Turquía, un puente entre Europa y Asia

Turquía es un destino que sólo su nombre ya evoca romanticismo y emoción. Siendo relativamente cercano, combina arte y cultura con naturaleza, playa y gastronomía. Punto de fusión entre Oriente y Occidente, es un crisol de civilizaciones, modernas y antiguas. Estambul fue Bizancio y Constantinopla; las piedras de sus avenidas han visto pasar a sultanes e hititas, a romanos y helenos, los primeros cristianos… Los turcos, además de amables y acogedores, son guardianes de una cultura milenaria con mucho por ofrecer:

Por ejemplo…

Para empezar, impregnarse del aire cosmopolita de la animada y bella Istanbul, con sus impresionantes Santa Sofía y la Mezquita Azul, recortando el cielo con sus altos y afilados minaretes.  

Santa Sofía, Ruta por Turquía

Santa Sofía

Degustar un refrescante ayran y un kebab “de los de verdad”, o perderse por el laberíntico Gran Bazar o el exótico Mercado de las especias.

Mercado

Mercado de las Especias

Contemplar el sol nacer desde el cielo, sobrevolando las Chimeneas de las Hadas en la Capadocia, a bordo de un globo… Sin duda uno de los mejores momentos en mi ruta por Turquía. 

En globo, la Capadocia

En globo, la Capadocia

O el atardecer, mientras nos damos un baño en las piscinas calcáreas del Pamukkale…

Atardecer Pamukale

Atardecer Pamukale

Caminar despacio por Éfeso, trasladándonos por un rato a la Roma imperial, de cuadrigas y gladiadores…

Éfeso

Éfeso

Son experiencias que no se olvidan fácilmente y que a la vuelta dejan un sabor de boca tan dulce como el té de manzana turco.

Postres turcos

Postres turcos

 

Datos de interés para viajar a Turquía. Visado de entrada a Turquía.

Documentación necesaria: al localizarse fuera del territorio de la UE, se requiere pasaporte en vigor y, desde abril de 2014, un visado electrónico que se muestra en la aduana nada más llegar. Se puede obtener fácilmente rellenando el formulario por Internet: visado entrada a Turquía. Hay que conservarlo durante todo el viaje. Presupuesto: Turquía es ideal para viajeros de bajo coste. Se puede dormir por 7-8 euros la noche en hostels de mochileros con baño compartido y comer por 2-3 euros. El cambio nos es favorable: un euro son 2,9 liras turcas. Cómo llegar: viajé con Pegasus Airlines, la low cost turca. Un vuelo directo desde Madrid, comprado con cinco meses de antelación, costó 150 euros. También vuela desde Barcelona. Además saqué dos vuelos internos, también con Pegasus: Estambul – Kayseri (la Capadocia), por 30 euros, e Izmir – Estambul, por 40€.

¿Es seguro viajar a Turquía?

A pesar de los últimos atentados y la mala prensa, en general es un país seguro y que permite fácilmente viajar por tu cuenta. Coger autobuses y trenes no suponen ningún problema. Los turcos, aunque muchos no hablen palabra de inglés, siempre estarán dispuestos a ayudarte en el camino. Por último, es importante recordar que, aunque es una República Democrática laica, muchos de sus habitantes profesan la fe islámica. Para visitar las mezquitas, las mujeres tienen que cubrirse el cabello y los hombros. Además recomiendo no vestir con ropa muy corta si no se quieren tener algún incidente «desagradable» como excesivas miradas por la calle o en el transporte público.

Vestimenta correcta para entrar a la Mezquita Azul

Vestimenta correcta para entrar a la Mezquita Azul

¡No viajes a Turquía sin seguro! Yo recomiendo Intermundial. Si lo compras a través de mi web tienes un 20% de descuento usando el código LACOSMOPOLILLA10. Lo puedes conseguir pinchando aquí:


Ruta por Turquía de mochilera. 

Este es el relato de un viaje por Turquía “a mi aire”: quince días, una mochila, dos chicas y muchos, muchos buenos momentos…

Día 1:  Madrid – Estambul. Días 2 – 5: Estambul. Días 6 – 8: Göreme (la Capadocia).  Día 9: Pamukkale. Días 10 – 13: Selçuk. Día 14: Estambul. Día 15: Estambul – Madrid.

Bellísima Estambul.

