Fisterra

Fisterra, camino al fin del mundo

El destello de una luz guía que gira lentamente marca el fin de mi pasos. Me detengo junto al último árbol, que agita sus ramas bajo un viento implacable que me hace temblar de frío. La inmensidad del océano grisáceo me rodea y me hace sentir chiquitita. Sí, aquí debe ser. El Cabo Fisterra. Éste es el fin del mundo, el «finis terrae» que decían los romanos.

Faro de Fisterra

Faro de Fisterra

Punto de inicio: Santiago de Compostela. 

Mi peregrinación en busca del fin del mundo comienza en Santiago de Compostela, una ciudad que por muchas veces que la pise siempre logra dejarme sin palabras la mera presencia del Obradorio, la catedral de las catedrales. Hoy la encuentro en obras, se nota que es año Xacobeo y la están poniendo bonita para el gran día del verano, cuando la gran masa de peregrinos inundará cada recoveco. Ahora, en pleno invierno, sólo me cruzo con un par de valientes aventureros dispuestos a desafiar las inclemencias meteorológicas.

Peregrino en Santiago de Compostela

Peregrino en Santiago de Compostela

Llueve a intervalos y me pierdo por sus callecitas y soportales, las fachadas de piedra con sus escudos de armas grabados, una foto en la plaza de las Platerías, una parada en los bares de la Rúa da Raiña. Una copa de Ribeira Sacra, un trozo de empanada gallega, un pincho de mejillones en O Gato Negro… Y acabo cenando en una de las mejores pulperías de Santiago: el Deulpo en la plaza de San Roque. Aunque no lo pongan con cachelos está en su punto, simplemente delicioso.

Pulpo a feira, Santiago

Pulpo a feira, Santiago

Esa noche me duermo con el eco de las campanas de la catedral, de fondo, mezclado con el repicar de las gotas de lluvia sobre el cristal…

Santiago de Compostela

Santiago de Compostela

Después del breve paseo cultural y gastronómico del día anterior digo adiós a Santiago y pongo rumbo a Fisterra. En lugar de trazar una línea recta me dispongo a dar un rodeo bordeando el litoral, en busca del Atlántico de más fiera belleza. El cielo está oscuro y amenaza tormenta. El lateral del sendero es verde profundo, salpicado de charcos. Esto es Galicia y llueve sobre mojado.

Camino de Santiago a Fisterra

Camino de Santiago a Fisterra

Primera estación: Noia.

Por fin entre bosque y montaña se abre el mar, mezclándose con la desembocadura del río Tambre. Nuestra primera parada es Noia, a 40 kilómetros de Santiago y al sur de la ría que comparte con Muros, la más septentrional de las Rías Baixas. El viento y la lluvia me da la bienvenida entre protestas de gaviotas y la zozobra de las barquitas en la subida de la marea. El pueblo está desierto en este sábado invernal.

Noia

Noia

Camino junto a la iglesia medieval de San Martín, de piedra gris con un rosetón gótico en la fachada. Voy en busca del cementerio que, como toda población de origen celta, se encuentra en el centro del casco urbano. ¿Qué tiene de particular? Pues que se trata de una necrópolis cuyo origen se pierde en la oscuridad de la Alta Edad Media. Cuenta la leyenda que parte de su tierra fue traída desde Palestina por sus navegantes.

Cementerio de Noia, Galicia

Cementerio de Noia, Galicia

Pero lo más interesante son las laudas gremiales: lápidas con símbolos que aluden a la ocupación de los que allí reposan su sueño eterno.

Lápidas gremiales del cementerio de Noia

Lápidas gremiales del cementerio de Noia

Lauda, cementerio de Noia

Lauda, cementerio de Noia

La lluvia arrecia y sorprendemos a dos sepultureros en plena faena. No hemos elegido un buen momento: la iglesia de Santa María a Nova, donde se encuentran las lápidas gremiales más interesantes, se prepara para un funeral. Tras la verja comienza el desfile de paraguas negros. Allí sobramos y además es medio día, así que nos vamos a almorzar.

