A unos pasos de las concurridas Ramblas de Barcelona se alza un edificio símbolo del comienzo de una bonita historia de amistad y mecenazgo: la de Antoni Gaudí y el industrial Eusebi Güell. Hablo del Palau Güell. Un lujoso palacio situado en la calle Nou de la Rambla, donde el arquitecto catalán dio rienda suelta a su imaginación en distribución de la luz y los espacios. Obra que a menudo pasa desapercibida para los visitantes de la ciudad condal, quienes dan prioridad a sus creaciones más famosas: la Casa Batlló, la Pedrera o la Sagrada Familia. Y sin embargo, considero que este es un imprescindible en la Ruta Gaudí en Barcelona. ¿Te animas a conocerlo?

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Historia del Palau Güell.
París, 1878. Un prometedor arquitecto se presenta en la Exposición Universal de París con los planos de su primer proyecto tras licenciarse: la Cooperativa Obrera Mataronense (hoy Nau Gaudí). Su original concepción de un espacio diáfano para mayor luminosidad y aprovechamiento de la nave industrial gracias al uso de los arcos catenarios -presentes en toda su obra- llaman la atención de un noble y rico empresario catalán: el señor Eusebi Güell. Propietario de numerosos terrenos por toda la provincia de Barcelona, decide hacer un encargo al quien sabe si loco o genial artista: los Pabellones de la Finca Güell, en la Avenida de Pedralbes. Debió quedar satisfecho pues el siguiente encargo es de mucha mayor embergadura: reformar un palacio en pleno Raval para la residencia de la familia en Barcelona.
Gaudí no tarda en ponerse manos a la obra. La construcción de este palacio le llevará desde 1886 a 1890. Entusiasmado por el proyecto, contó con la ayuda de su fiel ayudante Francesc Berenguer, amigo de la infancia. Al igual que la Casa Vicens, ubicada en el barcelonés barrio de Gracia, el Palau Güell se enmarca dentro de la etapa oriental de Gaudí. Modernismo que busca inspiración en el Lejano Oriente y el mundo árabe. Pero también están presentes los materiales típicos visibles en toda su trayectoria: vitrales, azulejos cerámicos y el ladrillo visto. Resultado: un placer para la vista. En este palacio Gaudí usó por primera vez la técnica del trencadís, símbolo de su obra.

Visita al Palau Güell en Barcelona.
Recrear un palacio digno de las «Mil y una noches», envuelto en un ambiente onírico y exótico. Un lugar de fantasía a sólo unos pasos del puerto de la ciudad. Esta era la intención del arquitecto catalán para la lujosa residencia familiar de los conde de Güell. Y está claro que lo consiguió, sin duda. No hay quien se resista a este tesoro de la Ruta del Modernismo en Barcelona. Antes de penetrar al interior merece la pena echar un vistazo a la elegante fachada: estructurada en tres niveles, está construida con la piedra calcárea de la zona del Garraf, donde el industrial tenía una finca. Los arcos parabólicos y las rejas de hierro dominan puertas, ventanas y balcones.

Las caballerizas.
La visita al Palau Güell -recomiendo escuchar la audioguía que va explicando cada lugar- comienza por la planta baja, con un recibidor, la portería y el sótano. Una rampa helicoidal, totalmente innovadora para la época, conduce a la planta inferior del edificio. Palacio que en total tiene una superficie de nada menos que 2850 metros cuadrados. Destinado a las caballerizas -carruajes y caballos-, es el espacio menos luminoso, con paredes y columnas de ladrillo.

Plantas nobles.
Una gran escalinata cubierta por una gruesa alfombra roja conduce a la planta noble. La opulencia se hace presente. El señor Güell no escatimó en gastos para su lujosa residencia. La inspiración en el mundo oriental se aprecia en toda la casa, donde predomina la decoración mudéjar y los altos techos con artesonados en hierro y madera.

En el entresuelo podemos asomarnos a las salas de administración de la casa, con el despacho del conde, la biblioteca, una sala de descanso y el gran vestíbulo de tres plantas, núcleo central en torno al que se estructura la residencia, con una gran cúpula doble. La primera planta estaba ubicada el área social: es donde se recibía a los invitados de la familia. Un lujoso salón decorado con vidrieras y artesonado de madera de roble revestido en pan de oro sin duda debía deslumbrar a las visitas. Aunque quizá no tanto como el gran salón central, con los bustos de personajes de la familia Güell y pinturas al óleo del pintor Aleix Clapés Puig. No hay que perderse la capilla-oratorio decorada con motivos religiosos y que llegó a tener un órgano, perdido durante la Guerrra Civil.

El segundo piso eran propiamente las estancias privadas de la familia, con los baños y los dormitorios: el de Isabel López Bru, la mujer de Eusebi, era el dormitorio principal del palacio. En el tercer piso se ubicaba la parte más humilde del palacete: la zona del servicio con la cocina y la lavandería. Una estructura similar a otras casas de la época que reformó Gaudí: se puede apreciar también en la Casa Batlló o la Casa Milá. Y es que cuando no existían ascensores, por comodidad los burgueses elegían para vivir las plantas inferiores, dejando al servicio las partes más altas.

La terraza de las chimeneas de colores.
Una espectacular terraza de casi 500 metros cuadrados es quizá lo más fotogénico de todo el Palau Güell. Con vistas al barrio Gótico de Barcelona, en cuyo fondo destacan los picos de las torres de la seo barcelonesa, es una delicia pasear entre las coloridas chimeneas revestidas de azulejos cerámicos. Hay en total veinte, recubiertas de cerámicas, vidrios y porcelana. Dicen que son las precursoras de las chimeneas de fantasía que más tarde ideó para la Casa Milá. ¡Un espectáculo!

Datos prácticos para visitar el Palau Güell:
- Dirección: Carrer Nou de la Rambla, 3-5. Ciutat Vella de Barcelona.
- Precio de la entrada general: 12€.
- Horario: martes a domingo (lunes cerrado) de 10 a 20 horas.