Estambul es la puerta de Turquía. Anclada en el estrecho del Bósforo, con parte en Europa y parte en Asia, acariciada por los vientos del Mar Negro y el Mediterráneo, es una ciudad cargada de fantasía y leyendas del pasado. Por mi parte, el primer impacto con Estambul no defraudó. Puede ser una megápolis un tanto caótica y excesivamente saturada de turistas, sobre todo en el centro (tiene 14 millones de habitantes aprox.) pero es, sencillamente, hermosa. La mezcla de nacionalidades, el trajín de transeúntes, el tintineo del tranvía al pasar, las llamadas a la oración de las mezquitas, el olor a especias y té de los mercados… Recrean una atmósfera cautivadora muy singular, propia de Estambul y ninguna otra ciudad.

La Mezquita Azul

La Mezquita Azul

Día 1: Llegada a Estambul.

Lo malo de algunas low cost es que no vuelan a los aeropuertos principales si no a los secundarios. Estambul tiene dos aeropuertos: Ataturk, el principal, donde se puede coger el metro al centro, y Sabina Gokcen, a una hora en autobús, si es que no hay atasco. Para no perder más tiempo del necesario reservamos un transfer desde el aeropuerto al hostal, por 10 euros, a través de Internet: Transfer Airport. También hay un autobús público a Taksim, pero estaba muy lejos del hostal. El alojamiento lo reservamos en España a través de booking en Çemberlitas. Una vuelta por la zona, para situarnos, y nuestra primera cena turca: un kebab de berenjena y carne en un restaurante recomendado por los del hostel. Muy rico y barato, en Ortaklar (Çemberlitas). Os dejo una imagen de la apetitosa carta, para ir abriendo boca…

Carta turca

Carta turca

Nos gustó tanto y nos trataron tan bien que repetimos varias veces durante nuestra estancia. Nota: en cuanto a la comida, desmontando un mito: el «verdadero kebab» no va dentro del pan de pita…

De cena, un kebab

De cena, un kebab

Ruta por Turquía: Estambul, la magia de la gran ciudad.

Día 2: Sultan Amhet.

Escuchar entre sueños, de madrugada, la llamada a la oración de la mezquita me hizo tomar conciencia de que estaba en Turquía. La segunda cosa, ya levantada, el desayuno típico: tomate, pepino, aceitunas, un cuenquito de yogur y té. En los diferentes hostels probamos con más y menos cosas, pero ése es el básico.

Desayuno turco

Desayuno turco

Nos ponemos en marcha explorando el centro de la ciudad y dirigiéndonos a las  atracciones turísticas más importantes, en el corazón de Sultan Amhet. Aquí aprendemos la primera lección: es mejor visitar los monumentos a medio día o por la tarde; por la mañana se abarrotan de turistas y las colas son interminables.

La Mezquita Azul

La Mezquita Azul

Bajando de Çemberlitas a  Sultán Amhet, por la calle principal, pasamos por multitud de comercios, animados locales de kebabs, … Hasta toparnos con la grandiosa Mezquita Azul, la principal mezquita de Estambul: impresiona su tamaño y hermosura.Construida por el Sultán Ahmed I entre 1609 y 1616, para visitarla es necesario descalzarse y cubrirse. Merece la pena dejarse deslumbrar por sus más de doscientas vidrieras, gigantescas lámparas de araña y sus azules azulejos  que le dieron su nombre.

Interior de la Mezquita Azul

Interior de la Mezquita Azul

Enfrente localizamos Santa Sofía, Ayasofya, una iglesia convertida en mezquita («la inversa de la Mezquita de Córdoba») construida en los albores de la cristiandad. Cumbre del Arte Bizantino, personalmente le tengo un cariño especial por caerme en el examen de Historia del Arte en selectividad. Aún hoy sigue siendo inmensa: la cuarta de superficie cubierta más grande del mundo, después de San Pablo en Londres, San Pedro en Roma y el Duomo en Milán.

Santa Sofía de Estambul

Santa Sofía de Estambul

La que fuera la Catedral de Justiniano (allá por el 530) es ahora un museo.  Los mosaicos y frescos que adornan sus paredes y cúpulas, con representaciones de los apóstoles y el Pantocrátor, y los medallones con los nombres escritos en árabe de los personajes ilustres del Corán, son un regalo para la vista y la más fiel muestra de lo que hoy es Estambul: el punto de encuentro de Oriente con Occidente.

