La Habana, bailando al son de Cuba

El Capitolio, qué ver en La Habana

"El acto de mirar La Habana siempre se debate entre el reconocimiento y la pérdida; los valores y el deterioro; el diseño de academia y el underground de la supervivencia cotidiana. Enfrentarse a este acto de revisión es participar del diálogo interno de confrontación entre el pasado y el futuro de esta maravillosa ciudad. Contrapunteo entre el amor y la desidia." La Guarida, La Habana.

Vistas de la Ciudad Vieja, qué ver en La Habana

Vistas de la Ciudad Vieja, qué ver en La Habana

He atravesado un túnel del tiempo. Un sello color rosa estampado en mi pasaporte y una sonrisa de «Bienvenida a Cuba» me han abierto la puerta a una de esas ciudades míticas, únicas en el mundo, con personalidad tan arrebatadora y fascinante que sé que me va a calar hasta los huesos nada más pisarla. No voy a resistirme; intuyo cuándo tengo la batalla perdida. Gafas de sol para mitigar esta luz radiante que cae directa del cielo. Soltarme el cabello para que ondee libre bajo la brisa marina del Caribe paseando en un Chevrolet descapotable de los años 50. O tal vez, en un divertido Cocotaxi… La Habana, Vieja Linda, cuántas veces soñé con conocerte y bailar a tu son en Cuba.

Cocotaxi, La Habana

Cocotaxi, La Habana

Si en México lindo cantaba «Yo te quiero con limón y sal» al tiempo de tragar sin respirar un chupito de tequila, en La Habana pega eso de «Azúuuuucar…» Dulce es el ron que se extrae de la caña. Dulce el acento con esa melosa cadencia al hablar. Dulce hasta el aire nocturno al caer la oscuridad en el Malecón. Y, sin embargo, agridulce es la sensación que deja al paladar el recorrer la Vieja Linda admirando la contradictoria belleza de lo decadente. Al contemplar muchos edificios gloriosos desconchados y a punto del desplome. A la petición, casi en susurro, de «¿Tienes medicinas, jabón?» Ay, bizarra paradoja ¿se puede amar un lugar con sus luces y sombras?

Calles de La Habana

Calles de La Habana

Sin embargo, parece que La Habana ha emprendido la lucha contra el declive en el que ha permanecido sumida las últimas décadas. Al paisaje urbano se han unido grúas por doquier. «A Cuba hay que venir ya, cuanto antes. Está cambiando muy rápido«, me dijo una conocida que lleva viniendo a La Habana por motivos de trabajo desde hace veinte años. «Ya no es lo que era. Acaban de abrir un centro comercial. Ahora se puede hablar con la gente, el aperturismo se nota cada vez más…» Y así lo percibo en el Malecón, al atardecer, donde entablo más de una conversación con cubanos con ganas de cháchara, de saber de Madrid, de España, de cuánto ganamos, de cómo se vive al otro lado del Atlántico…

Músicos en el Malecón, qué ver en La Habana

Músicos en el Malecón, qué ver en La Habana

Qué ver en La Habana, el palpitante corazón de Cuba.

«La Habana es pa vivirla, La Habana es pa gozarla…» Locos por mi Habana. 

Callejón de Hamel, qué ver en La Habana

Callejón de Hamel, qué ver en La Habana

Callejeando La Habana Vieja.

Basílica de San Francisco de Asís. Mi paseo comienza frente a la terminal de ferris, en esta plaza concurrida de taxis de colores pasteles. Al ofrecimiento niego con la cabeza; quiero callejear todo el casco antiguo, caminando sin prisa. Mi primera parada: la plaza Vieja, cuadrada y amplia y, como su nombre indica, de paredes cargadas de historia desde que se pusiera la primera piedra en 1559. Hoy sus soportales son un derroche de arte y música, aunque no siempre fue así. Testigo de ejecuciones, actos militares, mercados al aire libre y hasta como improvisada plaza de toros. Tampoco plaza Vieja es su primer apelativo, antes fue plaza Nueva, plaza Mayor, plaza de Fernando VII o parque Julián Grimau, entre otros.

