Wakayama, un viaje al corazón espiritual de Japón

Kumano Nachi Taisha, qué ver en Wakayama

Sentí un flechazo instantáneo. Una cascada precipitándose al vacío por una pared frondosa tras una pagoda de tres pisos, pintada en rojo y verde. Estaba inspirándome en imágenes de Japón con Instagram -o tal vez soñando un poco- y nunca había oído hablar de Wakayama. Anoté el nombre: Kumano Nachi Taisha, y tecleé en Google. Dos datos interesantes aparecieron junto a esa imagen de postal: la cascada más alta de Japón, con 133 metros de altura y una ruta de peregrinaje llamada Kumano Kodo. Estaba empezando a planificar mi itinerario por el país del Sol Naciente y sólo tenía más o menos claro Tokio, Kioto (¿quién no?) e Hiroshima. Justo en ese momento decidí sumar esta región al sureste de Osaka, dispuesta a descubrir todo lo que ver en Wakayama.

Cascada de Nachi

Cascada de Nachi

Qué ver en Wakayama, un viaje al corazón espiritual de Japón. 

Dos meses más tarde, un vuelo interno Narita – Kansai me traslada desde el Japón más cosmopolita al núcleo de la tradición en Koyasan. Hoy, echando la vista atrás, puedo asegurar que visitar Wakayama ha sido lo más fascinante de mi viaje a Japón. A continuación, te voy a explicar por qué y a darte un buen puñado de razones para incluir a esta región en tu trayecto.

Cementerio de Okuno-in

Cementerio de Okuno-in

Mapa de la ruta por Wakayama:

Qué ver en Wakayama en 4 días:

Día 1: Koyasan.

2: Hongu y senderismo por Kumano Kodo.

Día 3: Shingu y Nachi Katsuura.

4: Kushimoto y Shirahama.

Koyasan, el legado del maestro Kukai.

Desde el mar a pie de pista en Kansai, he llegado a un paisaje de valles y montañas, cubiertas de un tupido bosque. La Dai-mon gate da la bienvenida al lugar más sagrado de Japón. Koyasan es una elevada meseta donde se instaló el maestro Kukai (Kobo Daishi tras su muerte), fundador de la escuela Shingon de budismo esotérico hace 12 siglos. Rápidamente, su sabiduría se extendió por todo el archipiélago, creándose templos y atrayendo a miles de creyentes. Hoy Koyasan, con más de cien santuarios y monasterios activos, sigue siendo lugar de peregrinaje en busca del enriquecimiento espiritual o cultural.

Templos de Koyasan

Templos de Koyasan

Complejo de Garan.

Todo un día no basta para recorrer la inmensidad de Koyasan. Los templos más importantes son los que alberga el complejo de Garan, donde me descalzo para asomarme al salón dorado de Kondo. Consagrado al Buda de la curación, rodeado de mandalas y pinturas murales de enseñanzas budistas, su rostro sólo es visible a los monjes. Bajo el árbol sagrado, los fieles buscan hojas de tres puntas que les otorguen buena fortuna. Se dice que los pilares de la Gran Pagoda color naranja, protegida por el Buda del cosmos, fueron pintados por el propio maestro Kokai.

Pagoda de Garan, Koyasan

Pagoda de Garan, Koyasan

Templo de Kongobu-ji.

En Kongubu-ji me ofrecen un té frío para paliar el calor. Este templo – palacio, residencia del abad de Koyasan y donde se aloja el Dalai Lama en sus esporádicas visitas, es la sede de la escuela budista Shingon. Su impresionante jardín de rocas es el más grande de Japón. Fueron traídas de Shikoku, el lugar natal del maestro Kokai, y simbolizan dos dragones protectores.

Templo de Kongobu-ji

Templo de Kongobu-ji

El cementerio de  Okuno-in.