Interior de Santa Sofía

Interior de Santa Sofía

Finalizada la vista a los dos lugares más emblemáticos de Estambul, lo lógico hubiera sido continuar por los monumentos adyacentes: el Palacio Topkapi y la Basílica cisternierse. Pero el gentío y las colas eran absolutamente tremendas, así que decidimos internarnos por el Gran Bazar.

El Gran Bazar

El Gran Bazar

El Gran Bazar es otro imprescindible de Estambul, un laberinto de calles repletas de todo tipo de objetos: alfombras, lámparas, joyas, trajes para bailar la danza del vientre… En el que el turista puede dejarse atrapar por horas.

El Gran Bazar

Aunque lo mejor son los maniquíes… Ideales para protagonizar algún remake de la saga «Muñeco Diabólico», ¿o no? Fue un momento de mucha risa en toda mi ruta por Turquía.

Maniquíes

Maniquíes

Este segundo día almorzamos en un buffet barato y rico junto al hamman de Cemberlitas, que estaba repleto de turcos. Después de descansar un poco por la tarde nos encaminamos a la puerta del Palacio Topkapi, donde habíamos reservado esa misma mañana para hacer el crucero al atardecer por el Bósforo: otra forma de conocer la ciudad, desde las aguas, con encantadoras historias como la de «la torre de la doncella«.

La Mezquita Nueva

La Mezquita Nueva desde el crucero en barco

Día 3: Sultan Amhet.

Por la mañana nos acercamos dando un paseo al puerto, Eminönú y la Mezquita Nueva. Están llamando a la oración y nos dejamos embelesar por la magia de lo que parece un canto con tintes flamencos (en realidad, son fragmentos del Corán recitados), cuyo eco resuena por toda la ciudad… A pesar de su nombre, esta mezquita se inició en 1597 para inaugurarse casi cien años después. Su interior es muy hermoso, adornándose con azulejos azules, verdes y blancos de Iznik, columnas de mármol y estalactitas doradas decorando el mihrab.

La Mezquita Nueva

La Mezquita Nueva

 

Se ruega silencio, se reza…
Mezquita Nueva

Mezquita Nueva

Junto a la Mezquita Nueva encontramos la puerta de acceso al Mercado Egipcio, conocido popularmenete como el Mercado de las Especias. Aquí los puestos de dulces almendrados, coronados de dátiles y barnizados con miel, además de los cientos de coloridos condimentos de nombres imposibles y todo tipo de tés son capaces de marear a los viajeros de todos los lugares del mundo.

Mercado de las Especias

Mercado de las Especias

Al rico té…
Tés

Tés

¿Calor? Otra de las cosas que me encantó de Estambul: los puestos de frutas (deliciosa sandía) y zumos frescos de granada y naranja que hay en cada esquina. Muy refrescantes y un chute de vitaminas para continuar…

Zumo de granada

Zumo de granada

Después de comer aprovechamos la caída de turistas para volver a Sultan Amhet y descender al fresquito y la quietud de la Basílica Cisterna, junto a Santa Sofía. Fue construida en tiempos de Justiniano (año 527), para almacenar agua y abastecer al Palacio Bizantizo.

Basílica Cisterna

Basílica Cisterna

Su interior es un bosque de 336 columnas con 9 metros de ancho, donde la protagonista es el agua, sobre la que se camina por una pasarela de madera, y las dos cabezas de Medusa, antiheroína de la mitología clásica.

Cabeza de Medusa

Cabeza de Medusa

De vuelta a la superficie, bordeando Santa Sofía se encuentra el enorme Palacio Topkapi: de 700 mil metros cuadrados, su visita completa conlleva al menos tres o cuatro horas. Reflejo de la época de máximo esplendor de Constatinopla,  en él se puede visitar las estancias privadas del sultán, el harén o el tesoro, con algunas de las joyas más valiosas del mundo.

Palacio Topkapi

Palacio Topkapi

Paseando por el Palacio Topkapi: jardines, lujosos salones, brillantes azulejos…

Azulejos

Azulejos

Hoy las habitaciones están vacías, el harén desierto, los jardines silenciosos… Los únicos moradores del palacio son los cuervos, herederos del legado que el sultán perdió…

Cuervo

 

Día 4: Iglesia de Chora y Taksim.

