Jemaa el-Fna, el teatro al aire libre de Marrakech

Terraza del café La Place, primera fila. Un balcón de lujo bajo el que se desarrolla la función de cada día, que hoy tengo el placer de contemplar como espectadora, mientras saboreo un dulce té a la menta. Abajo, en Jemaa el-Fna, la gente se mueve cual abejas, en un incesante barullo. Música que invita al baile, voces en múltiples idiomas, risas, son la banda sonora de esta obra mutante y multicolor. Los últimos rayos de sol de la tarde envuelven el horizonte de dorado rojizo. De rosa pálido los puntiagudos picos del Atlas, rebosantes de nieve.

Atlas desde Marrakech

Atlas desde Marrakech

De repente, todo calla. Se hace el silencio en la plaza Jemaa el-Fna, el palpitante corazón de Marrakech. Desde la Kutubía, ese minarete que recuerda a la Giralda, comienza la llamada a la oración. El resto de mezquitas de la ciudad le responden, creando un eco hipnótico y extraño. En estos minutos parece que el tiempo se ha detenido, que la frenética urbe contiene la respiración. Recuerdo las palabras de un amigo que sabiamente me corrigió, «el Corán no se canta, se recita». Se acaba y el ritmo de la plaza se reanuda. El humo de los puestos de comida comienzan a elevarse: la cena está servida.

Jemaa el-Fna

Jemaa el-Fna

Pasen y vean… Jemaa el-Fna, el teatro más grande del mundo.

Hora de dejar mi platea con vistas e integrarme en la marea, como una hormiga más. Hay decenas de puestos, todos apetecibles. Deambulo entre ellos siendo reclamada insistentemente por los camareros. Chiringos de caracoles. Pescados, mariscos, carnes y verduras. Carretillas móviles repletas de dulces de pistacho, almendra, miel y dátil. Difícil elección. Todo es nuevo, todo es excitante. Picamos un poco de allí y otro de allá, ávidos de novedad en nuestros paladares. Como ha refrescado me decido por una harira de primero, seguida por un tajine. Agua, pan, salsas especiadas para mojar. Cuenta final: 20 dírhams por cabeza (2 euros).

Cena en Jemaa el-Fna

La plaza se va tornando desierta conforme avanza la noche. Abajo el telón. Pero sólo por unas horas…   El sol se eleva y regresan los actores de la función diurna, al igual que nosotros, los turistas, aunque sólo sea de paso. Hemos dejado el hotel junto al zoco para seguir explorando la ciudad, tras un desayuno a base de té, pan, miel y mantequilla, que sirve para endulzar el mal trago de la noche anterior, en la que nos trasladaron a una casa con baño compartido (y marroquí). La explicación, que a pesar de haberlo reservado con antelación, el riad ya estaba completo. «No pasa nada amigo». Esas cosas que sólo suceden en Marruecos y que es mejor tomárselas con buen humor…

viajar-a-marrakech-plaza-jemaa-el-fna

Jemaa el-Fna, Marrakech

Por el día Jemaa el-Fna se ha transformado en escenario de encantadores de serpientes, trileros y magos, comediantes y pintoras del henna, vendedores de zumos naturales y hasta de dientes. Todo está en venta a cambio de un puñado de dírhams, «precio democrático». Observo con pena un monito disfrazado de Papá Noel que hace cabriolas, mientras unos rubios europeos lo fotografían. Lo siento, pero no puedo evitar que me disguste. Así como las negras cobras que oscilan su sinuoso cuerpo bajo la influencia de una melodía. Advertencia: si pasas muy cerca intentarán colocarla en tu hombro… He leído que tienen la boca cosida, les han extraído el veneno y otras aberraciones.

dientes

Jemaa el-Fna

Proseguimos y dejamos atrás la plaza. Aunque ciertamente te atrape, Marrakech es más que la animada Jemaa el Fna. Me interno por sus callejuelas…

Medina de Marrakech

Medina de Marrakech

De zocos y laberintos: Medina de Marrakech.

Callejones por donde vuelan equilibristas en motos cargadas de gallos (vivos), a la vez que las bicis, los burros y los carros. Aquí el miedo a ser atropellado es sólo una de tantas anécdotas. Olor a fritanga. Gatos sociables y pedigüeños. La Medina intramuros es un laberinto inmenso en el que por mucho que intento orientarme, acabo perdida una y otra vez…

Medina de Marrakech

Medina de Marrakech

 

Medina de Marrakech

Medina de Marrakech,

Pero, sobre todo, tiendas y más tiendas. Cientos de lámparas emulando las Mil y una noches. O quizá alguna que al frotarla aparezca un genio mágico. Platos multicolores que brillan a la luz del sol. Pirámides de especias. Pañuelos, chilabas y baratijas. Sandalias y bolsos de cuero. Ungüentos para todos los remedios, que te ofrecen a grito de «viagra, viagra»… Aquí, además de monedas contantes y sonantes hay que traer la bolsa repleta de paciencia: bienvenido al noble arte del regatear.

