Llueve sobre la superficie mansa del lago Snagov. La niebla envuelve este boscoso paisaje en las llanuras de la región de Valaquia. Un puente de hormigón -un tanto feo y fuera de lugar- conduce a la pequeña isla del lago. Antaño, sólo se podía ir en barca. Lo cruzo para alcanzar mi destino: el monasterio de Snagov. Un lugar mítico que visitar en Rumanía pues en su interior se encuentra la tumba de Drácula. O eso dice la Historia…

Mojada y con frío, paso bajo el umbral y accedo a la explanada de este pequeño santuario ortodoxo del siglo XIV. Construido unos 100 años antes de que naciera Vlad Tepes Draculea, el príncipe de Valaquia. Una anciana vestida de negro custodia la entrada y no habla nada de inglés. Chapurreando en italiano, indica que hay que pagar 20 lei por visitar el monasterio. 20 más por cada foto que se haga… Le doy 40 lei y le digo que no tengo más, pero que me deje hacer un par de fotos. Es cierto: he dejado el monasterio de Snagov para el final del viaje, al encontrarse tan sólo a 20 minutos del aeropuerto de Otopeni. Por lo que no me queda más moneda local. Se encoge de hombros y señala los frescos «Vecchio, è molto vecchio». Le sonrío y por fin, entro a la parte principal de la iglesia. Flores frescas y la luz de una vela alumbra la sencilla lápida de piedra del «Empalador», el azote de los turcos y temido príncipe sanguinario.

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Vlad Tepes versus Drácula.
¿Quién fue en realidad el Conde Drácula? El personaje ficticio de Drácula, sanguinario inmortal, vampiro y príncipe de las tinieblas que se alimenta de sangre humana, es fruto de la mente de un escritor irlandés de finales del XIX: Bram Stoker. Sin haber pisado nunca tierras rumanas, recogió mitos y leyendas de los campesinos supersticiosos de Transilvania, sobre lobos con sed de sangre que se ocultaban en los bosques y muertos que resucitaban de sus tumbas para secuestrar doncellas. En 1897 publicó la novela más famosa de terror de todos los tiempos: «Drácula».
En ella, narra como un joven abogado inglés, Jonathan Harker, realiza un viaje a Transilvania para visitar a un cliente, el misterioso conde Drácula. Un noble transilvano que resulta ser un vampiro. La novela causó furor y a lo largo de las décadas ha suscitado todo un género vampírico en libros, series y películas. Quizá la mejor de ella es la de Coppola, en su pretensión de ser fiel a la novela original de Stoker con un toque romántico.

El príncipe de Valaquia.
Para la creación de Drácula, Bram Stoker se inspiró en el personaje histórico de Vlad Tepes Draculea, un príncipe de Valaquia especialmente sanguinario y cruel. Nacido en la ciudad de Sighisoara, Transilvania, en 1428, dedicó su vida a combatir al enemigo turco y ciertamente en Rumanía es un héroe nacional, ya que frenó el avance del poderoso imperio otomano por Europa del Este. Vlad fue un gobernante feroz. Desde su castillo en Poenari mandó arrasar ciudades que se rebelaron contra él como Sibiu o Brasov, condenando a miles de personas a la peor de las muertes, el empalamiento. Por ello se ganó el apodo de Vlad «el Empalador».
Su otro apodo, heredado, es «Dracul», que en rumano tiene un doble significado: «Demonio» o «Dragón». Y es que su padre Vlad II Dracul, perteneció a la Orden del Dragón. Una especie de hermandad militar internacional compuesta por nobles para luchar contra los enemigos de la iglesia. Según la mayoría de fuentes históricas, Vlad Tepes murió en batalla contra los turcos en 1476. Fue enterrado en el monasterio del lago Snagov, en su tierra valaca. Aquí termina la Historia y comienza la leyenda…

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Visita al Monasterio de Snagov.
A 44 kilómetros al norte de la ciudad de Bucarest, el lago Snagov se ubica en un idílico paraje de naturaleza, donde los ricos construyeron casas de recreo a mediados del siglo XX. Entre ellos, destacados miembros del partido comunista del dictador Ceascescu. Sin embargo, la isla del lago permanece intacta. Donde antaño hubo una comunidad de monjes, hoy permanece una casa con los guardianes del monasterio de Snagov. Un tesoro del patrimonio rumano por su arquitectura y frescos medievales. El monasterio fue fundado en el siglo XIV, por orden del rey Mircea «el Viejo» de Valaquia, abuelo de Vlad Tepes. Construido en estilo bizantino con planta de cruz, el exterior es sencillo y con un material pobre como el ladrillo.
Lo maravilloso está en el interior: los frescos y pinturas murales que decoran las paredes son originales, manteniéndose en muy buen estado de conservación. De vivos colores, representan a santos de aureola dorada y escenas de la vida de Cristo. Algo que contrasta, no nos vamos a engañar, con la imagen de demonio que proyecta este siniestro personaje histórico.
La tumba de Drácula.
Bajo la cabecera principal, una sencilla lápida de piedra indica dónde fue enterrado supuestamente el príncipe de Valaquia tras su muerte. Pero la sorpresa es que, cuando fue exhumada en el año 1933, la tumba de Drácula estaba vacía. Más que vacía, no había cadáver humano en ella: sólo contenía unos huesos de caballo y una joya: un anillo de oro grabado con el símbolo de Valaquia.
¿Qué fue del cuerpo de Vlad Tepes? ¿Dónde está en realidad? Su auténtico paradero sigue siendo un misterio. Aunque no es raro que en aquella época, para evitar profanaciones, la familia decidiera trasladarlo a otro lugar secreto y seguro. Quién sabe. O tal vez sí, resucitó, y se oculta en las profundidades de los montes Cárpatos, dando pábulo a las leyendas…

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