Kristina de Noruega, la princesa de Covarrubias
Castilla y León España

La triste e increíble historia de la princesa vikinga de Covarrubias

Escrito por la
el
5 abril, 2021

Covarrubias, 1958. Unas obras de remodelación en la gótica Colegiata de San Cosme y San Damián -uno de los principales tesoros que ver en Covarrubias, Burgos– descubren un sepulcro medieval tapiado por una pared. En su interior, los restos de una mujer noble muy alta para ser de la época (un metro setenta de estatura), ricos ropajes y un pergamino con versos de amor. No podía ser otra que Cristina de Noruega, la hija del rey Haakon IV. Una joven que embarcó en un viaje de no retorno hacia Castilla en 1257 con triste desenlace. La princesa de Covarrubias, lejos de los suyos, no soportó el clima del sur. Sin descendientes y con una promesa no cumplida, la infanta vikinga por fin ha logrado el descanso 700 años después de su epopeya. Esta es su historia.

Sepulcro de Kristina de Noruega en la Colegiata de Covarrubias

Sepulcro de Cristina de Noruega en la Colegiata de Covarrubias

Cristina de Noruega, la princesa vikinga de Covarrubias.

En una Europa convulsa de guerras, intrigas, conspiraciones y aspiraciones a ostentar el título de Emperador del Sacro Imperio Romano, el rey de Castilla Alfonso X llamado el Sabio soñaba con cargar esa corona. Para ello forjó lazos de amistad buscando apoyo en los reinos del norte. Así fue como el rey de Noruega acordó mandar a su hija Cristina –Kristina Håkonsdatter en nórdico a la corte castellana, para casar con alguno de los hermanos del rey. La joven princesa, de 23 años, se embarcó en el puerto de Tonsberg despidiéndose de su pueblo para siempre. Su viaje por mar y tierra demoró casi un año hasta las lejanas tierras castellanas.

Cuadro de la princesa Kristina en la ermita de San Olav

Cuadro de la princesa Cristina en la ermita de San Olav

La princesa fue recibida con grandes agasajos por parte de la corte, esperándola el rey Alfonso X en la ciudad de Palencia para escoltarla con su ejército hasta Valladolid, donde residía la familia real por aquel entonces. Se dice que Cristina había quedado gratamente impresionada por la ciudad de Burgos, donde había celebrado la Navidad en el monasterio de las Huelgas con doña Berenguela, la hermana del rey. Su belleza nórdica también había calado en la corte, solicitando su mano incluso el vecino rey Jaime I de Aragón, siendo declinada puesto que Cristina tenía como cometido trabar alianza con Castilla. Hay que indicar que la princesa gozaba del “privilegio” de poder escoger con quién de los cuatro hermanos del rey Alfonso quería desposarse tras conocerlos en persona.

Felipe, abad de Covarrubias.

El elegido por la princesa, con el beneplácito del rey Alfonso X, fue el príncipe Felipe. Con 26 años era un infante culto y, a diferencia de sus hermanos mayores, no había sido educado en el arte de la guerra o la política sino en literatura, historia y teología, ya que su destino estaba ligado a servir a la iglesia. En su adolescencia, el joven príncipe había estudiado en París con Alberto el Magno, siendo a su vuelta nombrado abad de la Colegiata de Covarrubias. Con sólo 21 años, el infante ya era arzobispo de Sevilla. Sin embargo, el mismo rey autorizó la dispensa de Felipe para abandonar su gran cargo eclesiástico y poder así desposarse con la princesa nórdica. Cristina de Noruega y Felipe de Castilla se casaron en Valladolid, en 1258.

Colegiata de Covarrubias en Burgos

Colegiata de Covarrubias en Burgos

Covarrubias es en la actualidad uno de los pueblos más bonitos de Burgos, ¡y también de España!

La promesa incumplida: la capilla de San Olav.

El príncipe sacerdote, dicen las crónicas, era un gran erudito de muy buena pluma. Adoraba a su esposa de cabellos dorados y ojos de hielo, por cuyo amor compuso largos versos de los que sólo se conservan los últimos, hallados en la tumba. El joven matrimonio abandonó Castilla y se instaló en el sur, en la ciudad de Sevilla. La princesa Cristina nunca se llegó adaptar y al parecer aquejaba de nostalgia. Echaba de menos la nieve y los paisajes verdes del norte, sin poder soportar el calor estival. Sólo cuatro años después de haber llegado a la península enfermó de unas fiebres y murió sin descendencia. Era el año 1262; sólo tenía 28 años. Pero antes había arrancado a su marido una promesa: la de construir una capilla en honor a San Olav, el patrón de Noruega, en tierras castellanas donde poder rezar. Felipe nunca cumplió su promesa y depositó sus restos en un sepulcro de piedra labrada en la Colegiata de Covarrubias, allí donde fue abad en su temprana juventud.

La Colegiata de Covarrubias, Burgos

La Colegiata de San Cosme y San Damián, donde está el sepulcro de la princesa de Covarrubias

La ermita de San Olav en Covarrubias.

El sarcófago de Cristina quedó relegado al olvido en una esquina del claustro, sin que nadie le prestase atención durante siglos… Hasta los años 50. Siete siglos después, en 1992, se creó la Fundación Princesa Cristina de Noruega. Su objetivo: cumplir la promesa construyendo la Ermita de San Olav en Covarrubias. Al estilo noruego, de madera y metal en un edificio un tanto futurista, en un prado en mitad de la naturaleza se alza por fin un templo dedicado al patrón de Noruega, tal y como quiso la princesa, pero en el siglo XXI. Su ubicación, a tres kilómetros de la Colegiata, donde yace Cristina. La princesa que abandonó su país para siempre con el cometido de casarse con un príncipe extraño. En este pueblo burgalés hoy se honra su memoria. Como habitante póstuma que sigue teniendo flores frescas a sus pies, 700 años después de su muerte: la eterna princesa de Covarrubias.

Interior de la ermita de San Olav en Covarrubias

Interior de la ermita de San Olav en Covarrubias

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