Pero a mí lo que más me impacta es el viejo cementerio de Okuno. Una infinita necrópolis con miles de estupas en un frondoso bosque de cedros centenarios. Senderos de piedra, panteones de samurais y nobles contrastan con estatuas dedicadas a los no natos y las ofrendas de las grandes compañías. Tras el puente de Mimyo-no-nashi, después de verter agua del río sobre las estatuas de Jizo como ofrenda a los difuntos, se encuentra el mausoleo del maestro. Las luces de los cientos de farolillos alumbran el que llaman lugar más sagrado de Japón. Aquí los peregrinos hacen sus ofrendas y ruegan en silencio por sus peticiones. Y es que, según cuenta la leyenda, Kukai nunca murió y sigue meditando en su tumba a la espera de la llegada del futuro Buda.

Cementerio de Okuno, estupas

Cementerio de Okuno, estupas

Okuno es, sencillamente, sobrecogedor. Un espacio de paz y de luz que sientes cómo te impregna. Lo recorrí de día y de noche, penetrando al mausoleo de Kukai en penumbra y resultó una experiencia extraordinaria. Lo situaría en el top no sólo de cosas que ver en Wakayama, si no en todo Japón. Y eso que no soy una persona religiosa ni especialmente espiritual.

Cementerio de Okuno por la noche

Cementerio de Okuno por la noche

Dormir en un templo de Koyasan. 

La vivencia de visitar Koyasan no estaría completa sin pasar la noche en uno de sus monasterios-logdes. Regentados por monjes, sus puertas cierran a las 22 horas y se puede asistir al amanecer a la ceremonia de la mañana. Las habitaciones son en tatami y futón tradicional y la cocina, íntegramente vegetariana según los preceptos del budismo Shingon. Yo me alojé en Soji-in, justo al lado de Garan, aunque el tour nocturno por el cementerio de Okuno lo hice desde el templo de Eko-in, donde también ofrecen alojamiento. En la ceremonia de la mañana no está permitido filmar ni tomar fotografías. He de decir que me sorprendió lo exquisito de la cocina, así como la variedad de texturas, colores y sabores del menú budista.

Alojamiento en un templo de Koyasan

Alojamiento en un templo de Koyasan

Cena vegetariana budista

Cena vegetariana budista

Kumano Kodo, el camino de Santiago japonés.

Segundo día en la prefectura de Wakayama y ponemos rumbo a Hongu. Por el antiguo camino de Kumano se dirigen los peregrinos hacia el gran santuario de Hongu Taisha. La ruta inicial, recorrida por emperadores desde tiempos ancestrales, parte de Kioto y pasa por Osaka y Tanabe antes de adentrarse por los bosques y montañas de Wakayama. Hoy es Patrimonio de la Humanidad y está hermanado con el Camino de Santiago, pudiendo sellar la credencial con las estampas en cada etapa. Tras caminar gran parte del día por un precioso sendero, paso bajo el torii más grande del mundo, rodeado de verdes arrozales.

Kumano Kodo

Kumano Kodo

Gran Torii de Kumano Kodo

Gran Torii de Kumano Kodo

Hongu, la villa termal.

Después de caminar (y sudar) todo el día, nada mejor para relajarse que un onsen. Como islas volcánicas, las aguas termales de japón se disfrutan en pequeñas piscinas naturales donde darse un humeante baño, al aire libre o en la intimidad de un onsen privado. Probé ambos en Hongu, uno de los destinos favoritos nipones de «hot-spring». Y creo que me quedo con tumbarme en el lecho del río al atardecer, donde cada cual puede construirse su propio onsen de agua caliente cavando con las manos.

Onsen privado

Onsen privado, ¡el agua está a 90 grados!

Onsen en el río

Onsen en el río

En esta zona de Wakayama, se dice que el agua procedente de los onsen tiene propiedades curativas. En algunos ryokanes de Hongu, casas de huéspedes tradicionales, la usan para cocinar. De esta cocina «curativa» y una tranquila estancia, de nuevo sobre futón, pude deleitarme una noche en el Kameya Ryokan.

Hongu, villa termal de Wayakama

Hongu, villa termal de Wayakama

Paseo en bote por el río de Kumano-gawa hasta Shingu.

Mi ruta de peregrinaje por Wakayama continua. Esta vez camino de Shingu por el río, en un pequeño bote a través de un bello cañón hasta el borde del océano Pacífico. Shingu es una ciudad marítima rodeada de montañas, con varios templos centenarios como Kumano Hayatama Taisha Grand Shrine y Kamikura jinja Shrine, al que una empinada escalinata premia el esfuerzo con una bonita panorámica.