Hoy es día de alejarse del centro y acercarse hasta una joya bizantina: la Iglesia de Chora (Kariye Müzesi). La parada más cercana de tranvía es Edirnekapi, y desde ahí hay que andar unos diez minutos hasta encontrarla en un barrio de coloridas casas de madera.

Iglesia de Chora

Iglesia de Chora

Aunque le agregaron un minarete y fue usada como mezquita, hoy es un museo en que están poniendo todo su empeño en restaurar los bellísimos frescos y mosaicos que cubren paredes y techos.

Mosáicos

Mosáicos

Este barrio, aparte de las murallas viejas, no tiene mucho más que ver, así que tomamos el tranvía de vuelta y el resto del día lo dedicamos a explorar el popular barrio de Beyoglu, al otro lado del Cuerno de Oro, dominado por la Torre Gálata. A él se accede por el puente que sale de Eminöu, lleno de bares, sobre el agua. Las mejores instantáneas de la ciudad se obtienen desde lo alto de la torre, preferiblemente al atardecer.

Torre Gálata

Torre Gálata

Por detrás de la Torre Gálata se accede a la «Gran Vía» de Estambul: Istiklal Caddesi, un moderno boulevar de tiendas y centros comerciales que desembocan el pla plaza de Taksim y que se hace difícil saber si uno se encuentra en Madrid, Londres o Nueva York, salvando las distancias. Lo más bonito, para mí, el tranvía viejo que la recorre, con sus suave tintineo.

Tranvia Estambul

El viejo tranvía de Estambul, ruta por Turquía

Los alrededores de Taksim son ideales para salir y conocer la noche de Estambul: multitud de pubs y discotecas, muy animados. Descubrimos un local que nos gustó mucho, de rock and roll, terraza en el último piso y buen ambiente: el Sinerji Rock Bar.

Día 5: Islas de los Príncipes.

Continuamos la ruta por Turquía y toca alejarse de la bulliciosa Estambul buscando un día de relax a las afueras: vamos a visitar las  Islas de los Príncipes, en el Mar de Mármara. Al final de la línea 1 de tranvía, en el embarcadero de Kabatas, salen los ferries a las Islas de los Príncipes. Por tan sólo dos euros es un agradable paseo de una hora, acompañados de la brisa marina y los chillidos de las gaviotas.

Ferry camino a las islas de los Príncipes

Ferry camino a las islas de los Príncipes

La primera parada es la isla de Kinaliada, repleta de bañitas y con poco para ver, según nos habían contado. Nos bajamos en la segunda isla: Bürgazada. Se puede alquilar una bici por 3 liras la hora y recorrer la isla, de frondoso bosque mediterráneo y elegantes villas. El pueblo además tiene varios establecimientos de comida, supermercado, pizzería, heladería… Y dos iglesias griegas ortodoxas, encantadoras y pequeñitas.

Burgazada

Burgazada, ruta por Turquía

En cuanto a las playas, la verdad que me decepcionaron un poco ya que no son muy buenas: de piedras y un poco sucias… Después leí que las siguientes islas, más alejadas, tienen playas un poco mejores.

Burgazada, islas de los príncipes Estambul

Burgazada

Tras un paseo por la isla, este día probamos la pizza turca: rica y barata. Comimos muchas más, pero esta, crujiente y recién salida del horno, me supo especialmente bien.

Pizza turca

Pizza turca

 

Día 6: Estambul – Göreme (Capadocia).

¡Rumbo a la Capadocia! Habíamos comprado un vuelo Estambul – Kayseri por la tarde. Reservamos el transfer en el propio hostel hasta el aeropuerto. Pero, antes de marchar, nos da tiempo a dar un vuelta y visitar por la mañana Pequeña Sofía, una preciosidad muy poco concurrida, con un agradable cementerio y jardín.

Pequeña Sofía

Pequeña Sofía

Como llegábamos tarde reservamos un hostel por booking, aprovechando el wifi del hostel, el de precio más barato: el Cave Pension. Buena elección: habitación tipo cueva y camas cómodas, además de una terraza con buenas vistas sobre el pueblo. Les escribimos para pedir que nos recogieran en aeropuerto y nos llevaran a Göreme, ya que la distancia es de 80 km, en total una hora de camino, por 10 euros. Habíamos leído que por la tarde de Kayseri a Göreme no hay autobús público y un taxi es carísimo.

