Qué ver en Saint-Malo, la ciudad de los corsarios

Qué ver en Saint-Malo, La Bretaña francesa

La bandera azul con armiño sobre fondo rojo ondea en lo más alto de la Mairie de Saint-Malo. Por encima de la francesa. Privilegio que evidencia el prestigio y la independencia de la ciudad desde el siglo XVIII. Época en que los barcos de Duguay-Trouin y Surcouf surcaban las aguas del Atlántico con patente de corso al servicio de la corona. Saint-Malo, desde su fundación como puerto galorromano siempre fue así: fuerte, indómita, con lobos de mar luchando contra las mareas que la protegen y la aislan. Un baluarte rocoso que no puede faltar en una ruta por la Bretaña francesa. Hoy te llevo a conocer todo lo que ver en Saint-Malo, la ciudad de los corsarios en el oeste francés.

Estatua a Robert Surcouf, el corsario de Saint-Malo

Estatua a Robert Surcouf, el corsario de Saint-Malo

Fuertes y castillos; el accidentado estuario de Saint-Malo.

Bajamar. Sol deslumbrante en un cielo azul sin nubes. Las horas en que el mar se retira las amplias lenguas de tierra húmeda permiten disfrutar de la playa, caminar hasta los islotes rocosos donde se alzan fuertes y castillos. Saint-Malo se ubica en un enclave estratégico, por ello atacado y codiciado desde la Edad Media. Con el paso de los siglos se fortificó, se amuralló su centro creando una barrera de piedra inexpugnable. Se ubicaron torres vigías en los salientes de roca para controlar los peligros  provenientes del océano. El poderío de las mareas superan en la costa norte de Francia los diez metros. Es por ello que no hay que confiarse; hay que tener especial cuidado con la pleamar, violenta y traicionera. 

Las mareas de Saint-Malo son peligrosas

Las mareas de Saint-Malo son peligrosas

Isla de Grand-Bé.

Y es que a más de un incauto le ha sorprendido la subida de la marea, quedándose atrapado en la isla de Grand-Bé. Accesible a pie en bajamar tras un corto paseo, en ella se ubica un pequeño fuerte y la tumba de François-René de Chateaubriand, literato bretón padre del Romanticismo francés.

Isla de Grand Bé

Isla de Grand Bé, qué ver en Saint-Malo

El Fuerte Nacional.

Otro de esos bastiones míticos y una de las postales de Saint-Malo, es este castillo conocido también como Fuerte Real, desde donde se observan los muros de Saint-Malo con troncos de madera conteniendo al mar, sus casas de granito gris sobrevoladas por las gaviotas.

Murallas de Saint-Malo

Murallas de Saint-Malo

La ciudad amurallada: qué ver en Saint-Malo. 

Los recios muros de Saint-Malo abrazan a la ciudad protegiéndola de los embistes del viento del Atlántico, de los ataques piratas, de las mareas. Caminar sobre ellos permite observar la costa a la vez que encontramos a personajes importantes en su historia de ciudad de navegantes y corsarios convertidos en piedra: Jacques Cartier, descubridor del río San Lorenzo en Canadá. Robert Surcouf, capitán al servicio de Napoleón I, azote de los galeones y naves militares inglesas y españolas. Estatuas que hablan de épocas pasadas: en el siglo XVII Saint-Malo fue el puerto más importante de Francia, gracias al cual se enriqueció tanto la ciudad como la nación, en gran parte por las incursiones corsarias.

Fuerte de Saint-Malo

Fuerte de Saint-Malo

Un paseo por Saint-Malo intramuros. 

Si damos la espalda al mar, pasamos bajo los escudos de la Bretaña y Saint-Malo penetrando por la puerta de Saint-Vincent -de aquella época de los corsarios- al corazón de la ciudad.

La Mairie de Saint-Malo.

La puerta de San Vicente desemboca junto a la Place Chateaubriand, donde se ubica el castillo de Saint-Malo, hoy Ayuntamiento y Museo de Historia de la ciudad corsaria. Sus muros sirvieron de refugio a los duques de Bretaña durante las revueltas provocadas por los propios habitantes. De carácter extraordinario, los de Saint-Malo se declararon ciudad independiente en el siglo XVI. Así lo expresa el dicho popular: «Ni breton ni français malouin suis» (Ni francés, ni bretón: yo soy malouin«).

La bandera de Saint-Malo ondea en el castillo

La bandera de Saint-Malo ondea en el castillo

Las travesías del centro de Saint-Malo son angostas, a cuyos lados se distribuyen casas de armadores y tabernas de marineros, muchas reconvertidas en elegantes brasseries o creperies. La más popular de todas las mansiones de antiguos armadores es la casa Pélicot, cuya estructura recuerda a la parte trasera de un navío. Aún conserva el entramado de madera típico de la arquitectura bretona. La Maison Houssaye, también conocida como «la casa de los holandeses», con su bello torreón circular es la casa más antigua de Saint-Malo, anterior incluso al castillo.

La casa más antigua de Saint-Malo

La casa más antigua de Saint-Malo

La catedral de Saint-Malo. 

Su alta aguja gótica se divisa desde los fuertes y la playa, sobresaliendo entre el dibujo gris de los tejados de la ciudad. Sin duda otro punto imprescindible que ver en Saint-Malo es la catedral corsaria de Saint-Vincent, el núcleo espiritual de Saint-Malo. Su estructura de templo alineado con las rocas del terreno albergan la tumba del corsario Duguay-Trouin, además de señalar el punto en que el obispo bendijo el viaje de Jacques Cartier en su búsqueda hacia nuevas rutas comerciales a China surcando las frías aguas de Terranova. Una catedral marinera para una urbe pensada por y para el mar.

Catedral de Saint-Malo

Catedral de Saint-Malo

Tumba del corsario de Saint-Malo en la catedral

Tumba en la catedral de Saint-Malo

Huellas de la Segunda Guerra Mundial. 

Sin embargo, no todo es antiguo como parece: el centro histórico de Saint-Malo, bombardeado y destruido, fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial. Como enclave estratégico durante la contienda perteneció al denominado Muro del Atlántico. Aún hoy no se permite visitar la isla de Cézembre, fuerte alemán, ya que quedan minas sin detonar. Documentos gráficos de la peor época para la ciudad se exhiben en la catedral de Saint-Malo o el bonito Hotel d’ Asfeld, edificado durante la Belle Époque y frecuentado por burgueses y artistas.

Huellas de la Segunda Guerra Mundial en Saint-Malo

Huellas de la Segunda Guerra Mundial en Saint-Malo

Y así trazamos un recorrido por Saint-Malo buscando de nuevo el mar -quien sabe si tal vez ya haya subido la marea, alcanzando sus muros- hasta la Grand-Porte. La que antaño fuera la entrada principal al recinto amurallado y la más antigua que se conserva, del siglo XV.

Alojamiento en el centro histórico de Saint-Malo. 

¿Dónde dormir en el centro de Saint-Malo? Hotel La Maison des Armateurs, en la Grande Rue junto a la catedral. Tienen parking para clientes, lo cual se agradece dado que la mayoría de las calles intramuros son estrechas y peatonales. Para almorzar o cenar, muy cerca, un sitio típico es La Bistro de Jean, un coqueto restaurante con delicias locales.

Le bistro de Jean en Saint-Malo

Le bistro de Jean en Saint-Malo

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Agradecimientos: gracias a Turismo de Bretaña por invitarme a conocer esta bella región. Todo lo que he escrito sobre qué ver en Saint-Malo, la ciudad de los corsarios, son opiniones basadas en mi propia experiencia. 

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