Comarca de la Maragatería, corazón de León. Hoy paseamos por uno de esos pueblos encantadores congelado en un tiempo remoto. A sólo 7 kilómetros de la ciudad de Astorga, la capital maragata, desde 1975 Castrillo de los Polvazares, con apenas 100 habitantes, pertenece a su municipio. Recorrer sus calles y casas de piedra rojiza, que antaño pertenecieron a labradores y arrieros, nos regala una postal del S.XVII – XVIII, época de esplendor del comercio con el norte de la península. Esta actividad trajo el espledor al pueblo y se construyó la iglesia de Santa María Magdalena, principal templo que ver en Castrillo de los Polvazares. Declarado como Conjunto Histórico-Artístico, ¡merece la pena conocerlo!

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La Maragatería y los maragatos.
Aunque hoy se le llama maragatos a todos los habitantes de esta comarca leonesa, en siglos pretéritos el nombre hacía referencia a la actividad principal de sus habitantes, que eran arrieros o mercaderes. Estos comerciantes llevaban diferentes productos desde los lugares de costa del norte (Galicia y Asturias) al interior de la meseta, especialmente salazones de pescado y marisco. Algunos expertos ven ahí el origen del término, al transportar mercancías «del mar a los gatos» (residentes de Madrid), contrayéndose en «maragato«. Aunque por supuesto, existen otras teorías, esta es sin duda la más curiosa.
El hecho de que la tierra de esta comarca sea árida, con unas cosechas muy pobres, hizo que muchos de sus habitantes se dedicara al comercio, especialmente en poblaciones como Castrillo de los Polvazares o Santiago Millas. Ya el rey Enrique II de Castilla había otorgado la exención del pago del portazgo -el impuesto de la mercancía al entrar a una ciudad- a Astorga en 1367. Aunque los primeros registros escritos de esta actividad como tal aparecen en el 1633: en el registro notarial de Pontedeume en Galicia, se establece que los arrieros de varios pueblos maragatos, entre ellos Castrillo, se comprometen a llevar a Castilla escabeche de ostras.
Los maragatos eran reconocidos en todo el reino por su honradez y el compromiso con su carga, llegando a cobrar el doble que otros comerciantes. Incluso la corona española les confió el traslado del Oro de las Indias desde el puerto a la corte, además de la recaudación de Impuestos. El fin de la arriería llegó a finales del XIX con la expansión del ferrocarril, modo mucho más económico y rápido para el transporte de mercancías. La industralización significó un cambio drástico en el mundo rural, provocando el éxodo del campo a la ciudad y la consiguiente despoblación.

Alojamiento en Castrillo de los Polvazares.
Castrillo de los Polvazares se ubica en medio del camino entre León ciudad y El Bierzo, por lo que bien merece una larga parada o hacer noche en él. Si buscas una experiencia auténtica y saborear con calma la traquilidad de este enclave, te recomiendo reservar en El Rincón Maragato, una casa típica restaurada como hotel rural con mucho encanto, en el centro del pueblo. Otra opción es alojarse en Astorga, a sólo unos minutos en coche, y disfrutar así de la oferta de restauración, bares y buen ambiente de la capital maragata.
Qué ver en Castrillo de los Polvazares
Si llegas a este pueblo en coche, lo mejor es que estaciones en este parking público situado justo antes de la entrada. Sólo hay que cruzar el puente sobre el pequeño río Jerga y tomar la Calle Real. Ahora sí, vamos a perdernos por los rincones más singulares de Castrillo de los Polvazares. Junto con Molinaseca o Peñalba de Santiago, una de las localidades más bonitas de León provincia. Como dato curioso, esta no era la ubicación original de Castrillo: una riada se lo llevó en el S.XVI, por lo que fue reconstruido en el emplazamiento actual.

La calle Real.
Una buena muestra de casas de arquitectura tradicional maragata es el principal atractivo que ver en Castrillo de los Polvazares. Organizadas en torno a la empedrada calle Real, arteria que recorre el pueblo, puede observarse su curiosa arquitectura. Las viviendas arrieras tienen un gran portón o puerta adintelada para permitir la entrada de los carros, con acceso a un espacioso patio interior donde poder estacionarlo y bajar la mercancía. Alrededor del patio se distribuyen el resto de estancias de la casa: las habitaciones, la cuadra para los animales y la bodega. Las casas están rematadas con aleros de madera y teja para salvar así la lluvia, a diferencia de los pueblos del Bierzo donde los tejados son de pizarra y muy inclinados. El invierno es duro aquí, pero no tanto como en las montañas leonesas.

Al pasear por el pueblo la sensación que transmite es que todo el conjunto es armonioso y cuidado. Los detalles de las flores y macetas que decoran algunas fachadas, un gatito tomando el sol y los vehículos de otra época apostados junto a los portones realmente trasladan a otro tiempo: es fácil imaginarse el trasiego de los arrieros por el empedrado, entre burros y gallinas, transportando las viandas de allende los mares.

Iglesia de Santa María Magdalena.
El templo más importante que visitar en Castrillo de los Polvazares. Construida en el S.XVIII en la misma piedra color rojiza, el tañido de sus campanas se mezcla con el sonido de las golondrinas al llegar el buen tiempo. La plaza donde se ubica es angosta, con poco espacio para los turistas que se acercan a contemplarla. Un busto dedicado a Concha Espina, la célebre escritora cántabra, recuerda que esta visitó Castrillo de Polvazares en 1912 en un viaje de documentación para su novela «La esfinge maragata». No fue la única artista interesada en esta tierra: el hispanista británico Richard Ford, viajero del S.XIX, ya había recogido en «Cosas de España, el país de los imprevistos» apuntes sobre las costumbres del pueblo maragato.

Cuándo visitar Castrillo de Polvazares.
Si quieres vivir parte de las tradiciones maragatas, una buena fecha para viajar a este pueblo es el 24 de julio, cuando se celebran las fiestas patronales: el día de la Magdalena. La música tradicional con flautas y tamboril acompañan a la patrona en procesión por las calles del pueblo, donde no faltan las canciones y trajes típicos que caracterizan a esta comarca. Una oportunidad única de conocer de primera mano la vida del pasado en una localidad que ha conservado su esencia. Pura autenticidad maragata.

Dónde comer en Castrillo de los Polvazares.
Sin duda una de las mejores cosas que hacer en Castrillo de los Polvazares es probar la gastronomía típica de la zona. Empezando por el famoso cocido maragato, ¡un guiso realmente contundente! A base de garbanzos de la variedad autóctona «pico de pardal», siete tipos de carne, patatas y berza, con la sopa aparte. ¡Ideal para un frío día de invierno! De tradición arriera son el pulpo, el bacalao y el congrio al ajoarriero, pescados que traían desde los puertos de Galicia. Otros clásicos de la gastronomía de León son la cecina, el botillo, los hojaldres o los chocolates de Astorga. ¿Y dónde comer en Castrillo de los Polvazares? Hay varios restaurantes distribuidos en torno a la Calle Real. El Mesón del Arriero, con un menú tradicional y generosas raciones es muy buena opción. ¡No olvides acompañar tu plato con un D.O. León! Chin chin.
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