Hostel casa - cueva en la Capadocia

Hostel casa – cueva en la Capadocia

En el propio hostel nos recomendaron un sitio para cenar, familiar y económico: el Capadocia Cuisine, donde nos tomamos una reconfortante sopa de lentejas y una copa de vino del lugar para celebrar que habíamos llegado a Göreme. Anotación: aunque es verano, estamos entre montañas así que por la noche no sobra una chaqueta.

Ruta por Turquía: La Capadocia.

Día 7: Göreme.

La Capadocia es la región que más me ha enamorado en mi ruta por Turquía. Los pueblos de casas – cuevas, sus valles y montañas, donde la tierra y la roca se ha moldeado caprichosamente recreando formas imposibles, como las maravillosas «chimeneas de las hadas». Un paisaje salpicado de volcanes, de árboles frutales y viñas… Estuvimos dos días que podían haber sido dos semanas, para visitar todos sus singulares rincones.

La Capadocia

La Capadocia

Göreme, nuestro campamento base, quizá sea el más turístico, pero no por ello le resta encanto.

Göreme

Göreme

Con las luces del día paseamos por el pueblo, y  nos dirigimos a visitar el Museo al Aire Libre de Göreme: a unos veinte minutos caminando, se encuentra este complejo monástico de iglesias y viviendas de los monjes, excavadas en la roca:

Museo de Göreme

Museo de Göreme

Nota: ¡no acercarse a los camellos del parking! Por echar una foto te exigen que pagues 10 euros y si pueden, intentarán que subas arriba y cobrarte 20 euros más… Caímos tontamente en la trampa…

Después de visitar el museo, el calor es intenso y, agotadas, volvemos al pueblo y descansamos un poco. Por la tarde toca otra caminata, de las más hermosas de la Capadocia: ir a ver el atardecer en el Rose Valley. Hay tour que te llevan, andando o en quad, pero en el hostel nos dieron un mapa y nos explicaron como ir, así que decidimos ir por nuestra cuenta: no hay peligro de perderse ya que está bien indicado, cogiendo el camino que sale junto al camping de Göreme.  Ya ha descendido el sol y el calor por lo que el sendero que conduce al Rose Valley es realmente pintoresco y encantador, entre las extravagantes rocas que la lava y la erosión ha ido creando: me sentía en los palacios de piedra del Señor de los Anillos.

Valles de la Capadocia

Valles de la Capadocia

Tardamos algo más de una hora en llegar a una pequeña cima desde la que se divisa justo enfrente el Valle Rosa: se conoce así por el color de sus piedras, que al atardecer su tono cobra todo su esplendor. Fue una buena recompensa, ver el sol poniente desaparecer en tan espléndido entorno…

Atardecer en el valle Rosa

Atardecer en el valle Rosa

A la vuelta a Göreme nos dimos un capricho especial, para terminar un día perfecto: baño relajante y masaje de espuma en el hamman. Precio: 70 liras. Mucho más económico que en Estambul, en Cemberlitas, en el que además tenían la piscina cerrada. El hamman de Göreme se encuentra próximo a la estación de autobuses, muy recomendable.

Día 8: De tour en tour.

Hoy es un día muy especial, ya que toca la experiencia más emocionante del viaje, todo un clásico: sobrevolar la Capadocia y ver el amanecer desde un globo. Preguntamos en varios sitios precio y acabamos reservándolo el día de antes en el propio hostal, donde era más barato: 100 euros. Os prometo que merece la pena. A las 04.45 nos recogieron, desayuno y ¡vamos al globo!

Vamos al globo

Vamos al globo

Volar por el cielo mientras sale el sol… ¡Realmente maravilloso!

¡Vuelo!

¡Vuelo!

Volaré, ohh, cantaré… 

Sobrevolando la Capadocia

Sobrevolando la Capadocia

Con la adrenalina a tope, a continuación regresamos al hostel, desayunamos, y a las 09:30 nos recogen para, ahora sí, hacer el «Green Tour»: la ciudad subterránea de Derinkuyu, el valle de Ihlara y el Monasterio Selime. Precio: 120 liras, incluyendo almuerzo junto al río y guía en inglés. Realmente queríamos ir solo a la ciudad subterránea, pero era muy complicado porque había que combinar varios autobuses… Por lo que finalmente decidimos apuntarnos al bus y el día estuvo muy bien aprovechado. ¡El Valle de Ihlara me encantó!

