Cuadro de la princesa de Éboli

Memorias de una princesa

El aire frío del norte se cuela por las rendijas y recorre las galerías, escalinatas, salas y salones haciendo temblar el fuego de la cocina, amenazando con extinguirse. Arriba, en la Torre de Levante, se estremece doña Ana, la princesa de Éboli. Ella quisiera también ser viento, estar hecha de esa materia invisible que le permitiera volar a su antojo más allá de esta reja, de este palacio de silencio cárcel de muerte, donde se apagan sus horas.

La princesa de Éboli en el palacio ducal de Pastrana

La princesa de Éboli en el palacio ducal de Pastrana

Tras las huellas de Ana de Mendoza, la princesa de Éboli.

Fascinante y enigmática, un halo de misterio envuelve la figura de doña Ana de Mendoza, la princesa de Éboli. Una Grande de España a quien Felipe II castigó cruelmente privándola de libertad en el Palacio de Pastrana, acusada de graves intrigas políticas e incluso un asesinato. Una mujer hermosa y poderosa, cuyo carisma ha inspirado leyendas, libros y películas, recreando su convulsa historia. Una historia que aún se puede palpar en los lugares en los que vivió, por donde caminó con sus vestidos y tocados, y su inconfundible parche en el ojo.

Habitación - celda de la princesa de Éboli en el palacio de Pastrana

Habitación – celda de la princesa de Éboli en el palacio de Pastrana

Cifuentes, lugar de nacimiento de Ana de Mendoza. 

Hagamos un viaje en el tiempo. Convirtámonos en ese viento sabio, que se mueve sin entender de siglos ni fronteras… Empezamos en Cifuentes, La Alcarria. Estas tierras castellanas teñidas de cobre en un incipiente verano vieron nacer a Ana de Mendoza el 29 de junio de 1540. ¿Dónde? En un castillo que hoy no se conserva, ocupando parte de lo que es hoy la plaza Mayor.

Cifuentes, Guadalajara

Cifuentes, Guadalajara

Nada más nacer ya era duquesa de Francavilla, condesa de Aliano, marquesa de Algecilla y princesa de Mélito. Aunque los títulos de duquesa de Pastrana y princesa de Éboli los conseguiría después, ya casada con Ruy Gómez de Silva, un noble portugués mucho mayor que ella, valido del rey Felipe II, con quien fue desposada a la edad de doce años. Por cierto, la ciudad de Éboli se ubica en el reino de Nápoles, aunque nunca la llegó a pisar: Ana no salió de Castilla.

Juventud en Simancas y la corte de Madrid.

Nuestra búsqueda de esa joven Ana nos lleva un poco más al norte: a la fortaleza de Simancas, Valladolid. Durante los primeros años de matrimonio su esposo se encontraba lejos, en Inglaterra, ya que eran tiempos de alianza entre los Austrias y los Tudor, hasta que el rey regresó a España e instaló la corte en Madrid. Embarazos y vida familiar sin incidentes caracterizaron una vida estable y apacible, donde intimó con la tercera esposa de Felipe II, Isabel de Valois. A excepción de su enemistad con la casa de Alba, rivales en pretensiones de favores del monarca.

Palacio Real de Madrid

Palacio Real de Madrid, donde antes se hallaba el Alcázar de los Austrias

Fue con la muerte de su marido, Ruy, cuando la princesa de Éboli cobra protagonismo dentro del gran teatro de la nobleza española. Aún era joven, 33 años, y su reciente pérdida le hizo coquetear con la vida espiritual provocando las iras de Teresa de Jesús, con quien tuvo más que palabras, al revolucionar el convento de las hermanas carmelitas descalzas de Pastrana, donde se internó sin despojarse de sus lujos cotidianos: «La princesa monja, la casa doy por deshecha». 

La princesa de Éboli

La princesa de Éboli. monja

Doña Ana de Mendoza en la Corte madrileña.

