Asia China

Un parque temático llamado Badaling

Escrito por la
el
27 octubre, 2015

La «larga muralla». Maravilla del mundo. La mayor obra de ingeniería del Imperio Chino. Eterna e infinita como la letra «Li» que la dibuja.  ¿Quién no quiere caminar sobre sus muros? Para mí era uno de los momentos más esperados del Transmongoliano. Contemplar esa serpiente de piedra perderse entre la maleza y la montaña, defendiéndose de las amenazas nómadas que acechaban al norte. Desde el S.II a. C., época de la dinastía Qing, cuenta la leyenda que trabajaron en ella cientos de miles de presos políticos, usándose los huesos de los que fallecían como relleno de la muralla, entre las toneladas de tierra apisonada… Pero nunca pensé acabar en Badaling. 

La Gran Muralla China desde Badaling

Cómo ir por mi cuenta a la Gran Muralla China.

Con esta imagen en mi cabeza me propongo ir por mi cuenta, recién aterrizada en una caótica Pekín. En teoría es fácil, el autobús público nº 919 parte de la antigua puerta de Déshèngmén, 500 metros al este de la parada de metro Jishuitán. Nuestro objetivo es visitar el tramo de Juyongguan, 50 km al noroeste de Beiging, el más cercano a la capital, de ruinas románticas y tranquilas, huyendo así del saturado y típico Badaling.

Sabed que la Muralla China no es un único trozo continuo, si no varios de diferentes épocas, alternados con defensas naturales montañosas. Otro tramo que me habían recomendado es Mùtiányù, con impresionantes atalayas de la dinastía Ming, situado a 90 km de Pekín. Este último lo descartamos por distancia y la necesidad de coger dos autobuses. En taxi ni nos lo planteamos por precio.

puerta de Déshèngmén

Puerta de Déshèngmén

Encontrar la puerta de Déshèngmén es sencillo. Una vez allí, comienza «el baile». Hay más de veinte autobuses estacionados en doble fila. Un par de ellos con el número 919, pero no nos permiten subir. Ni la palabra Juyongguan escrita en chino ni «The Great Wall» da resultado. Los conductores nos mandan a la calle de enfrente, donde taxistas hacen aspavientos para que nos subamos a ellos. No, no queremos taxi por 500 yuanes (70 euros). Queremos coger el autobús que cuesta 5. Después de preguntar cien veces, marearnos, mandarnos de un autobús a otro… Un guía se apiada y nos da un papel en inglés, indicando que el número del autobús se ha cambiado al 819. Pero no, no hay manera de ir a Juyongguan. Sólo se puede ir a Badaling, el gran parque temático. Resignación y para dentro…

Visita a la Gran Muralla China, tramo de Badaling.

Una hora después estamos en Badaling. La Muralla se eleva sobre las onduladas colinas entre un bosque espeso, de tono verde oscuro. Me bajo del autobús junto con los cincuenta turistas más que vienen de excursión, todos chinos. Me pongo a contar la cantidad de autobuses estacionados en el parking: abrumadora. El acceso a la Muralla es una sucesión de puestos de comida rápida, souvenirs, carpas para disfrazarse cual emperador y emperatriz. Un yak blanco y un camello peludito me miran con ojos tristes, atados a la espera de ser fotografiados a cambio de 100 yuanes.

Camello bajo la Gran Muralla

Pero lo peor es el «Parque de Osos», un recinto de hormigón minúsculo en el que una docena de osos de pelaje oscuro se exhiben cual monos de feria. Uno sube un palo una y otra vez. La pena se convierte en indignación cuando aparece un grupo de ruidosos turistas gritando y riéndose con gran escándalo. Se muestran entusiasmados ante los exóticos especímenes. Aplauden. Les arrojan comida para que hagan cabriolas y se alcen sobre sus patas traseras, y así  poder inmortalizarse con su palo-selfie.

