Escultura de Livia, obras imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional en Madrid
España Madrid

El Museo Arqueológico Nacional en 5 tesoros con nombre de mujer

Escrito por la
el
3 septiembre, 2020

Hoy encamino mis pasos por la madrileña calle de Serrano en dirección a Colón. Un gran palacio del siglo XIX alberga el más importante de los museos españoles dedicados a la arqueología. No basta una jornada para sumergirse en la increíble colección de hallazgos, la gran mayoría procedentes de la península ibérica, desde la Prehistoria a la Edad Moderna que en sus salas y patios se muestran. Un auténtico paseo por la historia y la cultura desde los años más oscuros del ser humano hasta el siglo de las Luces dibujan un mapa que relata cómo el Arte y el ritual han acompañado ese eterno afán de perdurar más allá de la muerte. En mi visita actual -porque al MAN siempre hay que volver- quiero detenerme en 5 obras imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional, tesoros tras las vitrinas todos ellos con nombre de mujer.

Visita al Museo Arqueológico Nacional, Madrid

Visita al Museo Arqueológico Nacional, Madrid

La Dama de Baza.

22 de julio de 1971. En el Cerro Santuario a las afueras de Baza se realizan unas excavaciones en la necrópolis íbera de la antigua Basti, capital de Bastitania. Así era conocido el vasto territorio del sureste de la península habitado por el pueblo prerromano de los bástulos. Ese caluroso día de verano le regala a Francisco Cepedo un valioso hallazgo: la obra más importante del Arte Íbero. El descubrimiento de una cámara funeraria presidida por una completa escultura de una dama sedente tallada en piedra caliza. La diosa con trono alado más tarde sería datada en el siglo IV a.C.

La Dama de Baza, Museo Arqueológico Nacional

La Dama de Baza, Museo Arqueológico Nacional

El ajuar funerario con armas de metal da pie a una primera teoría: se trata de la tumba de un guerrero íbero a quien se le profesaba devoción. Sin embargo, la prueba de ADN sometida décadas después revelaría que los restos humanos en realidad pertenecieron a una mujer. Una guerrera, reina o hechicera que sin duda ocupó un cargo relevante, como muestran sus joyas y divinización tras el enterramiento. Las facciones de la Dama se definen como mediterráneas: cabello oscuro y ondulado, nariz aguileña y ojos negros y profundos que miran a la inmensidad del tiempo. La Dama de Baza es uno de los mayores tesoros descubiertos en la provincia de Granada, ahora una de las piezas imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional.

La Dama de Elche.

Otra belleza íbera, en este caso un busto, fue encontrada de casualidad por un niño mientras participaba en unas tareas agrícolas en la loma de La Alcudia, Elche, a finales del siglo XIX. Su padre el doctor Manuel Campello -dueño de la finca-, la convirtió en objeto decorativo de su casa, sin que poder evitar que se corriera la voz que había sido hallada “Una reina mora”. Atrajo a la prensa local y a un arqueólogo francés llamado Pierre Paris. Comprada por el Louvre, la Dama de Elche pasó sus primeros años de exhibición pública en la capital francesa, hasta que en 1941 regresó a España.

La Dama de Elche, obras imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional

La Dama de Elche, obras imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional

El exquisito tallado de perfectas facciones en piedra caliza -entre los siglos V y IV a.C.- habla de la mano anónima de un genio. Cincel que no reparó en detalles esculpiendo la tiara, velo, diadema y rodeles que enmarcan el rostro trenzando el cabello. La Dama debió ser muy rica y hermosa. Posiblemente sus cenizas reposaran en la urna funeraria de la oquedad de la espalda hasta que se integraron con la tierra de los campos de Elche.

El Mosaico de Medusa.

Finales del siglo II d.C. Seguimos a la vera del Mediterráneo, esta vez en Tárraco. Los romanos ya se han instalado definitivamente en la península, imponiendo su cultura e idioma a los pueblos celtíberos. No pueden faltar los mitos grecorromanos, siendo Perseo y Andrómeda protagonistas de los mosaicos del pavimento que se estilaban entonces en las villas de los patricios. La cabeza de la malvada Medusa decora la domus de una zona residencial cercana al puerto de Tarraco. Una exquisita obra en mármol, piedra calcárea, pasta de vidrio y cerámica sigillata que hoy forma parte de las salas del arte romano en Hispania, imprescindibles en el Museo Arqueológico Nacional.

Mosaico de Medusa, Museo Arqueológico Nacional

Mosaico de Medusa, Museo Arqueológico Nacional

La emperatriz Livia, Paestum.

Año 1860, Paestum. El Marqués de Salamanca financia una excavación en una de las urbes grecorromanas más importantes de la Campania, al sur de Nápoles. En la conocida como ciudad de Poseidón en la Magna Grecia sorprenden unos templos clásicos cuya perfección sólo encuentra competencia con el mismo Partenón. Exquisitas lápidas pintadas, que hoy se muestran en el museo anexo al conjunto arqueológico. Y una estatua sedente de Livia Drusila, tercera esposa del emperador Augusto. Olvidada por su hijo, fue su nieto Claudio quien la divinizó en el año 41, ordenando que se representara con los atributos de la diosa Fortuna o Abundancia. Su bisnieto Calígula contribuyó a la leyenda como una de las mujeres más poderosas de Roma, haciendo además cumplir su testamento. La belleza de esta escultura clásica del siglo I atestigua el respeto y pleitesía que le rindieron sus descendientes, orgullosos de su estirpe.

Livia, Paestum

Livia, Paestum

El Tesoro de Mondújar.

Viajamos en el tiempo a los últimos años del Reino Nazarí de Granada. En el palacio rojo, La Alhambra, el sultán Muley Hacén convierte a su favorita -una esclava cristiana llamada Isabel de Solís- en Soraya, su esposa. Como regalo de bodas, un palacio en el valle de la Alegría: el castillo de Mondújar. Las traiciones e intrigas familiares, guerras y asedios que culminaron con la victoria de los Reyes Católicos y el exilio de Boabdil, el último rey de Granada, dejó en el abandono el viejo castillo, totalmente derruido y devorado por la maleza en el cerro sobre la Alquería de Mondújar. A finales del siglo XIX, unas excavaciones en los cimientos del castillo sacaron a la luz varias joyas de estilo árabe: un collar en finas láminas de oro con dos pasadores y tres colgantes; varias pulseras y otras alhajas que se supone debió lucir Soraya, la cautiva de la Alhambra.

Collar de oro, Tesoro Nazarí de Mondújar

Collar de oro, Tesoro Nazarí de Mondújar

Piezas que hoy se exponen en una sala bajo el nombre del Tesoro Nazarí de Mondújar. No son de las más populares del Museo Arqueológico; sin embargo, por su significado sí están entre mis favoritas, legado del fin de una época que dotó de esplendor al sur de España. Su brillo aún permanece, reflejado en los estanques y fuentes de la Alhambra de Granada.

Brazaletes del Tesoro de Mondújar, imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional

Brazaletes del Tesoro de Mondújar, Museo Arqueológico Nacional

Más información sobre las obras imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional en la Web oficial: man.es.

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