El fin de su corta carreta como monja termina de vuelta a la Corte de Madrid, esta vez como viuda administradora de su señorío, pero aún joven y bella. Corren ríos de tinta sobre rumores de amantes y conspiraciones palaciegas: ¿tuvo un breve romance con Felipe II? No se estima por cierto. Lo que sí parece más fundamentado fue su estrecha amistad con Antonio Pérez, secretario del rey. Amores que al parecer fueron descubiertos por Juan de Escobedo, el secretario de don Juan de Austria, hermanastro del rey, quien mantenía contacto con los rebeldes de Flandes. Denuncias cruzadas, sospechas de conspiración sobre el trono de Portugal… Lo cierto es que el 31 de marzo 1578 Juan de Escobedo apareció muerto a estocadas. La opinión pública condenó al secretario y por extensión a la princesa de Éboli.

Reclusión de la princesa en el Palacio de Pastrana.

Sin juicio ni veredicto, y un año después de la muerte de Escobedo, Ana fue encerrada por orden del rey en el torreón de Pinto. De ahí a la fortaleza de Santorcaz para, poco más tarde, ser privada de la tutela de sus hijos y la administración de sus bienes confinada en el Palacio Ducal de Pastrana junto a la menor de sus hijas, Ana de Silva.

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Palacio Ducal de Pastrana con la reja en la habitación de la princesa de Éboli

La visión de este palacio renacentista del S.XVI, proyectado por Alonso de Covarrubias y que nunca fue finalizado, es de una monumentalidad asombrosa. Palacio sobrio, de estilo italiano con una fachada austera, sin ornamentos, al cruzar el umbral se accede al atrio central por donde se paseaba la princesa al principio de su cautiverio. Aún parece que su presencia flota en todas partes. Subiendo la escalinata cruzamos salones y aposentos, de un magnífico techo de madera tallado. Los zócalos de azulejos toledanos de estilo mudéjar adornan las paredes.

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Techo del salón del Palacio Ducal de Pastrana

Estancias del Palacio Ducal

Estancias del Palacio Ducal

A pesar de los ruegos y cartas de la princesa, Felipe II nunca accedió a sus súplicas. Al contrario, fue limitando su espacio cada vez más, como si su resentimiento con el paso de los años se incrementara en lugar de mitigarse. Cuando escapó Antonio de prisión, refugiándose en el reino de Aragón, con furia el monarca lo pagó con Ana, recluyéndola en sus aposentos y tapiando el balcón con una reja y una celosía por donde casi no penetraba la luz. Se dice que se le permitía asomarse al exterior una hora al día, por lo que hoy la explanada donde está el palacio se conoce como la plaza de la Hora.

Reja de la habitación de la princesa de Éboli

Reja de la habitación de la princesa de Éboli

«Nos ponen en cárcel oscura que nos falta el aire y el aliento para poder vivir. Escribid a mis hijos, que suplique a su majestad el doctor Vallés, que sabe de estos aposentos y que ha estado en ellos, declare que no se puede vivir en ellos estando como están con rejas, cuanto más ahora hechos cárcel de muerte, oscuros y tristes». Carta de Ana de Mendoza. 

Reducida a la oscuridad y perdida la esperanza, la gran fortaleza de carácter y espíritu de Ana acabó por rendirse. La princesa de Éboli cerró su ojo durante el frío invierno, el 2 de febrero de 1592, en su aposento convertido en celda del Palacio Ducal de Pastrana.

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cosmopolillaCris - Un planeta por viajarVeronicaCristinaDiana Autores recientes
Veronica
Invitado/a

Preciso relato. Menuda historia, mujer de armas tomar con un final muy injusto.
Gracias por tu escrito

Cris - Un planeta por viajar
Invitado/a

Tiene narices que siendo de Guadalajara no conozca Cifuentes ni Pastrana, aunque la historia de la princesa de Éboli sí ¿eh?
Si es que muchas veces nos vamos a la otra punta del mundo y nos olvidamos de lo que tenemos al lado de casa
¡Un saludo!