugas baulas, las tortugas prehistóricas gigantes más grandes y antiguas del mundo, en peligro de extinción (sólo quedan unas centenas). No tuvimos suerte, ya que a diferencia de las tortugas verdes la época de desove es de octubre a febrero. Pero tiene que ser impresionante ver a estos animales, que de diámetro pueden medir entre 2 y 3 metros, en su ciclo vital volviendo cada año a donde nacieron para depositar en la arena a la nueva generación.

Surf

Surf

 

DÍA 20: TAMARINDO – SAN JOSÉ.

El último día consistió en 5 horas de coche de regreso a la capital, San José, directos al aeropuerto para coger el vuelo de vuelta a Madrid… Con la mochila repleta de imágenes y recuerdos maravillosos. Costa Rica ya ocupa uno de mis lugares top ten.

Aquí os dejo soñando con un atardecer en el Pacífico…

Tamarindo

Tamarindo, Costa Rica

#Bloggerpostamigo: «El pueblo de Tortuguero» del Blog de Viajes de Pumuki.

#Bloggerpostamigo: «Costa Rica» de Viajandoimagenesysensaciones.

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Hola Cosmopolilla, enhorabuena por tu blog. Me gusta mucho 🙂 Un día lo descubrí por casualidad mientras estaba buscando informaciones sobre Granada. Es que había estado allí de Erasmus, hace mucho tiempo ya ;-), pero tengo muy buenos recuerdos de aquellos momentos vividos en tu ciudad, de hecho, son unos… Leer más »

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