Cartagena de Indias, Colombia
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Cartagena es Realismo Mágico

- 23 marzo (2017)

Si Cartagena fuera un color sería amarillo intenso, con motitas blancas y carmesíes. Si Cartagena fuera un olor, sería piña recién cortada, de esas que deshace en el paladar nada más morderla de puro dulzor. Si fuera un sonido, sería una melodía de trompeta de un músico callejero tocando en su muralla al atardecer. Ese baluarte irregular, hecho de mar y de coral de los arrecifes del Caribe. Ay, Cartagena de Indias, quién pudiera ser alcatraz para extender mis alas y volar hasta ti de nuevo, volver a contagiarme de tu alegría, empaparme de magia, sentirme como aquel personaje de García Márquez que creyó morir de amor.

Músico al atardecer, Cartagena de Indias

Músico al atardecer, Cartagena de Indias

 “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.”

Cartagena de Indias según Gabo. 

La noche tropical había sido cálida, apaciguada por el ventilador de mi habitación en el hostel Mamallena, en la calle principal de Getsemaní, el barrio más colorido y bohemio de esta Cartagena allende los mares. Desayunando un poco de café colombiano y un pancake en el patio cubierto de graffitis tracé el mapa que llevaría a mis pies a descubrir despacio la Cartagena de García Márquez, escenario de historias reales e imaginarias que han habitado mis fantasías durante años.

Calles de Cartagena de Indias

Calles de Cartagena de Indias

El sol deslumbra en un cielo azul de verano, sin nubes. Sombrero, crema solar y pantalón corto. Es pisar la calle y me integro en esa amalgama de sonidos que me divierte de Sudamérica, con obstáculos que hay que esquivar. El vendedor de coco. El timbre del carrito de los helados. Una moto. “Playa Blanca, playa Blanca” vocifera un taxista.

Getsemaní, Cartagena de Indias

Atravieso el Parque del Centenario y ya empiezo a sentir la magia: un oso perezoso me observa desde su casa de madera y hojas. “Es una hembra joven”, me dice el cuidador. Curiosa y sociable, se aproxima a mi cámara. Sus padres se echan la siesta en las copas más altas. Pero no son los únicos habitantes de este parque inaugurado en 1911 con motivo de la independencia de España: hay monos, iguanas, y varias especies de aves tropicales.

Perezoso, Parque del Centenario

Perezoso, Parque del Centenario

Me detengo ante la Torre del Reloj, la entrada principal a la Cartagena de Indias amurallada, Patrimonio de la Humanidad. Paso bajo el arco del tiempo: la plaza de los Coches es un escenario de carruajes, trajes de época, puestos de dulces… Y ya no estoy en Cartagena; estoy en Macondo, una ciudad de esplendor decadente que hoy revive. He cruzado la frontera. He abierto el libro; la tinta y el papel se han materializado ante mis ojos como el prodigio de un sueño de verano. Torre del Reloj, Cartagena de Indias

“Me bastó dar un paso atrás dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz de las 6 de la tarde y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”. (Vivir para contarla).

  Atardecer, muralla de Cartagena de Indias

Admiro la amplia plaza de la Aduana, donde antaño se revisaban las mercancías que llegaban al puerto, y me interno por calles de casonas de porte noble y fachadas históricas. Las flores cuelgan de los balcones coloniales en un despliegue de exuberancia y perfume. Desde una de esas ventanas de la calle de las Damas adivino la silueta de una Fermina Daza adolescente, con el corazón en un puño, esperando que su amado la agasaje con las notas de un violín.

Cartagena de Indias

Cartagena de Indias

“Contéstale que sí -le dijo-. Aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le dices que no”. (El amor en los tiempos del cólera)

Es cierto. Me doy cuenta de que aquí en Cartagena cada calle tiene su historia. Por la de San Juan de Dios aún se escuchan los pasos taciturnos del joven Gabo, derecho a la redacción del diario Universal donde escribía con el seudónimo de Séptimus, personaje de Virginia Wolf. La de la Media Luna huele aún a revolución, la de los hijos valientes de La Heróica, siendo testigo de la entrada triunfal de Simón Bolívar en “El General en su Laberinto”.

Simón Bolívar, Cartagena de Indias

Simón Bolívar, Cartagena de Indias

Un vaso de fruta recién cortada por 3.000 pesos ofrecen las palanqueras con sus vistosos vestidos. Un trago de limonada con la que se refrescaba el doctor Urbino. Esmeraldas a precio económico. “¿Española, verdad?” Pulseras, collares, bolsos artesanales. Atrapasueños para que cierres los ojos e invoques ese deseo secreto. Niego con la cabeza. Sólo quiero pasear, disfrutar de perderme. “No importa. Te lo regalo”. Todos tienen una sonrisa, una frase ingeniosa. Incluso los que nada tienen que vender y sólo ven pasar el tiempo en su esquina itinerante de Cartagena de Indias.