Parque de Osos

Ya he visto suficiente. Quiero alcanzar de una vez la muralla. Menudo lío, no conseguimos ver la entrada. Pregunto. Me mandan hacia arriba, y de arriba a abajo, dibujando un círculo entre puestos y las tiendas. De nuevo me siento idiota, mareada. La única manera, me indican, es a través del «slide car» que cuesta 200 yenes. No puede ser, quiero subir andando. No es posible, me dicen. Al timo-coche pues: un carro de plástico que se desliza por unos raíles monte arriba, con luces flourescentes de discoteca. Creo que ésto no pertenece a la dinastía Quing…

El «slide car»

Por fin camino sobre la Muralla. Relájate. Olvida los miles de turistas que se agolpan, te empujan, se fotografían en todos los ángulos y todas las posturas posibles. La mejor opción: andar y alejarse. Cuanto más arriba, menos gente…

Badaling, la Muralla China

Cada paraguas es un persona…

Badaling

Badaling

Tras caminar más de una hora logramos estar casi solos. Ahora sí la puedo disfrutar, recrearme en el increíble panorama que me rodea, un paisaje de fábula. Ocultarme en sus torreones y galerías. Pensar en lo que sentirían los pobres guardias cuando divisaran al ejército de Gengis Kan, proveniente de Mongolia.

Badaling, la Muralla China

Una cosmopolilla en Badaling

Badaling, la Muralla China

Un poco de paz sobre la muralla

Aún así, ardua es la tarea de imaginación teniendo de fondo una molesta megafonía que no calla, con voz de mujer monótona y continua, por todos los altavoces del recinto. Confieso que tras dos horas allí podía ser realmente desquiciante…

A primera hora de la tarde de vuelta a la loca Pekín en el 819. Llueve. Pasamos junto a Juyongguan. El tramo que queríamos ver se pierde en el horizonte con sus muros decadentes, sin tiendas ruidosas ni explotación de animales. O al menos eso me parece desde mi cristal salpicado de gotas. Y así se desvanece esa otra Muralla que soñé, mucho más solitaria y auténtica.

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23 Comentarios
  1. Responder

    Viajar code: Verónica

    27 octubre, 2015

    Bufff vaya cirio para llegar y encima no poder ir a la zona que quieres no? :S
    Esuna lástima tener quelidiar con eso cuando uno lo que quiere es disfrutar de semejante maravilla…
    lo de los osos es terrible…pobres animales!
    Graciaspor contarnos como te fue :S

    un saludo

    • Responder

      @lacosmopolilla

      27 octubre, 2015

      Muchas gracias, Verónica. Sí que fue un poco circo, además yo tenía muy claro que NO quería ir a Badaling, por la saturación de turistas, y al final acabamos allí 🙁 Pero bueno, ir para verlo y contarlo, desde luego de todas las experiencias se aprende… Y espero que sirva para los que quieran ir a la Muralla China se decanten por otros tramos u otras opciones. Lo de los osos fue muy penoso, daban mucha lástima… Estoy haciendo un vídeo sobre Badaling, espero poder subirlo pronto para poner imagen y sonido a esta crónica viajera.
      Un saludo

  2. Responder

    FlaviaAroundTheWorld

    27 octubre, 2015

    Muchas veces es difícil evitar esos parques temáticos, pero «es mejor ver algo una vez a que te lo cuenten mil veces». Tu ya has visto la Gran Muralla. Ahí es ná jiji Incluso en estos lugares se encuentran rinconcitos donde encontrar lo que buscas 🙂

    Un beso,

    Flavia

    • Responder

      @lacosmopolilla

      27 octubre, 2015

      Je je je, tienes mucha razón. Con este post no quiero decir que no se vaya a la Gran Muralla, es algo que hay que ver en la vida sí o sí. Pero mejor evitar Badaling 🙂
      Además, como cuento en el post, una vez que te alejabas del meollo ganaba el asunto.
      ¡Un besazo, Flavia!

  3. Responder

    Alba Luna

    27 octubre, 2015

    ¡Qué tristeza, de verdad! ¿Qué estamos haciendo con el turismo? Me sentí igual, igual en Machu Picchu, una pena los teatros que montan para que el turista se sienta a gusto. Me da rabia e impotencia. Ante estos casos, ¿qué crees que es mejor; visitar una maravilla del mundo mega turística o dejarla de lado? ¡Menudo dilema!

    ¡Un besazo desde Ecuador!

    • Responder

      @lacosmopolilla

      27 octubre, 2015

      Ay, Alba, ¡qué me dices de Machu Piccu! Es otro de mis mitos viajeros, de hecho lo tengo en mente como próximo destino… Y si va a ser igual, me temo me decepcionaré. Aunque sólo por el entorno de los Andes y llegar hasta allí supongo que merecerá la pena…
      Disfruta mucho de Ecuador 🙂
      ¡Un besazo enorme!

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