Estatuas de Dublín, Molly Malone

Dublín en nueve estatuas

Tiembla la superficie grisácea del río Liffey. Vuelve a llover en Dublín. El aire sopla frío desde el mar de Irlanda, porteando más nubes negras y quejidos de gaviotas. Algunos sacan sus paraguas y otros continúan su marcha, impasibles. Los primeros turistas; los segundos dublineses, conjeturo. Habitantes de hoy, ciudadanos anónimos tres punto cero tan distantes de aquellos primeros vikingos que la fundaron como hoy está la Tierra de Plutón. Y que sin embargo dejaron su huella, su esencia, en esta Dublín que hoy descubro a través de sus personales y símbolos más emblemáticos, esos que permanecen firmes bajo la fría lluvia de primavera: las estatuas de Dublín cobran vida y me susurran su historia. ¿Oyes su voz de otra época?

Estatuas de Dublín, Óscar Wilde

Estatua de Molly Malone, la pescadera.

Malditos aquellos que me llaman «la golfa con el carro». Malditos aquellos que murmuraban a mis espaldas: «pescadera de día, prostituta de noche». Pero peor fueron los que me vieron morir de fiebre aquella tarde en plena calle, saqueando mi carreta de frescos mariscos, sin detenerse a ayudarme. Ojalá mi canción les acompañe martilleándoles como una pesadilla… Maldito tú, que posas sonriente ante mi fría cara de hielo con una mano en mi escote. 

Molly Malone, estatuas de Dublín

Molly Malone, estatuas de Dublín

«In Dublin’s fair city, where the girls are so pretty I first set my eyes on sweet Molly Malone As she wheeled her wheelbarrow through streets broad and narrow Crying cockles and mussels alive a-live O!» Molly Mallone Song.

 

El mundo esférico del Trinity.

Una esfera dentro de una esfera. Mi corazón es redondo y agrietado tal y como el de mis hermanas del Vaticano y el edificio de la ONU en Nueva York, al otro lado del Atlántico. Las de Teherán y Tel Aviv no se verán nunca… Mi superficie es lisa y brillante, refleja la luz del sol tal y como las orbes de magos y hechiceros. En mis fisuras crece la ciudad perfecta, a la que miran todos, visitantes y alumnos, que pasan junto a mí por el patrio de la Berkely Library.

Esfera dentro de una esfera, estatuas de Dublín

Esfera dentro de una esfera, estatuas de Dublín

«Las esferas revelan formas mágicas en orden, su fermento interno, misterioso y vivo, monstruoso y todavía puro… En mi escultura, la forma del mundo contiene en sí la forma de la ‘ciudad ideal’, concebido por los artistas del renacimiento italiano. Esto, a su vez, contiene mis esperanzas y sueños y los de muchos otros ciudadanos del mundo.» Arnaldo Pomodoro. 

El alma de Sócrates en la Biblioteca del Trinity.

Habla para que pueda conocerte. Justicia, amor, virtud. La virtud es conocimiento, y el vicio, ignorancia. Ah, ni siquiera soy una estatua si no un busto. Pero mi psique se encuentra entre los muros más eminentes de Dublín: la Biblioteca de la universidad más antigua de Irlanda, fundada en 1592 por la misma reina Isabel I. Entre más de cuatro millones de libros, incluyendo el famoso manuscrito del año 800, el Libro de Kells. Entonces yo ya era polvo del polvo, pero mi cátedra vivirá para siempre.

Sócrates, Biblioteca del Trinity College

Sócrates, Biblioteca del Trinity College

«Sólo sé que no se nada.»

Óscar Wilde, el romántico vividor.

Ahí nací yo. Mira, mira enfrente. Detrás de ese engendro que cambia de color, en la fachada de ladrillo rojo y columnas blancas: esa era mi casa. Un poco más atrás, de donde vienes caminando, el ilustre Trinity College con las pulcras aulas en las que estudié. ¡Qué años aquellos! Después la fama y la gloria gracias a mis inmortales hijos, Ernesto y Dorian Grey. La cárcel y el olvido, más tarde. Pero aquí queda mi rostro más alegre, mi burla hacia esta sociedad arcaica y severa. Mi alma, con besos frescos cada día, en Père Lachaise.