Zoco de Marrakech

Zoco de Marrakech

Reminiscencias de Al-Andalus en la Madraza.

Consigo encontrar la escuela coránica. Diez dirhams dan acceso a este tesoro tallado con manos que parecen las hermanas de la Alhambra aunque con mucho más recato. No sólo las cenefas y columnas de mármol. También las paredes cubiertas de azulejos azules y verdes, con siluetas abstractas imitando a la madre naturaleza recuerdan al Palacio Nazarí. Del patio principal parten las plantas de celdas austeras, donde, hasta hace poco, estudiaban los pupilos aplicados.

La Madraza

La Madraza

 

En la Madraza

En la Madraza

Las curtidurías de Marrakech.

Siendo mucho más famosas las de Fez, no quiero perderme el curioso lugar donde trabajan el cuero. Para visitarlo, hay que soltar otros diez dirhams al señor que vigila la entrada. Este, además de hacer de guía en correcto español tiene la gentileza de regalarme un ramo de hojas de menta para el recorrido, cosa que agradezco de sobremanera dado el insoportable hedor que las fotogénicas piscinas de colores desprenden.

Las curtidurías

Las curtidurías

Recuerdos de un sultán entre tumbas y palacios.

Una parada para almorzar en una agradable terraza de las que abundan por el centro, esta vez un cous cous. Eso sí, a precio español. En el otro extremo de la ciudad esperan más atracciones turísticas que visitar en Marrakech. Las murallas de la Medina esconden al Palacio El Badi, las ruinas de una excelsa mansión que el sultán Ahmed al-Mansur construyera en el S.XVI. Los moradores que habitan hoy sus muros y beben de sus estanques son las cigüeñas, en su retiro invernal en el norte de África.

Palacio Bahia

Palacio el Badi

Palacio Bahia

Palacio El Badi

Muy próximas al palacio, las tumbas saadíes son otra reliquia del pasado imperial de la ciudad, donde reposan los restos del mismo sultán al-Mansur y su descendencia.

Tumbas saadíes

Tumbas saadíes

Va llegando la tarde y, con los pies agotados, parece que la terraza de La Place nos atrae de nuevo. La hora del té es hoy nuestra llamada a la oración, al mágico ritual de admirar el atardecer sobre «el teatro más grande del mundo». Y no nos resistimos…

Té a la menta

Té a la menta en Jemaa el-Fna

Mañana nos espera madrugar y un día duro, lleno de emociones: rumbo al este, a las dunas anaranjadas del desierto de Merzouga. Mientras lo visualizamos con la imaginación, el azucarillo se disuelve en ese líquido dorado que sabe a vacaciones recién comenzadas, a confín, a sur. A ilusión.

22
Deja un comentario

avatar
12 Comentarios
10 Respuestas
0 Seguidores
 
Comentario con más reacciones
Comentario más polémico
10 Autores
cosmopolillaMundoXDescubrirSon de vida en Marrakech [Vídeo] | Crónicas de una cosmopolilla@lacosmopolillaDe arena y nieve al sur de Marruecos | Crónicas de una cosmopolilla Autores recientes
trackback

[…] Pero, como todo relato, empecemos por el principio. Una tarde de sol en la animada plaza Jemaa el-Fna de Marrakech. En la terraza del café La Place nos juntamos ocho amigos dispuestos a emprender un recorrido por el sur de Marruecos, que como colofón nos llevaría hasta Merzouga, el… Leer más »

trackback

[…] Crónica sobre Marrakech: Jemmaa el-Fna, el teatro al aire libre de Marrakech. […]

MundoXDescubrir
Invitado/a

Hola Cosmopolilla!!! Cuantos recuerdos 🙂 desde la plaza Jemaa el Fna hasta las Tumbas Saadies. Es que la ciudad de Marrakech no deja indiferente a nadie. Nosotros cuando llegamos a la ciudad por un momento nos sentimos como si estuviéramos en un documental de tantos que habíamos visto antes del… Leer más »

¡No olvides contratar tu seguro de viaje!