Almería, refugios de la Guerra Civil

Refugios de la Guerra Civil: Almería bajo tierra

Almería, 1937. Martín está comprando en el mercado de abastos. Gloria poniendo la mesa, con el guiso en el fuego. Los niños jugando a soldados y trincheras en el patio. Suena una sirena y el tiempo se congela. Se detiene la vida sólo un instante. Porque hay que echar a correr. Distan cinco o diez minutos hasta la segunda sirena: la que anuncia que ya están aquí. Preludio del estruendo de los aviones surcando el cielo, escupiendo fuego y muerte. Pero, con un poco de suerte, habrán logrado alcanzar la escalera, la que baja hasta el subsuelo de Almería, a los refugios de la Guerra Civil.

Acceso refugios Guerra Civil

Acceso a los refugios de la Guerra Civil

«Cuando sonaban las sirenas teníamos que salir corriendo, aunque estuviéramos trabajando… Luego allí abajo qué asfixia, muchas veces a oscuras… Pero con aquellos cañonazos, ¿quién salía? ¿A dónde íbamos a ir?» Historia de Gloria.

Almería durante la Guerra Civil.

Ancianos que entonces eran niños aún tiemblan con el recuerdo de una de las épocas más terribles de nuestra historia. Tres años infames que se escribieron con tinta de dolor y sangre. Una herida que aún escuece. Al este de la península la pequeña Almería fue una de las que más sufrió la Guerra Civil Española. Fiel a la República hasta el final, soportó el asedio por mar y aire de más de cincuenta bombardeos que la dejaron tan hecha trizas como las ilusiones que hacían ondear la tricolor.

Fuente: http://www.culturandalucia.com/GCE/Guerra_Civil_en_Almer%C3%ADa.htm

Bombardeos en Almería. Fuente: culturandalucia.com

Almería bajo tierra: visita a los refugios de la Guerra Civil.

La luz radiante de una mañana de verano se desvanece cuando desciendo por esta escalera túnel del tiempo, que me conduce bajo la plaza de Manuel Pérez García a los refugios de la Guerra Civil. Han pasado ochenta años y ya no están Martín ni Gloria. Ni esos niños asustados que las madres en vano intentaban hacer callar. El silencio es el dueño hoy de estas galerías que recorren el centro de Almería paralelas al paseo en dirección al mar, como una espina dorsal a nueve metros bajo tierra.

Almería, refugios Guerra Civil

Almería, refugios Guerra Civil

Camino por el pasadizo intentando ponerme en la piel de mis antepasados andaluces, imaginando cuán terrible sería la vida marcada al ritmo de la sirena. La espera, la incertidumbre… Entre estos muros de hormigón aún frescos, donde un pequeño dibuja lo que tiene en su cabeza, en lo que no puede dejar de pensar: el pájaro de metal.

Un avión en la pared

Un avión en la pared

Hasta que sonara dos veces la llamada «la sirena de la tranquilidad». Entonces era el momento de volver a la superficie y enfrentarse al espectáculo de la destrucción y la tristeza. Como la de aquella aciaga mañana del 31 de mayo de 1937, en la que las bombas alemanas del Acorazado Deutschland sin previo aviso se saldaron 40 muertos, 150 heridos y 200 edificios destruidos, dejando una Almería presa de la desolación.

Galería principal, Almería, refugios Guerra Civil

Galería principal, Almería, refugios Guerra Civil

Encogida, intento retener las cifras y datos importantes: las obras de los refugios bajo el subsuelo de Almería comenzaron en octubre de 1936 a cargo de Guillermo Langle, el arquitecto municipal. Obreros y voluntarios colaboraron con pico y pala, cavando sin descanso estas galerías destinadas a cobijar a 35 mil personas en un total de 4,5 km de longitud. Se detuvieron a escasos 300 metros del mar, donde ya no pudieron avanzar más debido a la humedad y el salitre, que en este último tramo se adhiere al muro corrompiendo las paredes.

Refugios de la Guerra Civil

Refugios de la Guerra Civil

Hoy, modernos fluorescentes arrojan una luz tenue. Antaño eran bombillas sujetas a un techo de madera, que muchas veces estaban apagadas: cuando las sirenas sonaban de noche los refugios tenían que permanecer a oscuras. Una norma necesaria para la supervivencia: no se podía exponer al enemigo ninguna de las 67 bocas de acceso usando la luz. Las otras dos normas eran: prohibido bajar portando armas y no hablar de política ni religión.

Refugio Guera Civil Almería

Refugios de la Guerra Civil Almería

Cada pocos metros hay que doblar un recodo, el del doble muro destinado a frenar la onda expansiva de las bombas. En los laterales rejas negras indican las salidas o entradas, distribuidas con estrategia desde el mercado central, plazas e iglesias. Muchas casas particulares disponían de refugios privados desde los que se podía acceder al principal, indicándolo a sus vecinos con el cartel «Refugio» en la fachada y un lazo negro para los que no supieran leer.

Refugio privado Langle

Refugio privado de Langle

Mientras la gente de Almería intentaba hacer su vida con el miedo entre los huesos la guerra avanzaba sin piedad. Cayó Málaga y miles de personas huyeron hacia el este en camionetas, a burro o a pie, a los que se unieron en el éxodo granadinos y jienenses. Su objetivo: refugiarse en Almería,  baluarte de la República. Muchos fueron ametrallados por el camino (la Desbandá), muriendo o llegando malheridos. En los refugios se colocaron camillas y un quirófano de urgencia. La suerte de los refugiados fue atroz: acampados en el paseo, fueron bombardeos por el otro socio de Franco, Mussolini.

Quirófano de emergencia

Quirófano de emergencia

Almería aguantó estoicamente hasta marzo de 1939, siendo la última ciudad andaluza que se rindió a los militares sublevados. Con la Dictadura los refugios quedaron sellados, ubicando en sus bocas quioscos de prensa, música y flores, pintados de rojo y blanco. Hoy casi un kilómetro de galerías se abren al público como un museo de la Memoria Histórica de Almería y de España, para que no olvidemos aquello que nunca debió de suceder.

Quiosco de prensa sobre una antigua boca a los refugios

Quiosco de prensa sobre una antigua boca a los refugios

  • Precio de la visita guiada a los refugios de la Guerra Civil: 3€. 
  • Horarios y reserva en la web oficial: museo de los refugios de la GC.

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cosmopolillaMaria JoseRachel WebbMargalliveraurelio cuervi Autores recientes
Maria Jose
Invitado/a

¡Madre mía! Qué dura debió ser la Guerra Civil y qué duro debió ser tener que estar esperando la sirena para esconderte en el refugio. ¡Y 35.000 personas en un muy pocos metros! Una vez más el ser humano demuestra que debe «adaptarse o morir» según las circunstancias. Menos mal… Leer más »