El gran Buda de Beijing

“Un árbol enorme crece de un tierno retoño. Un camino de mil millas comienza con un sólo paso.” Lao - Tse.

Más de mil millas son las que he recorrido hasta llegar a los pies de Maytreya, el gran Buda de Beijing. Un camino que comenzó casi tres semanas atrás en San Petersburgo, al oeste de Rusia, y me ha trasladado a bordo del Transmongoliano por las planicies de Asia a la capital de China, a otro planeta llamado Pekín.

La parada de metro Yonghégong – Lama Temple en el mapa del metro de Beijing no deja lugar a dudas de dónde se ubica el templo budista más famoso y de mayor envergadura que existe fuera del Tíbet. Apenas me sitúo en la superficie me topo con el gran muro rojizo que protege al recinto sagrado de miradas inquisidoras. Hay que bordearlo hasta alcanzar la entrada, por una avenida concurrida de comercios con talismanes, incienso o pequeñas imitaciones de las estatuas de Buda, como breve anticipación de la visita.

Yonghégong, Pekín

Yonghégong, Pekín

El Templo de los Lamas, hogar del gran buda de Beijing.

El acceso cuesta 25 yuanes (al cambio 2,5 euros) y, como en todos los recintos oficiales, hay que pasar un absurdo control de seguridad, en el que el encargado del escáner parece más interesado en su teléfono móvil que en la pantalla que desnuda mi mochila. Tras cogerla, cruzo esa puerta hacia lo místico. Me adentro en el jardín cuadrado de setos y árboles esbeltos que se despliega como preludio del gran Templo de los Lamas. Construido en 1744 como residencia del emperador Yong Zheng, hoy es un lugar de culto muy activo, que recibe multitud de peregrinos dispuestos a mostrar su devoción ante las deidades tántricas.

Templo de los Lamas, el gran buda de Beijing

Templo de los Lamas, el gran buda de Beijing

La escultura de un león con la bola del mundo bajo su pata, símbolo del emperador, vigila a los forasteros. Sobre los tejados dorados, dragones en fila india lo cuidan del fuego. La nube de incienso de los palitos de sándalo que queman los fieles satura el aire del patio central. Cuenta la leyenda que fue el «humo purpúreo que viene del este» el que precedió la llegada de Lao – Tse por el paso Hangu, donde escribió el libro clásico de la virtud del Tao. Así, en la tradición china púrpura es el color de lo celestial. Púrpura el interior del sándalo, el árbol sagrado.

León, símbolo del emperador. El gran buda de Beijing

León, símbolo del emperador. El gran buda de Beijing

Precisamente fue la madera de un sólo árbol de sándalo de casi veinte metros de altura sobre la que se talló la figura de Maytreya, el Buda del futuro, que guarda el interior del pabellón de Wànesfú. Ataviado en dorado satín, es necesario alzar la vista y torcerse el cuello para observar su gigante y sereno rostro. Los frescos y detalles decorativos que ornamentan techo y paredes enmarcan este conjunto en una belleza divina, que corta la respiración.

El gran Buda de Beijing

El gran Buda de Beijing, Templo de los Lamas

Según la placa colocada a la entrada del pabellón, esta estatua de Buda ostenta el título de la más grande del mundo por el libro Guinness de los récords. Esto no deja de sorprenderme y me genera ciertas dudas, ya que en días anteriores pude contemplar en Ulán – Bator, la capital de Mongolia, la efigie de 26 metros del Buda que se halla en el corazón del monasterio de Gandantegchinlin. La cual, por cierto, está prohibido fotografiar.

El Buda más grande del mundo, según el libro Guinness de los Records

El Buda más grande del mundo, según el libro Guinness de los Records

Continúo el recorrido por el inmenso recinto entre devotos orantes inclinados en el suelo. En la sala de la Rueda de la Ley, bajo la luz de una claraboya, brilla la estatua de bronce de un sonriente Tsong Khapa, fundador de la orden de los Sombreros Amarillos. Una magnífica flor de loto rota lentamente reflejando la faz del Buda de la longevidad en el pabellón de Yánsuí. No menos interesante es la sala de Jiètái Lóu, que alberga una colección de estatuas budistas tibetanas de la época de la dinastía Qing: los ojillos del sanguinario Mahakala, la indolente Tara Verde o la Tara Blanca parecen perseguirme desde todos los ángulos de la sala. En Bächán Lóu una exposición de cetros tibetanos, mandalas y túnicas ceremoniales me acercan a esta religión que me resulta tan lejana como fascinante.

Jiètái Lóu, el gran buda de Beijing

Jiètái Lóu, el gran buda de Beijing

Y entre inciensos, Budas y susurros de plegarias he gastado la mitad de la mañana en una de las visitas más recomendables y que, junto con el Templo del Cielo, mejor sabor de boca me ha dejado en mi agridulce estancia en Beijing.

Templo de los Lamas, el gran buda de Beijing

Templo de los Lamas, el gran buda de Beijing

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cosmopolillaPilar ( No me cabe en la maleta)BoCristinaVíctor Sánchez (DinkyViajeros) Autores recientes
Pilar ( No me cabe en la maleta)
Invitado/a
Pilar ( No me cabe en la maleta)

Que bonita la redacción, me ha encantado. A mi el Templo de los Lamas también fue el que más me gustó de Pekín, y toda la zona que lo bordea, con los hutongs y el Templo Confucio es preciosa. Me alegro que te quitara el mal sabor de boca. Lo… Leer más »

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