Paseo en río por Kumano gawa

Paseo en río por Kumano gawa, qué ver en Wakayama

Templos de Shingu

Templos de Shingu

Kumano Nachi Taisha.

La tarde es para cumplir el hito, lo que primero me sedujo de Wakayama. Ascender hasta la pagoda de Kumano Nachi y contemplar la cascada más alta de Japón, precipitándose con 133 metros de altura. Me descalzo, camino, escribo mi deseo en la tablita y paso bajo el árbol sagrado. Pronto arderán mis palabras y llegarán a los dioses, me susurró el monje. Los santuarios de Nachi son otros de los míticos en un viaje espiritual a la tradición de Japón.

Árbol sagrado de Kumano Nachi Taisha

Árbol sagrado de Kumano Nachi Taisha, qué ver en Wakayama

Con 133 metros de altura, la impresionante cascada de Nachi es uno de los lugares top que ver en Wakayama. 

Cascada de Nachi, Wakayama

Cascada de Nachi, Wakayama

Nachikatsuura, la ciudad del atún.

¿Más experiencias auténticas que hacer en Wakayama? Vestirme con el traje tradicional de peregrina de Kumano Kodo, en la tienda de una simpática costurera a los pies de Nachi Taisha. Tres capas pesadas, sombrero y un botiquín para las vicisitudes del camino. Después, pasear por la bahía de Nachikatsuura con un animado mercado y restaurantes donde dicen servir el mejor atún de Japón. Yo lo probé en Bodai, uno de los restaurantes más típicos, y ¡estaba exquisito!

Traje típico de Wakayama

Traje típico de Wakayama

Sushi en Wakayama

Sushi en Wakayama, restaurante Bodai

Al borde del mar en Kushimoto.

Mi última noche en Wakayama despido al sol en el océano junto a las Hashigui-iwa Rocks, otro lugar de leyenda. Según la tradición, son los pilares de un puente que alzó Kukai. Toca reponer fuerzas en el Wakayama hotel, para comenzar el día con energía, haciendo kayak en el río Koza-gawa.

Hashigui-iwa Rocks, qué ver en Wakayama

Hashigui-iwa Rocks, qué ver en Wakayama

Los márgenes de este río son un entorno natural de gran belleza al que en verano acuden los locales para refrescarse o practicar deportes acuáticos. La empresa de alquiler de canoas se ubica junto a la estación de tren de Koza y ¡fue uno de los momentos más divertidos del viaje!

Kayak en Wakayama

Kayak en Wakayama

Me despido de Wakayama en la blanca piedra de los acantilados de Sandanbeki. Al caer la tarde subo a un tren en Shirahama rumbo a Osaka. ¡La aventura por Japón continua! Aunque, mientras se deslizan los paisajes de verde y mar ante mi ventanilla, intuyo que un trocito de mi alma se ha quedado vagando por el bosque de estupas de Okuno. Tal vez esperando, como el maestro Kokai, el regreso de Buda bajo la luz centelleante de los farolillos en la noche oscura de Koyasan.

Acantilados de Sandanbeki

Acantilados de Sandanbeki

Cómo llegar a Wakayama.

Desde Tokio, Kioto u Osaka se puede llegar rápidamente a la ciudad de Wakayama (y de ahí a Koyasan y Shirahama) en tren. También hay autobuses, más lentos pero económicos. Yo elegí la opción avión, por rapidez y precio, comprando un vuelo interno con la compañía Jetstar japan Narita – Kansai por 49€ (sólo ida) y un tren a Osaka para continuar la ruta por el sur de Japón. Por Wakayama nos movimos en coche de alquiler, aunque también hay trenes y autobuses públicos para llegar prácticamente a todos los puntos de interés.

Más información sobre qué ver en Wakayama en Visitwakayama.jp

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Sigue viajando por Japón en el blog:

Agradecimientos: muchas gracias a Visit Wakayama por hacerme de guía y ayudarme a descubrir una de las prefecturas más increíbles de Japón. Todo lo aquí descrito sobre qué ver en Wakayama está basado en mi propia experiencia. 

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