Palanquera, Cartagena de Indias, Colombia

Palanquera, Cartagena de Indias, Colombia

 

“Me alquilo para soñar. En realidad, era su único oficio”. (Me alquilo para soñar).

;a plaza con el mismo nombre del libertador, donde fue detenido García Márquez y llevado al calabozo, hoy es una fiesta de bailes y música. Cartagena rezuma alegría por los cuatro costados, de esa que se contagia y es imposible que deje de perseguirte. Incluso aún flanqueándola dos edificios que reflejan las sombras de otras épocas más tristes: el museo del Oro Zenú, que cuenta cómo los indígenas fueron expoliados y esclavizados; y el Palacio de la Inquisición de Cartagena de Indias.

 

“Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda y un aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesia que de los Andes”. (El avión de la bella durmiente).

 

Soñar muy alto. Reír muy fuerte. Vivir cada momento como si fuera el último. #Caribe #GenteRelendo   Una publicación compartida de la cosmopolilla (@lacosmopolilla) el

La luz de esta ciudad no deja de atraparme mientras continúo deambulando por sus travesías concurridas: la calle de la Factoría con sus fachadas y puertas con tiradores de hierro forjado. La plaza de Santo Domingo con estatuas de Botero. Aquí se alza la iglesia más antigua de Cartagena, de 1570, con fachada herreriana renacentista, a imagen y semejanza de las del otro lado del mar. Escenario de intercambio de miradas que preceden al incendio en “El amor en los tiempos del cólera”.

Estatua de Botero, Cartagena de Indias

Estatua de Botero, Cartagena de Indias

En el claustro de Santo Domingo me recibe una sorpresa: una ventana a la selva en las acuarelas de un artista local, César Bertel, amigo de Márquez. Amable, posa en carne y hueso junto a los pocos turistas que en esa mañana de verano queremos sentir la magia de Colombia también a través del arte plástico en su exposición “Madre Tierra”.

Acuarelas de César Bertel

Acuarelas de César Bertel

“En las acuarelas de Bertel yo veo los paisajes de Macondo”. Gabriel García Márquez.

César Bertel, Cartagena de Indias

César Bertel, Cartagena de Indias

Pero hay que seguir la ruta. Siempre en dirección al mar y la muralla que lo contiene. Comercios, turistas, un gato despistado… Me topo con bares de otra época: una taberna soviética y otra cubana.

Bar cubano, Cartagena de Indias

Bar cubano, Cartagena de Indias

“Yo no sé si usted lo hace a conciencia o no, pero sea como sea le está haciendo un mal favor al país por cuenta de los comunistas” (Vivir para contarla)

Ahora sí, giro por la carrera Siete y me convierto en estatua ante los muros color naranja de la que fue la casa del escritor. Hora de confesar: gracias, señor, por descubrirme Macondo. Por hacerme soñar con otros lugares a través de las palabras y, en definitiva, viajar con la mente en mi juventud más temprana.

Macondo, García Márquez en Cartagena de Indias

Paso junto a la Universidad donde estudió (y abandonó la carrera) García Márquez. Por la clásica fachada del teatro de La Heróica. Muy cerca duerme el genio para siempre, en el Claustro de la Merced. Pero su obra, sus personajes, vivirán eternamente en estas calles y plazas de Cartagena de Indias.  

Musa, teatro de Cartagena de Indias

Termino frente al mar, en esa muralla que aguantó el embiste de piratas y corsarios europeos como Drake, el azote del Caribe. Y así se desvanece el sol, entre chillidos de gaviotas y música nómada. Niños que juegan. Parece que en la muralla de Cartagena de Indias el tiempo se detiene a la hora del crepúsculo. Son muchos los que se acercan a despedir el sol y presenciar el espectáculo.

Atardecer en la muralla, Cartagena de Indias

Atardecer en la muralla, Cartagena de Indias

“Aprendí que sólo deberían leerse los libros que nos fuerzan a releerlos” (Vivir para contarla)

Se prenden las luces y vuelvo al punto de partida: a la plaza de los Coches. Bajo esos soportales donde se venden dulces de papaya, de leche, de yuca… Se rompe el hechizo. Justo cuando Fermina Daza se da cuenta de que no, que todo fue una ilusión, y rechaza a Florentino. Con el sabor de los amores contrariados regreso a mi hostal tarareando la canción de trompeta que flotaba en el atardecer, “Strangers in the night”. Mañana saldrá el sol… Y me dejaré de nuevo envolver por la magia de Cartagena.

