Un safari paleolitico en Atapuerca

Tarpán

Se despierta un soleado domingo de otoño en los campos de Castilla, Burgos. Las montañas de la sierra de la Demanda sobresalen de la altiplanicie recortando el horizonte, tal y como diviso desde mi mirador privilegiado Al pie del árbol.

Vistas desde Al pie del árbol

Vistas desde Al pie del árbol

No, no es que hoy haya dormido en medio del bosque. Es el nombre del idílico complejo rural que me ha acogido durante un fin de semana, invitada por Turismo de Burgos. Un refugio de relax y paz en plena naturaleza en el valle de Juarros.

Foto de Miguel Ángel Muñoz (Como en casa en cualquier lugar)

Casa rural Al pie del Árbol. Foto de Miguel Ángel Muñoz  (Como en casa en cualquier lugar)

Con un desayuno digno de reyes, todo el grupo cogemos fuerzas para lo que el día nos depara: un safari paleolítico entre animales de otra época. Sí, los uros y bisontes primigenios vuelven a pacer en las praderas de Atapuerca, gracias al trabajo de Paleolítico Vivo.

Desayuno en la casa rural Al pie del árbol

Desayuno en la casa rural Al pie del árbol

En unos minutos llegamos a Salguero de Juarros, un primoroso pueblo de casas color arcilla con alegres flores en sus ventanas. Apenas nueve kilómetros distan de los populares yacimientos de Atapuerca, donde vivió nuestro más remoto antepasado en las entrañas de la tierra, la Cueva Mayor.

Salguero de Juarros

Salguero de Juarros

El 4 x 4 nos recoge puntual con una simpática guía al volante. Arriba de un salto. Cámaras al viento. Ya estamos listos para adentrarnos en el parque del Pleistoceno, en busca de los animales vivos más antiguos de Europa. Nuestro objetivo está ansioso por capturar a los auténticos descendientes de los que habitaban estos lares hace diez mil años, conviviendo con el hombre de Atapuerca.

4x4 Paleolítico Vivo

¡Todo listo para el safari paleolítico!

Por un sendero tortuoso nos sumergimos en el robledal centenario, espléndido hoy vestido de otoño, con mil matices del ocre al tostado.

Robledal de Atapuerca

Robledal de Atapuerca

Flor de otoño

Flor de otoño

Tímidamente entre las ramas asoman los tarpanes, los primeros en hacer acto de presencia. Una pequeña manada avanza sobre la alfombra de hojas secas. El antepasado de nuestro caballo doméstico es un ejemplar de pelaje grisáceo y duro, rematado con crines oscuras.

Tarpanes

Tarpanes

A diferencia del «auténtico» tarpán salvaje que vagaba por estepas y bosques, éstos se presentan sociables y juguetones. Y es que desde que se extinguió a mediados del XIX, se ha intentado recuperar a partir de cruces y la cría selectiva. Si bien la similitud física se ha conseguido, no así el carácter indómito e ingobernable.

Foto de Miguel Ángel Muñoz (http://www.comoencasaencualquierlugar.com/)

Foto de Miguel Ángel Muñoz  (Como en casa en cualquier lugar)

El tarpán me mira con ojos inteligentes. Me cuesta dejarlo: si fuera por mí gastaba toda la mañana aquí, con ellos. Pero hay que continuar la ruta. Penetrar hasta el corazón del parque. 

Potro de tarpán

Potro de tarpán

Un poco más adelante nos detenemos en los dominios de otro animal ancestral: el uro. Su cuerpo robusto, afilados cuernos y pelaje negro lo descubren como el tatarabuelo de los bovinos domésticos que hoy pastan los verdes prados de toda Europa.

Uros de Paleolítico Vivo

Uros de Paleolítico Vivo. Ese flequillo me recuerda a las lindas vacas peludas de Escocia.

Los uros no están solos. Tras los troncos se esconden otra raza de caballos prehistóricos, más esquivos: los Przewalski. Con sus crines puntiagudas, son los «punkies» de la prehistoria. 

Prewaski

Prewaski

Última parada. Nos apeamos en un claro del bosque donde habitan los cuatro ejemplares de bisonte que posee Paleolítico Vivo. La guía nos explica que esperan ir incorporando nuevos especímenes, hasta obtener una manada que se asiente en los herbajes de sus antepasados. Que pueda ver la luz una nueva generación de ya bisontes burgaleses.

Bisontes en Paleolítico Vivo

Bisontes en Paleolítico Vivo

Pero la experiencia no acaba en el safari.  El acercarse al paleolítico implica aprender a hacer fuego, tarea nada fácil. Usar armas de caza prehistóricas como el arco, convertirse en un artista y pintar al estilo «Altamira» o tallar el sílex de forma que corte como la hoja más afilada.

Guía del parque enseñándonos a usar el arco

Guía del parque enseñándonos a usar el arco: ¡es más complicado de lo que parece!

 

Pintura paleolítica en Atapuerca

Pintura «al fresco» estilo Altamira.

Para terminar os cuento «un secreto»: el deseo de estos entusiastas de la prehistoria es un sueño de dimensiones épicas. Construir un centro de visitantes para ofrecer una experiencia paleolítica integral. Los que se pregunten cómo era vivir en aquellos tiempos remotos podrán sentirlo en sus propias carnes, conviviendo como auténticos hombres de la prehistoria tan sólo ataviados de pieles y arco. Por supuesto, móviles fuera. ¿Te atreverías?

Recreación de un poblado paleolítico

Recreación de un poblado paleolítico

Así se vive por un día en el Paleolítico. Una inmersión en la Historia cuando ésta ni siquiera existía.

El safari paleolítico se realiza a diario, con dos horas de duración. 
Se puede reservar telefónicamente (947421714). 
Precio: 15€ adultos y 12€ niños. Más información: Paleolítico Vivo.

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Erik (Tierras Insólitas)

Que ganas tengo de visitar Atapuerca!!!! Tengo que prepararme un fin de semana por allí. Un abrazo!!!