Derinkuyu.

De las treinta y siete ciudades subterráneas abandonadas que hay repartidas por la Capadocia, la de Derinkuyu es la más popular. Significa «pozo profundo» y su primer nivle se cree que fue construido por los hititas alrededor del 1.400 a.C. El recorrido por sus laberínticos pasillos y recovecos, da una idea un poco tétrica de lo que pudo ser la vida aquí cientos de años atrás…

Ciudad subterránea

Ciudad subterránea

La siguiente parada nos lleva hasta el Valle de Ihlara: una pequeña ruta haciendo senderismo por el cañón del río Ihlara, en cuyo interior crece un bosque floreado y húmedo.

Valle de Ilhara

Valle de Ilhara. Ruta por Turquía

El Valle de Ihlara: un refrescante paseo entre pinos, agua y antiguas iglesias excavadas en la roca.

Cañón del río Ilhara

Cañón del río Ilhara. Ruta por Turquía

Antes de regresar a Göreme, la última visita del tour nos lleva al Monasterio Selime, otro de los magníficos conjuntos de casas e iglesias en piedra característicos de la región.  Volvemos al hostel a recoger las mochilas y fueron tan amables de dejarnos una habitación privada durante media hora para darnos una duca (otro punto para el Ivstar Cave Pension). Con ropa limpia y cómoda cogemos el autobús nocturno de las 21.00 horas en dirección al Pamukkale, siguiente punto emblemático de la ruta por Turquía. La compañía que hace el viaje es Metro, y nos costó 55 liras.

Ruta por Turquía: Pamukkale, el castillo de algodón.

Día 9: Pamukkale y Hierápolis.

Llegamos a la montaña blanca al amanecer: una visión maravillosa…

El "Castillo de Algodón"

El «Castillo de Algodón»

A las 07.30 de la mañana estábamos ya en Pamukkale. Al contrario de lo que pensaba, el autobús era bastante cómodo y dormí más o menos bien. Nos ahorramos una noche de hostal y ganamos un día con el viaje. Sobre la marcha buscamos alojamiento: el Ozbay Hotel, 9 euros la noche, con una situación inmejorable y un gran desayuno en la terraza con vistas al Pamukkale.

Pamukkale

Pamukkale

Pamukkale significa «Castillo de Algodón» en turco. Esto es debido a las gruesas capas blancas de piedra caliza y travertino, que se depositan en forma de estalactitas y forman terrazas dibujando una media luna, albergando terrazas de poca profundidad y agua azul cristalina en la que es una delicia darse un baño. Aunque ya no se conserva como antaño, debido al turismo incontrolado durante años, el Pamukkale sigue siendo una maravilla natural de Turquía, que hay que visitar sí o sí. Un pequeño «truco»: es mejor acceder por abajo. Hay mucha menos gente en las piscinas inferiores ya que arriba llegan los tours. una vez dentro, hay que descalzarse y ascender la blanca montaña…

Fuera zapatillas, andamos por Pamukkale

Fuera zapatillas, andamos por Pamukkale

Sobre el Pamukkale se asienta Hierápolis, ciudad greco – romana. No se conserva gran cosa, excepto el teatro romano y un museo arqueológico con los restos provenientes de las excavaciones.

Hierápolis

Hierápolis

Dentro del complejo Hierápolis lo mejor fue la Piscina Antigua: un auténtico baño en la Historia, rodeada de columnas y restos romanos, a 36 grados en aguas termales. ¡Muy relajante!

Piscina Antigua

Piscina Antigua. Ruta por Turquía

Quizá lo peor del Pamukkale es que resulta un tanto «parque temático» y está montado de tal forma para sacar el dinero a los guiris… Cosas criticables: que para acceder a la Piscina Antigua te daban una ficha que sólo podía usarse una vez. Tuve que «discutir» con el de seguridad para que me dejara darme otro baño, puesto que no estaba dispuesta a pagar otra vez… La comida que servían allí, cara y de baja calidad.  Al atardecer es un momento perfecto para descender por el Pamukkale y disfrutar de un plácido baño.

Baño en Pamukkale

Baño en Pamukkale

La horda de turistas ya se ha marchado, con lo cual es el momento ideal de relajarse y captar unas instantáneas de uno de los atardeceres más bellos y especiales en un entorno único…

Atardece en Pamukkale

Atardece en Pamukkale

Una excursión alternativa es ir a la ciudad griega de Afrosidias, relativamente cercana. En el propio hotel ofrecían el traslado. Preferimos ir directamente a Éfeso, más espectacular y mejor conservada.