Cartagena de Indias, anochecer

Ruta de García Márquez por Cartagena de Indias: datos prácticos.

  • La ruta completa de la Cartagena de García Márquez tiene una duración de 3 horas aproximadamente por el centro histórico de la ciudad.
  • El tour oficial lo realiza Tierra Magna.
  • Se puede adquirir una audioguía en el claustro de Santo Domingo, el precio es de 65.000 pesos.
  • También está disponible en aplicación móvil.
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15 COMENTARIOS
  1. Responder

    Viajes por el Mundo

    23 marzo, 2017

    Qué chulo Cartagena, sin duda, amarilla! Yo también me alquilaría para soñar!

    • Responder

      cosmopolilla

      24 marzo, 2017

      Soñar es lo que mejor sabemos hacer 😉

  2. Responder

    jordi (milviatges)

    24 marzo, 2017

    Que buenos recuedos! Lo tengo muy cercano porque la visitamos el año pasado por estas fechas. una ciudad bella y bien cuidada. Sin embargo, no dimos con el perezoso. Siempr nos son esquivos!

    • Responder

      cosmopolilla

      24 marzo, 2017

      Je je el perezoso tiene “truco”: suele estar por la zona de los libreros, yo les pregunté que por dónde lo habían visto y me señalaron el tercer árbol a la derecha 😉

  3. Responder

    Europeos Viajeros

    24 marzo, 2017

    No se exactamente el color que sería, pero muy colorida si que es.

    • Responder

      cosmopolilla

      24 marzo, 2017

      De todos los colores según la hora y el día 😉

  4. Responder

    Carmen

    24 marzo, 2017

    Que bonito Cartagena y que colores! Tengo muchas ganas de conocer Colombia, sobre todo porque mis dos amigas son colombianas y no me canso oirlas hablar de su pais. Ahora después de leer tu post, me han entrado más ganas todavía.
    Preciosas fotos! Un abrazo
    Carmen

    • Responder

      cosmopolilla

      24 marzo, 2017

      No lo dudes, Carmen, tienes que ir a Colombia ¡te encantará! Yo me quedé con ganas de más… Un abrazo y muchas gracias

  5. Responder

    Irene

    24 marzo, 2017

    Si que es mágica! Los colores tanto de día, como al caer la noche son espectaculares. Me alegra leerte tan inspirada, tuvo que ser un viaje super especial. Te imagino por las calles relatando el post y suspirando. Y me he visto a tu lado, comiendo esos trozos de piña que se funden en la boca, viendo los osos perezosos en las copas y paseando en busca del mar! Realismo mágico

    • Responder

      cosmopolilla

      24 marzo, 2017

      Gracias, Irene, fue un viaje muy especial, estar yo solita a mi aire por Cartagena ¡volvería ahora mismo! Y esa perezosa era adorable :) un besazo y gracias por leerme

  6. Responder

    Irene

    24 marzo, 2017

    Ohhhh Patri!! precioso!! tengo millones de ganas de conocer esta ciudad, porque la he visto en millones de fotos y su colorido me atrapó al instante, pero aún más al saber que los pasos de Márquez caminaron por allí y se puede sentir la literatura al pasear por sus calles. Qué curioso que haya osos perezosos. Tengo que confesar que hace tiempo vi tu foto y me lo imaginaba en mitad de la jungla jajaja

    Qué ganas de viajar.

    Un besote,

    Ire

    • Responder

      cosmopolilla

      26 marzo, 2017

      Muchas gracias, Ire. Sí que es una ciudad literaria y maravillosa, a mí me atrapó su magia sin duda y repetiría sin pensármelo. El oso perezoso está en el parque en medio de la ciudad, ¡muy gracioso! Era adorable :) un besazo

  7. Responder

    Cristina

    24 marzo, 2017

    No conozco Colombia pero si he visitado alguna ciudad del Caribe con ese mismo ambiente relajado que trasmite tu relato y esas fotos. En alguna de ellas me ha venido a la cabeza San Juan de Puerto Rico, aunque en esta ciudad que te digo no encontré ninguna escultural mujer cincelada por la mano de Botero. Espero poder conocer pronto esta ciudad, la verdad es que le tengo ganas. Muuuuuuuuuuuac.

    • Responder

      cosmopolilla

      26 marzo, 2017

      Gracias, Cristina. San Juan de Puerto Rico, otra ciudad que me gustaría conocer para seguir con mi ruta de ciudades coloniales. Un abrazo

  8. Responder

    Tierras Insólitas

    27 marzo, 2017

    Qué chulo!!! Ya te dije que tengo ganas de visitar Colombia y con éstos artículos, aún más. Una abrazo!!!!

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