Plaza Vieja, qué ver en La Habana

Plaza Vieja, qué ver en La Habana

Tomo la calle Mercaderes, siguiendo el trazado de ciudad colonial en estas primeras travesías que se construyeron en La Habana, a la que los conquistadores llamarían «la llave del Nuevo Mundo». Saludo al Libertador, el señor Bolivar, y arribo a la plaza de Armas. Concurrida y soleada, las palomas juegan con el agua de la fuente y los árboles elevan al cielo sus troncos elegantes. Libreros que prometen ediciones exclusivas, gente conversando, ambiente distendido… La plaza de Armas rezuma vida. Y a la vez, calma.

Plaza de Armas, qué ver en La Habana

Plaza de Armas, qué ver en La Habana

No es difícil trasladarse 500 años atrás en el tiempo. La plaza de Armas está franqueada por monumentales edificios como el palacio de los Capitanes Generales. De estructura barroca, su primera función fue la de residencia de los 65 Capitanes Generales enviados por España para gobernar Cuba. Más tarde, palacio de la República y hoy, museo de la ciudad. Un Colón de piedra sigue dominando el atrio central, dando la bienvenida a los visitantes.

Palacio de los Capitanes Generales, qué ver en La Habana

Palacio de los Capitanes Generales, qué ver en La Habana

La calle Obispo se abre paso con sus tiendas de cachivaches y artesanías, puestos de churros, mimos y músicos ambulantes poniendo banda sonora a esta mañana de sol picante. Frente a la mercería se mantiene intacta la fachada color salmón del Hotel Ambos Mundos, el favorito de Hemingway. Corrían los años 30 y las paredes de la habitación 511 conocieron el final de «Muerte en la tarde» y el comienzo de «Las verdes colinas de África» y «Tener y no tener». Mucha prosa, teniendo en cuenta que para Ernest La Habana era pura fiesta.

Calle Obispo, La Habana

Calle Obispo, La Habana

«La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre». Ernest Hemingway

Hotel Ambos Mundos, La Habana

Hotel Ambos Mundos, qué ver en La Habana

La calle Obispo, al igual que la paralela Obrapía, es para recorrerla de arriba a abajo y viceversa, atendiendo a los mil y un detalles de cómo trascurre la vida en La Habana Vieja: los comercios tradicionales, los «arreglatodo», las sonrisas… Y contagiarse, como hizo Hemingway, de su alegría. Quizá sea bueno seguir sus pasos hasta otro de sus lugares legendarios: la Bodeguita de Enmedio, restaurante por donde también pasaron y dejaron su huella Salvador Allende o Pablo Neruda.

Café París, La Habana

Mimo ante el café París, La Habana

A un paso localizo la catedral de La Habana, el corazón histórico de la ciudad Vieja. El interior de sus muros barrocos custodiaban las cenizas de Cristóbal Colón hasta el fin de la colonia. Con los tambores de la revolución resonando por las avenidas los restos del almirante se embarcaron en un «viaje de vuelta», a la catedral de Sevilla. La amplia plaza castellana es una joya arquitectónica, con palacios de la nobleza colonial como la mansión del Marqués de Arcos o el Marqués de Aguas Claras, destinadas a museos en la actualidad.

Catedral de La Habana

Catedral de La Habana

Las gaviotas se posan en las nobles barandas; en la plaza de la Catedral se puede sentir el mar ya que estamos muy cerca. A tan sólo unos metros el corazón de la Vieja Habana era protegido por una recia fortaleza: el castillo de la Real Fuerza, una de las fortificaciones españolas más importantes de todo el Caribe. Y es que La Habana estaba destinada a recibir y almacenar las riquezas del Nuevo Mundo antes de embarcarse a Europa, por lo que fue codiciada y atacada por corsarios a la vez que defendida a sangre y fuego.

Castillo de la Real Fuerza, La Habana

Castillo de la Real Fuerza, qué ver en La Habana

Los ecos de la Revolución en La Habana.

La Revolución se instala en La Habana y hace del elegante Palacio Presidencial de comienzos del S.XX, cuyos interiores fueron decorados por Tiffany´s, un monumento a la memoria cubana más reciente y recital propagandístico del gobierno: el museo de la Revolución.  Ante su fachada posa el tanque SAU-100, usado por Fidel Castro para la invasión de Bahía Cochinos en 1961.