Ruta por Turquía: la Costa del Egeo.

Día 10: Selçuk.

Sigue la ruta por Turquía. A las 08.00 cogemos el autobús de Pamukkale a Selçuk (con trasbordo en Denizli), un trayecto de cuatro horas que nos llevaría a la costa del Egeo, nuestro último destino del viaje, por 35 liras. Selçuk es un pueblo ideal para el veraneo. Lo elegimos para relajarnos y descansar en la playa después de la pequeña paliza… ¡Y nos encantó! Rodeado de colinas y bosque mediterráneo, es un pueblo pequeño y entrañable, de los que dan ganas de quedarse todo el verano paseando en bici o leyendo un libro a la sombra del acueducto y sus enormes nidos de cigüeñas.

Selçuk

Selçuk. Ruta por Turquía

Esta vez buscamos un hostel recomendado por la Lonely Planet: Tuncay Pension. Lo mejor: lo extraordinariamente amables que es el personal, su situación, muy cerca del castillo, el centro y la estación de tren, el frondoso patio donde sirven un generoso desayuno y el precio: 7 euros la noche. Lo peor: la habitación de 11 camas y escasas cortinas, con lo que se hacía difícil dormir más allá de las 7 de la mañana, y sólo dos baños para compartir.   Esa tarde dimos un paseo por el pueblo, observando los abundantes restos de ruinas romanas, como el Templo de Atemisa.

Ruinas romanas de Seçulk

Ruinas romanas de Seçulk

Día 11: alrededores de Selçuk: Casa de la Virgen y Sirince.

Mientras desayunábamos dudábamos si ir a Éfeso o a la Casa de la Vírgen María. Para el primero hay autobús público pero no para la segunda: hay que coger taxi y es caro. Los del hostel nos preguntaron por los planes y nos animaron a ir con tres huéspedes de Ankara que habían venido en coche. ¡Fue toda una suerte y además hicimos amigos!

La Casa de la Virgen María, donde dicen que se retiró y murió, es hoy una pequeña capilla situada en un bello entorno, una montaña cubierta de bosque. Los fieles la visitan y escriben sus deseos en papeles que atan a su muro.

Casa de la Virgen María

Casa de la Virgen María. Ruta por Turquía

Después nos dirigimos a Sirince, un pueblo griego encantador, con vino de elaboración propia y calles blancas y encaladas, al más puro estilo mediterráneo. Sus tejados rojos y el bosque que lo rodea consiguen una bella estampa. Es un buen lugar para comprar especias, vino y otros productos típicos de Turquía. Además se pueden visitar los restos de la Iglesia de St. John.

Sirince

Sirince

De paseo por Sirince…

Sirince

Sirince

Tras el encantador pueblo de Sirince, volvemos a Selçuk y nos decidimos por una tarde de playa en Pamukak, muy cerquita. Pero antes comimos con nuestros nuevos amigos turcos en un local que nos fascinó: enfrente de las ruinas de la Iglesia de San Juan, en Selçuk, con un jardín enorme y cabañas abiertas de madera donde sentarse en el suelo con cojines. Pero aún nos gustó más la comida: un rico pancake de espinacas y queso y otro de berenjena, agua y dos ayran, por 14 liras (dos personas), ¡irrisorio!

Comida en Selçuk

Comida en Selçuk

Pamukak es una playa poco concurrida, contrariamente a las de Kusadasi, de arena y agua caliente y limpia, a excepción de alguna alga. ¡Por fin una tarde de relax en la playa!

Pamukak

Pamukak, Ruta por Turquía

Para terminar un día estupendo, una cenita en Alaturka, restaurante recomendado por tripadvisor, junto al Museo de Éfeso: un plato de deliciosos mezzes. A estas alturas soy una auténtica fan del ayran, la bebida turca: yogur, agua y sal. También probamos el durum vegetal y estaba impresionante de bueno.

Mezzes

Mezzes

Día 12: Selçuk y Éfeso.

Por la mañana visitamos las ruinas que coronan Selçuk: el castillo y la Iglesia de San Juan. Un bonito paseo entre columnas romanas con vistas sobre el pueblo.