Óscar Wilde, estatuas de Dublín

«A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un sólo instante». Óscar Wilde.

Estatuas de Dublín: James Joyce.

Risas en los pubs, entrechocar de unas pintas, roces de bolsas de papel repletas de souvenirs… Estoy en pleno meollo comercial de Earl Street pero eso no me aturde: al contrario, me entretiene. Tras el cristal de mis lentes redondas observo a las jovencitas de miradas risueñas, a un taciturno Ulises sintiendo el peso de la vida. Estos son mis dublineses. Esta es la Dublín que añoraba en Trieste y Zurich desde el exilio y la que me pertenece.

Estatua de James Joyce

Estatua de James Joyce

“No hay pasado ni futuro, todo fluye en un eterno presente”. James Joyce. 

O´Connell, el líder nacional.

El Libertador, así me señalan.  Admiré a Simón Bolívar pero nunca quise ser un héroe de guerra, detesto la violencia y las armas. Siempre defendí que las mejores batallas se ganaban con las palabras. Gracias, Balzac, por decir que junto a Napoleón somos los grandes hombres del XIX, mas yo nunca quise ser emperador, sólo emancipar mi isla Esmeralda.

Estatua de O´Connell, Dublín

Estatua de O´Connell, Dublín

«La libertad de la isla no merece el derramamiento de una sola gota de sangre» Daniel O´Connell.

Estatuas de Dublín: El Hambre.

Ni poetas ni políticos. Simples mortales sin un trozo de patata que echarnos a la boca. Tuvimos la desgracia de vivir el Dublín más terrible, el de los años de la Gran hambruna a mediados del XIX. Junto al río, vimos zarpar a nuestros vecinos, los que pudieron, hacia un Nuevo Mundo más próspero y un futuro soñado allende los mares, lejos de Irlanda.

El hambre, Dublín

El hambre, Dublín. Fuente: Shutterstock

The Spire, el Monumento a la Luz. 

Alza los ojos. Sigue la dirección que te marco, directa al cielo. Por encima de las hojas de los árboles. Más, más arriba que las alas de los pájaros. ¿Puedes ver el final? Soy The Spire, con 120 metros de altura «la escultura más alta del mundo», ocupando el lugar que antes correspondía a la columna del almirante Nelson, que una bomba del IRA destruyó.

The Spire, Dublín

The Spire, Dublín

Universal Links of Human Rights.

En mi exterior cadenas se entrelazan y se sueldan en eterno abrazo. En mi interior arde un fuego eterno: la que recuerda la lucha de aquellos presos políticos en las cárceles del mundo. Sus cuerpos aún siguen encerrados, pero la llama de sus ideas continuará encendida por toda la eternidad.

The Human Rights, Dublín

The Human Rights, Dublín

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4 Autores
cosmopolillaCristinaCarmen (Viajes y Rutas)jordi (milviatges) Autores recientes
jordi (milviatges)
Invitado/a

Que bonito post. Alguna de las estatuas las recordaba, pero otras no. Me ha encantado la de Oscar Wilde y conmovido la del Hambre.
Muy chulo!

Carmen (Viajes y Rutas)
Invitado/a

Pues yo creo que no vi ni la de James Joyce ni la del hambre, no se si es que se me pasaron por alto o es que fueron posteriores a mi visita hace 4 años. Puede que ni siquiera estuviesen en el mismo sitio, por ejemplo ala de Molly… Leer más »

Cristina
Invitado/a

Conozco muchas de esas estatuas, algunas me parecen muy singulares como la Oscar Wilde o la de James Joyce. He ido a buscar nuestras fotos con ellas jejejeje. La del hambre no la conozco pero es las más emotiva de todas, no hay duda.Un abrazo.

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