Rusia, seis tópicos no (tan) ciertos

Rusia me ha sorprendido para bien. La quincena que he pasado peregrinando por sus estepas y ciudades a bordo del Transiberiano, me han mostrado un país soberbio y afable, superando con creces las expectativas. Paisajes de naturaleza silvestre e indómita. Majestuosos monumentos. Metrópolis pulcras y ordenadas. Y, en general, poco turismo. Una calma para visitar lugares que casi no podía recordar…

¿Será porque para entrar no nos lo ponen nada fácil? (Ver preparativos del viaje)

¿Que los europeos nos sentimos mucho más cómodos viajando en el entorno, sin visados ni pasaporte, chapurreando un poco de inglés y leyendo en nuestro alfabeto?

cartel ruso

¿Qué diablos pondrá ahí?

Sea por la razón que sea, quiero comenzar la serie de capítulos sobre el viaje a Rusia con esta pequeña entrada desenfadada, desmontando varios de los tópicos no (tan) ciertos, basados en mi experiencia.

1. En Rusia siempre hace frío.

«¿Qué te vas a Rusia? ¡Lleva abrigo que allí hace mucho frío!» Tranquila, madre. Sí, en invierno las temperaturas suelen ser glaciares, llegando a marcar 20 y 30 grados negativos. Sin embargo, cosas del clima continental, disfrutan de un verano bastante cálido, superando en ocasiones los 30 grados en agosto. En San Petersburgo tuvimos unos agradables 18 grados para pasear. En Moscú o Kazán, 25 grados al sol luciendo manga corta.

Kazán

Saltando en la orilla del Volga, en Kazán. Eso sí, ¡el agua estaba congelada!

2. Rusia es muy cara.

«¿Y es tan cara como dicen?» Hoy me lo han preguntado dos veces. «¿Cara, comparado con qué?» Con muchos países de Asia, efectivamente, es cara. Con España y la zona euro, no. Vamos con ejemplos. Autobús del aeropuerto de San Petersburgo a la ciudad: 30 rublos (0,40 euros). La entrada a la Iglesia de la Sangre Derramada, 300 rublos (3,95 euros). Comer en un buen restaurante junto al Hermitage, tres platos con dos cervezas y postre 2.000 RB (26 euros). Moscú me resultó algo más costoso, pero sin rebasar el precio «Madrid». Siberia, mucho menos.

Restaurante San Petersburgo

Restaurante Yat, típica sopa schsi

3. Los rusos son unos antipáticos.

Afirmado por varias personas de confianza. Así pues, iba preparada para lo peor… Recién aterrizada en San Petersburgo, buscando el hostel, persona desconocida se te acerca amablemente: «Can I help you?» Esto se repetiría en Moscú, en la estación de tren, comprando comida en el mercado de Irkutsk… La primera noche en el Transiberiano, nuestros compañeros de vagón eran dos chicos rusos que no pararon de bromear e invitarnos a beber. Ciertamente muchos no hablan inglés. Más que bruscos o «bordes», yo diría que son un poco serios. En general he sido muy bien tratada y me han ayudado siempre que lo he necesitado. ¡Al menos ésta ha sido mi experiencia!

Lenin

No está enfadado, es que es de carácter reflexivo

4. Los rusos son unos borrachos que sólo beben vodka.

Las cifras de consumo de alcohol continúan siendo muy elevadas. De hecho, las estadísticas señalan a los rusos como «los mayores bebedores del planeta». Afortunadamente, parece que se va moderando. El vodka, la bebida nacional, ha descendido su consumo, empezando a verse como algo un poco «viejuno». Esto me explicaron mis nuevos amigos en el vagón mientras se ventilaban una botella de coñac… Ahora es frecuente ver a los jóvenes saboreando nuestra bebida preferida, la cerveza, un vino, o abriéndose a otras opciones como la sidra.

Sidrería, San Petersburgo

La sidrería, San Petersburgo

5. Rusia es un país comunista y pobre.

La visión que aún tienen muchos de Rusia es la de un país que fue directo al desastre tras la caída de la URSS. ¡Señores, han pasado más de veinte años! Sus ciudades me han sorprendido por limpias, eficientes y modernas. Extensos parques y grandes avenidas. Iluminados boulevares repletos de comercios y cafeterías. El metro y los trenes, además de ser baratos funcionan con puntualidad inglesa (aquí llamémosla rusa).

Ministerio de Agricultura, Kazán

Ministerio de Agricultura, Kazán

6. Rusia vive bajo la opresión de Putin.

Claro que Putin tiene sus detractores y críticos (con poca voz y voto, me temo). Pero una gran parte de la población también lo apoya. Fue elegido en las últimas elecciones por el 63% de los votantes (no sin cierta polémica, que lo acusaban de fraude electoral). El caso es que su club de fans se hace omnipresente en las tiendas, donde se pueden adquirir tazas, camisetas y todo tipos de objetos de merchandising con la foto del presidente cual estrella del rock. ¿Os imagináis aquí en España lo mismo pero con Rajoy? Me da que no…

Matrioska

Matrioskas con cara de políticos

Ésta tan sólo es la visión de una turistilla española pisando Rusia por primera vez en unas vacaciones. Con esto no quiero decir que sea la panacea, un país perfecto. Ya sé que la realidad tendrá mil matices, mil realidades diferentes… Obviamente existen cosas muy criticables desde un punto de vista objetivo, como respecto a los derechos y libertades del colectivo gay…

En mi caso, creo que me ha servido para enterrar algunos mitos. Y es que, no es tan fiero el león como lo pintan.

En próximas entregas, San Petersburgo, Moscú, Kazán y, por supuesto, ¡la experiencia Transiberiano!

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cosmopolillaNicolasJonás Estrada AguileraDavidErik (Europalowcost) Autores recientes
Nicolas
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Nicolas

¡Coincido totalmente! ¡Estamos en Rusia pasando fenomenal!

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