Castillo de Selçuk

Castillo de Selçuk

Ruta por Turquía: Éfeso, si las piedras hablasen…

Esperamos a que bajara un poco el calor y que se marcharan la procesión de turistas que invaden la ciudad y a las 17.30 de la tarde cogemos el autobús con destino a Éfeso o Ephesus, la ciudad romana mejor conservada del Mediterráneo oriental.

Éfeso, de origen heleno, es la época romana en la que alcanza su máximo esplendor, dejando una basta extensión de ruinas actualmente en reconstrucción, cuya visita es, sencillamente, maravillosa.  Otro de los momentos culmen del viaje y sitio imprescindibles en toda ruta por Turquía. El colosal anfiteatro, con capacidad para veinticinco mil espectadores. Construido en tiempos griegos y finalizado por Trajano, uno de los grandes emperadores del S.I.

Anfiteatro

Anfiteatro. Ruta por Turquía

La vía Sacra.

Éfeso, Vía Sacra

Éfeso, Vía Sacra

Las Villas romanas, con sus increíbles mosaicos, de pájaros, plantas y hasta un corazón…

Mosaicos de las villas

Mosaicos de las villas

Y, la joya de la corona: la biblioteca de Celso, cuya fachada sigue en pie. Construida en honor a Tiberio Julio Celso Polemeano (año 135), está orientada hacia el Este, para aprovechar mejor las horas de luz…

Biblioteca de Celso

Biblioteca de Celso. Ruta por Turquía

Éfeso, la que fuera la gran ciudad de Asia Menor, ahora la pueblan sus simpáticos gatos, que asoman con timidez entre las ruinas…

Victoria Nike

Victoria Nike. Ruta por Turquía

Quizás por la noche algún extraño sortilegio haga cobrar vida a las piedras y la ciudad se reconstruya, y paseen de nuevo romanos y romanas de blancas túnicas y cabellos trenzados, como en un sueño, para desvanecerse con las luces del amanecer… Eso me imaginé yo sentada en  sus ruinas, que antaño fueran columnas…

Teatro de Éfeso

Teatro de Éfeso, Ruta por Turquía

Hubiera sido ideal terminar con una vista al Museo de Éfeso, en el mismo centro de Selçuk, para descubrir todos sus tesoros, pero estaba cerrado por reformas. Una excusa perfecta para volver…

Día 13: día de playa en el Millipark.

Es sábado y nuestro último día en Selçuk. Queríamos playa y nos hablaron de un parque natural llamado Millipark. Un poco lejos y con trasbordo pero, ¡mereció la pena! Compramos comida y agua y cogimos el bus a Kusadasi, donde cambiamos al del Millipark. Esto es lo que encontramos: unas playitas de piedra en un entorno salvaje, entre bosque de pinos y agua azul transparente. Se divisa la isla de Samos (Grecia) enfrente.

Milipark

Milipark, Ruta por Turquía

De vuelta…

Día 14: Estambul.

Nos levantamos a las 06.45 de la mañana para coger el tren de las 07.20 de Selçuk a Izmir, con parada en el aeropuerto. Tras un corto vuelo Izmir – Estambul estábamos de vuelta a la ciudad más cosmopolita de Turquía.

Último día para despedirnos de Estambul…

fin-del-viaje

«Sé que mi corazón alguna tarde, recordará estas aguas quietísimas del Mar de Mármara, y éste liviano encantamiento azul del cielo que las sueña…» (José Lupiánez. «El sueño de Estambul»)

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Noche en la ciudad de piedra [relato] | Crónicas de una cosmopolilla@lacosmopolillaManuel PalaciosJoaquín O.C.Mar Vara Autores recientes
Joaquín O.C.
Invitado/a
Joaquín O.C.

Impresionantes los globos… Bueno, y todo 🙂 Tenía planeado un viaje a Estambul para el puente del 1 de mayo y al final lo tuvimos que cambiar por uno a Irlanda del norte (not bad tampoco! jeje). Espero desquitarme pronto 🙂

Saludos!

Manuel Palacios
Invitado/a
Manuel Palacios

Cuantos recuerdos de Santa Sofía… ha sido leerte y sentir una necesidad imperiosa de volver a irme a Turquía, aunque sea unos pocos días jajaja me falta más por ver de lo que yo pensaba! Un abrazo mu fuerteee

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