Cementerio de Noia

Cementerio de Noia

Enfrente del cementerio en el Mesón Senra disfrutamos de la gastronomía de la tierra con platos caseros a precio muy razonable: un caldo gallego para calentarnos; una empanada de millo rellena de bacalao y pasas; unas zamburiñas a la cazuela y, de postre, una tarta de crema de orujo.

Gastronomía gallega

Gastronomía gallega

Segunda parada camino del fin del mundo: O Ézaro.

Con la tripa feliz nos ponemos de nuevo en ruta. La montaña de bosque Atlántico de un lado, el mar agreste al otro. Dejamos atrás pueblos marineros, de playas de arena dorada y acantilados vertiginosos. Muros, Lariño, Lira, Sofan, Caldebarcos, Carnota, Quilmas… Pasado O Pindo toca parar en uno de los lugares más espectaculares de Galicia: la Cascada de Ézaro, en la que el río Xallas desemboca al mar en un salto de 40 metros de altura. El vapor que desprende la cascada se eleva varios metros, empañando el objetivo. La fuerza del agua al precipitarse y el sonido que retumba entre las paredes del monte Pindo genera una postal visual y acústica que me trae recuerdos de paisajes muy al norte. Parece que en lugar de España estoy en las Highlands de Escocia o en los fiordos de Islandia.

Cascada de Ézaro

Cascada de Ézaro

A pesar del viento y la lluvia seguimos subiendo hasta el Mirador de Ézaro, siendo consciente de que ya estoy muy cerca de Fisterra, mi objetivo. La vista se pierde en la amplitud del horizonte. Qué pena que haga tan mal tiempo… Estas vistas con un día soleado tienen que ser para quedarse sin aliento.

Mirador de Ézaro

Mirador de Ézaro

Fisterra, el pueblo del fin del mundo.

Un poco más y ya casi toco el fin del camino. Cee, Corcubión, Sardiñeiro de Abaixo se deslizan a un lado sin apenas reparar en su presencia, con los ojos pendientes del piquito que se adentra en el mar…

Cabo Finisterre

Cabo Finisterre

Fisterra resulta ser un pueblo pequeño, de calles empedradas y solitarias. El aire helado proveniente del mar no deja tregua. Sólo encuentro dos gatos taciturnos a los pies de su iglesia antigua. Las olas saltan sobre las rocas bajo el Castillo de San Carlos, construido en el S.XVIII para proteger a la población de los ataques corsarios. Esta noche duermo aquí, en el hotel rural más occidental de Europa (Hotel Spa Finisterrae).

Castillo de San Carlos

Castillo de San Carlos

El pueblo se acaba pero la carretera continúa tres kilómetros más, hasta el faro. El fin de la tierra es un acantilado abrupto rodeado de prados verdes. Cuenta la tradición que sobre este monte los romanos encontraron un altar al sol, erigido por los pueblos primigenios. Hoy sigue siendo un lugar místico y sagrado, el kilómetro 0 del Camino de Santiago, a donde llegan los peregrinos y queman sus ropas en un ritual de purificación. Aquí no queda otra que decir adiós al pasado, volver a nacer.

Camino de Santiago, Kilómetro 0

Camino de Santiago, Kilómetro 0

La borrasca no me permite despedirme del astro rey. Está anocheciendo y la luz del faro acaba de prenderse, dispuesta a guiar a los barcos en la peligrosa travesía en esta Costa de la Muerte, que tantas vidas y naufragios se ha cobrado en sus traicioneros arrecifes.

Faro de Fisterra, Coruña

Faro de Fisterra, Coruña

Y en este cabo azotado por el viento y el mar furioso me pongo en paz conmigo misma. Siento que como ente vivo me fundo con el entorno. Y formulo un deseo. Porque sé que al otro lado de esa línea recta ya no hay un abismo.

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Netikerty

Que bonito escribes, me ha gustado mucho, mucho. Me he quedado sin palabras

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