Museo de la Revolución, qué ver en La Habana

Museo de la Revolución, qué ver en La Habana

Tanque de Bahía Cochinos, museo de la Revolución

Tanque de Bahía Cochinos, museo de la Revolución

La entrada de 8 CUC da acceso a empaparse de lleno en el mundo revolucionario. Su espíritu flota por las suntuosas escaleras de mármol de carrara bajo una impresionante cúpula, revestida de cerámica vidriada. Conforme recorro salas y pasillos me encuentro con los rostros de Martí, El Ché y Fidel, que observan a los visitantes desde las paredes en forma de bustos, fotografías, e incluso una escultura a tamaño real. Esta es su obra. Y aquí se muestra con una exhibición de trajes militares, recortes de periódico o armamento. En el patio exterior se hacen tangibles las marcas de balazos producidas en el enfrentamiento del 13 de marzo de 1957.

Cúpula del palacio, museo de la Revolución, La Habana

Cúpula del palacio, museo de la Revolución, La Habana

«Si avanzo, seguidme.
Si me detengo, empujadme.
Si retrocedo, matadme».

Ernesto Guevara, ‘El Che’.

Museo de la Revolución, qué ver en la Habana

Museo de la Revolución, qué ver en la Habana

No puedo evitar que me despierte una sonrisa el «Rincón de los cretinos», con las caricaturas de Batista, Ronald Reagan y los Bush. Me pregunto cuánto tardará Trump en entrar a formar parte de esta pared de «ilustres»… Por último, anexo al museo se conserva el memorial Granma, con la embarcación en la que arribaron Fidel, El Ché y el resto de revolucionarios provenientes de México.

Rincón de los cretinos, museo de la Revolución

Rincón de los cretinos, museo de la Revolución

El largo paseo de Martí desemboca ante El Capitolio, emblema de La Habana que hoy lo encuentro cubierto de andamios. Inspirado en el neoclasicismo de El Panteón de París o El Capitolio de los EEUU, tras el triunfo de la Revolución y la disolución del Congreso se transformó en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba. Tras su restauración promete volver a ser lo que era, la sede del Parlamento cubano.

El Capitolio, qué ver en La Habana

El Capitolio, qué ver en La Habana

Un taxi es necesario para llegar a la inmensa plaza de la Revolución, que con sus 72 mil metros cuadrados es una de las más grandes de mundo y otro icono de La Habana castrista. Desde el cristal observo el barrio el Vedado, donde se sitúan las Embajadas y antiguas casas señoriales. Me apeo en la plaza. La pirámide Memorial a José Martí es el edificio más alto de la ciudad, con 112,75 metros de altura. En él, 79 pensamientos grabados en oro. Pero para ver el más fotografiado me giro 180 grados: el Ministerio del Interior donde la eterna imagen del Che Guevara en relieve escultórico permanece impasible ante los descapotables de color chillón que circulan por la avenida.

Plaza de la Revolución, La Habana

Plaza de la Revolución, La Habana

«Hasta la victoria siempre. Patria o Muerte».

Memorial José Martí

Memorial José Martí

Otro taxi para cruzar el Canal de Entrada por un túnel submarino y obtener las mejores panorámicas de La Habana. La antigua fortaleza de San Carlos fue usada como la Cabaña de El Ché, donde instaló su comandancia.

Entrada a la Fortaleza de San Carlos, La Habana

Entrada a la Fortaleza de San Carlos, La Habana

«Seamos la pesadilla de quienes pretenden arrebatarnos los sueños».

Ernesto Guevara, «El Ché».

Vistas de La Habana desde la fortaleza de San Carlos

Vistas de La Habana desde la fortaleza de San Carlos

La Habana afrocubana: el callejón de Hamel.

«Hola, ¿cómo están? ¿De dónde son? ¡Pasen a mi casa!» La Habana es un ente vivo, de gente dicharachera. El perderse por sus callejuelas y hablar con sus habitantes es un esencial para entender el eclecticismo de la cultura cubana. Catolicismo, misticismo y creencias africanas se entremezclan para crear algo nuevo y a la vez viejo, conectado con lo ancestral de lo chamánico. Muñecos, frases pintadas en la pared, velas… Lo desconocido asusta y más si va ligado con la palabra «santería». Algo que despierta mi curiosidad y eso nos lleva al callejón de Hamel, un centro dedicado a la cultura afrocubana en el barrio de Cayo Hueso.

Calles de La Habana

Calles de La Habana

La energía se desprende a raudales en esta abarrotada calleja, donde a ritmo de percusión un joven danza»poseído» por Orisha. Pequeños rituales, murales, frases pintadas en la pared con consejos y oraciones, un bar de precio astronómico y mucho turismo. Hamel se ha popularizado hasta el punto de que todos o casi todos los que pasan por La Habana se acercan a ver qué se cuece.

A diez minutos caminando por calles de fachadas derruidas, evitando los socavones, cambiamos de escenario por completo en uno de los lugares más elegantes de La Habana, aunque su vestíbulo sea el de un palacio decadente: el Paladar La Guarida. La escalinata de mármol da acceso al piso superior a uno de los restaurantes más famosos de La Habana, donde se rodó la película «Fresa y chocolate» y frecuentado por famosos como Madonna.

Paladar de Fresa y chocolate, qué ver en La Habana

Paladar de «Fresa y chocolate», qué ver en La Habana.

«Vivimos en una de las ciudades más hermosas del mundo. Todavía estás a tiempo de ver algunas cosas antes de que se derrumbe».
Fresa y chocolate, 1993.

De compras por La Habana: mercado de artesanía de San José.

De vuelta al borde del mar para perderme por uno de esos lugares al que se sabe cuándo se entra pero no cuándo se sale: el mercado de artesanía de San José es inmenso. Con cientos de puestos de pinturas, camisetas, bolsos, collares, pulseras… Los pesos cubanos vuelan transformados en regalos para amigos y familia. La verdad es que al cambio son una ganga.

Mercado de San José, qué ver en La Habana

Mercado de San José, qué ver en La Habana

El Malecón: La Habana al atardecer.

Ocho kilómetros de paseo bordeando el centro de La Habana con vistas al castillo de San Salvador de la Punta y la fortaleza de San Carlos. El Malecón es lugar de reunión de turistas y cubanos al atardecer para pescar, charlar, intercambiar risas y anécdotas o un poco de música a cambio de unos pesos, aunque no sean canciones de la tierra. Esas también triunfan, bien lo sabe Orestes cuando interpreta a Sabina. Aquí se vive y se siente La Habana cada tarde, cuando parece que el reloj funciona más despacio e incluso se detiene.

Atardecer en el Malecón, La Habana

Atardecer en el Malecón, La Habana

Noche en La Habana.

El «paraíso bajo las estrellas» dicen que se encuentra en el barrio del Marianao, en el Cabaret Tropicana. Un night club construido en 1939 en un jardín tropical donde cada noche una función de cientos de bailarines recrean el son cubano. Lo cierto que es un espectáculo típico pero básicamente para turistas; por su precio desorbitado es un lujo que pocos cubanos se pueden permitir. ¿Para tomar unas copas? Varias recomendaciones apuntaron a La Fábrica, un espacio cultural que fusiona música y arte pero del que yo no pude disfrutar por hallarse en reforma justo cuando visité La Habana.

Cabaret Tropicana, La Habana

Cabaret Tropicana, La Habana. Fuente: Shutterstock

Adiós a mi breve pero intenso idilio con La Habana bonita. Sí, creo que me enamoré de ti como un fogonazo casi adolescente, Pero lo nuestro duró, como cantaba Orestes en el Malecón, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks

¡No viajes a Cuba sin seguro! Yo recomiendo Intermundial. Si lo compras a través de mi web tienes un 20% de descuento usando el código LACOSMOPOLILLA10. Puedes comprarlo pinchando aquí:


14
Deja un comentario

avatar
8 Comentarios
6 Respuestas
0 Seguidores
 
Comentario con más reacciones
Comentario más polémico
9 Autores
cosmopolillaVisitar CubaEstefanía de Surcar el MundoMaribel (Milyunviajesporelmundo.com)Lilián Viajera Autores recientes
Estefanía de Surcar el Mundo
Invitado/a

¡Qué ganas de estar en Cuba! Casualmente dentro de poco realizaré el mismo itinerario. Espero sentir y presenciar lo que describes en este estupendo post. Gracias por escribirlo, un abrazo. Estefanía

Visitar Cuba
Invitado/a

Gran post. Muy bien explicado y muy útil para organizar un viaje a Cuba. Gracias por hacerlo con tanto detalle y por divulgar nuestro bello país

¡No olvides contratar tu seguro de viaje!